Escrito por Samarah Ghannam

De todos los días anteriores este era el que más decidida estaba o al menos eso quería aparentar. Desayunó, se vistió y fue a buscar a su compañero, ese que estaría con ella de ahora en adelante y sabía que con el todo iba a ser mucho más sencillo y si no lo era, al menos no iba a estar sola.

Detrás de su casa había una parcela pequeña de unos doscientos metros cuadrados y allí estaba el, esbelto y corpulento, lo mejor que le había regalado su madre en su treinta cumpleaños; ahora tenía treinta y ocho, es decir, Nico tenía ocho años ya; un pastor alemán de alta categoría, su abuelo había sido campeón de Europa en la categoría de salto y su madre fue miss Pastora alemana en un concurso que se hizo hace dos años en su ciudad; venía de buena familia, como se suele decir.

Al ver a Adela llegar por la cerca no pudo contener la emoción. Siempre que la veía saltaba, hacia ruidos raros, daba vueltas y se ponía a correr por los doscientos metros cuadrados como si llevara meses sin verla. Adela siempre decía que en su vida había tenido tales recibimientos y que tampoco creía que los fuera a tener nunca. Se acercó a él, lo acarició, lo besó y todo lo que se le suele hacer a un perro y después se puso a hablar con él:

-Nico tenemos una misión muy importante, bueno más bien dos; primero debemos encontrar al hombre encapuchado y luego ya sabes… Esa persona que siempre te hablo de ella, pues eso, que tenemos que encontrarla también.

Nico se quedaba escuchando y de vez en cuando movía la cabeza hacia los lados como si asintiera. Adela estaba segura que él entendía todo lo que ella le decía.

Se lo llevó dentro de casa, se sentó en el sofá y empezó a pensar cómo haría para dar con el hombre. Cogió un mapa. Pensó que le sería más fácil si fuera indicando por donde pasaba para no volver a hacerlo, marcaba en rojo los lugares claves a los que iría en un principio y posteriormente en azul los lugares menos importantes pero que también iba a explorar. No dejaría ningún rincón de la ciudad sin pisar.

El primer sitio al que iría era un barrio marginado de las afueras de la ciudad al que había ido tan solo una vez y ni siquiera lo pasó andando sino en coche porque era un barrio un tanto peligroso. Para llegar hasta allí se llevó el citroen y cuando llegó lo aparcó a la entrada del barrio para empezar a explorarlo con Nico. Se bajó del coche y nada más poner un pie en el suelo un niño de unos ocho o nueve años apareció corriendo por al lado de ella, le dio un empujón y se fue. Eso había sido señal de que algo le había querido robar y en efecto, no se sabe cómo, rápidamente el muchacho había metido su mano en el bolso de Adela y le había quitado diez euros. Era increíble la soltura que tenían para robar. No se molestó en ir detrás del niño porque sabía que era perder el tiempo.

Cogió a Nico y empezaron a caminar. Era temprano, sobre las 9:20 de la mañana y Adela lo que quería era ver si aparecía por allí alguien al que le pudiese preguntar sobre el hombre. Nada. Las calles estaban vacías. Siguió caminando. De repente vio un señor y corrió hacia el.

-¡Perdone!, ¡perdone!

El señor se giró. Era un hombre de una estatura media, bien vestido pero llevaba zapatillas de deporte, algo raro porque la verdad que no pegaba para nada con el traje que tenía puesto; pensó Adela.

Adela se aproximó hasta llegar a el.

-Perdone, señor; quería preguntarle si por casualidad por este barrio ha pasado un hombre encapuchado y vestido todo de negro

El señor estuvo como dos minutos pensando y sin pronunciar palabra alguna hasta que finalmente dijo:

-¿un señor vestido totalmente de negro con una capucha negra también y que ha estado deambulando por el centro de la ciudad?

Cuando aquel hombre empezó a hablar Adela se quedó estupefacta. ¿Cómo podía ser que tuviera tanta información?

-Sí… Asintió.

-¿Y que ha estado dejándole cartas y notas durante estos días?

Adela se llevó la mano a la boca y casi se queda sin respiración. Tenía al encapuchado delante de ella.

-Ese hombre soy yo y llevo días intentando que des conmigo pero no quería que nos viesen por el centro y como sabía que ibas a terminar buscando por aquí pensé en venir esta mañana temprano. Llevo como dos horas esperando a que llegues

Si que se lo había puesto fácil y eso que Adela ya iba preparada con el mapa y los bolis para ir tachando los lugares que hubiese pisado e incluso iba con Nico por si tenía que ponerlo a rastrear, pero nada de eso hizo falta ya que el encapuchado quería ser encontrado.

-Vamos, sígueme, no quiero que hablemos en medio de la calle. Iremos a un lugar más seguro

Estuvieron caminando como unos diez minutos y ninguno de los dos pronunció palabra alguna.

