Andrés Caicedo, una estrella que se apagó a los 25 años

Caicedo cuenta con una prosa netamente realista donde retrata a la perfección el submundo de Cali, la agresividad de sus calles y los problemas de los jóvenes de la época, incluso los suyos

Por Daniela Albarrán

Mientras la literatura colombiana cobraba reconocimiento en forma de mariposas amarillas en todo el mundo con Gabriel García Márquez y «Cien Años de Soledad», en Colombia, específicamente en Cali, un realismo para nada «mágico» se manifestaba de la mano de un joven llamado Andrés Caicedo.

Caicedo quizás nació en una época equivocada, tanto para su visión de la vida, como para entrar en ese «boom latinoamericano» del que lamentablemente no formó parte y al que seguramente no hubiese querido pertenecer. Su increíble obra se vio opacada porque al igual que él, no encajaba en el movimiento latinoamericano que tomó fuerza especialmente en Europa y que se regó por el mundo.

Transgresor, caleño hasta la médula, harto de la sociedad y sus máscaras, Caicedo cuenta con una prosa netamente realista donde retrata a la perfección el submundo de Cali, la agresividad de sus calles y los problemas de los jóvenes de la época, incluso los suyos. Su obra es reflexiva y autobiográfica, en «¡Qué viva la música!» –Su única novela completada y publicada- afirmaba que le parecía una «insensatez» vivir más de 25 años.

Como si se tratara de una profecía que estaba dentro de su propia obra, Andrés Caicedo decide quitarse la vida a los 25 años ingiriendo 60 pastillas de secobarbital, justo después de recibir el primer ejemplar de «¡Qué viva la música!» y tras dos intentos previos de suicidio. Al igual que su protagonista, María Del Carmen Huerta, Andrés se hundió bajo el peso de los excesos y no logró salir de allí.

«¡Qué viva la música!» es un fiel retrato de la sociedad colombiana, que le dio voz a los excluidos y a los marginados y sobre todo, les dio un punto de vista netamente humano. Sus personajes no son increíbles, son cotidianos, son los jóvenes caleños arrastrados por los vicios, por la música y las drogas. Caicedo muestra un dominio increíble sobre la música y a través de sus páginas nos lleva de viaje por el mundo del rock n’ roll hasta arrastrarnos al de la salsa.

Andrés nace en Cali en 1951, cinéfilo y lector compulsivo, se encargó de darle un aire cultural a la ciudad aunque no con mucho éxito. Fundó el cine club de Cali junto a sus amigos y se encargaba personalmente de seleccionar las películas que se proyectaban. Su vida se movía dentro del cine, los cuentos, los ensayos y también los guiones. Incluso viajó a Nueva York con la finalidad de vender sus guiones pero no tuvo éxito y regresó a Cali un año después.

Cali, una ciudad extraña y a pesar de todo, una ciudad ramera, una ciudad que espera pero que no le abre la puerta a los desesperados, tal como la define en uno de sus mejores y emblemáticos cuentos: «Infección’. Una ciudad que afirma odiar pero que protagoniza cada uno de sus escritos.

Escritor maldito por naturaleza, la vida de Caicedo se apagó antes de tiempo o quién sabe, vivió demasiado, como se suele afirmar. En su corto paso por este mundo nos dejó una de las más increíbles obras de la literatura colombiana. Caicedo, un anti-Macondo por excelencia, el del cabello rebelde y los lentes grandes, un intelectual atormentado por la angustia y que escribía para que sobrevivir a ella.

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