El hombre se metió las manos en el bolsillo y sacó las llaves del coche, lo abrió y le dijo a Adela que se montara. La verdad que eso a ella no le hizo mucha gracia porque, ¿para qué querría que se subiera con el al coche?, ¿y a dónde la llevaría?.

El notó que Adela se empezaba a incomodar y entonces dijo:

-No te preocupes, no voy a hacerte daño si es lo que crees. Solo quiero mostrarte una cosa y para ello necesito que vengas conmigo

Al final no le quedó otra que aceptar y confiar. Se montó en el coche y puso a Nico en el maletero. Pensaba que con Nico estaba más protegida y que aquel señor no se atrevería a ponerle una mano encima por las consecuencias que ello le podría traer.

Condujo durante media hora. A Adela se le estaba haciendo el camino eterno ya que los nervios se la comían por dentro; ¿que querría enseñarla?.

Se paró. Era un camino viejo, lleno de árboles. Como una especie de bosque. No había nadie.

Cada segundo que pasaba a Adela se le hacía más siniestro todo.

-¿Ves eso?, dijo el hombre señalando con el dedo hacia un árbol

Adela no veía nada. Lo único que veía era un árbol como otro cualquiera.

-Eso de ahí. Parece un simple árbol pero no lo es. Acércate y fíjate bien

Adela obedeció sin rechistar y fue directa hacia el árbol. Nico la seguía a todos lados.

Cuando llegó hasta el árbol un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Se paró. Miró hacia el hombre.

-¿Lo ves, verdad?, dijo el

Adela no respondió, simplemente volvió la mirada hacia el árbol, en concreto hacia el tronco.

El hombre comenzó a aproximarse hacia donde estaba Adela:

-Ella lo hizo antes de que se la llevaran. Quería que en este lugar quedara su marca para siempre

Adela empezó a sentir que le ardía el estómago. Se le estaba revolviendo todo. Un sentimiento de rabia le corría por todo el cuerpo. Jamás se imaginaría que en aquel tronco encontraría tatuada la cara de aquella mujer y al lado la letra “A”.

Miró al “encapuchado” con cara de odio:

-¡¿cuánto tiempo lleva esto aquí?!

-Ella solía venir siempre a este lugar, le relajaba mucho. Desde lo que os ocurrió no ha parado de pasarse por aquí y sabía que un día tu lo ibas a descubrir porque yo te traería

Adela estaba cada vez más sorprendida:

-O sea, ¡que todo estaba planificado!

-Llámalo como quieras, pero en realidad no es lo que estás pensando. Ella no quiere hacerte daño. Nunca quiso que cuando descubrieras este lugar sintieras lo que estás sintiendo ahora mismo.

-¿Ves el agujero?. Adela asintió malamente. Mete la mano.

Le hizo caso al tiempo que pensaba que ya le daba igual obedecer o no, total ya estaba ahí y no tenía mucho más que perder. La rabia se había apoderado de ella hace mucho tiempo. Metió la mano y notó que había una especie de papel. Lo sacó y sin esperar a que el hombre le diera permiso para abrirlo, lo hizo:

“A. A. A. Abey Road NW8, Londres.

Perdóname”

-¿Se puede saber qué significaba eso?, dijo gritando

El hombre no hizo más que mirarla.

-Tenemos que irnos

-¿Así?, ¿me vas a dejar así y ya está?. En los días que llevaba con la búsqueda nunca había estado tan cabreada

-Yo no te voy a decir nada. No puedo darte más pistas. Mi trabajo era hasta aquí

Por lo visto la misión de búsqueda del “hombre encapuchado” había llegado a su fin. ¿Acaso ahora tenía que viajar a Londres para encontrarla?. Parecía que sí.

Tenía la sensación de que cada vez estaba más cerca de llegar al final pero en realidad no sabía con lo que se iba a encontrar cuando llegara a aquella ciudad…

LLegaron a casa. El hombre la había dejado justo en la puerta. Se despidió de el pensando que no volvería a verle nunca más.

Dejó a Nico en la parcela y se puso a hablar con el como solía hacer siempre que volvían del paseo:

-Nico creo que ya no vas a poder acompañarme más, aunque te dije que vendrías conmigo a todos los sitios pero yo no contaba con salir del país…

Nico la miraba con cara de tristeza pero a la vez movía el rabo.

-Estos animales… Pensó Adela.

Entró en casa pensando que aunque llevaba días sin sacar provecho de sus búsquedas, esta vez no había estado tan mal la cosa aunque siempre se quedaba como en vilo pero por lo menos tenía una prueba de que algo iba a suceder, de que quizá una vez en Londres le volvería a ver la cara a esa persona que una vez le arrebató lo más bonito que tenía en la vida…

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