Ayer lunes tuvimos la bonita experiencia de pasar un rato junto a la directora del largometraje de Trinta Lumes, Diana Toucedo, en la que su persistencia y pasión han creado una obra digna de ver en la que se conjuga el mundo de lo fantástico y el misterio con la realidad.

Diana Toucedo, Alba Arias y Samuel Vilariño. Fotografía: NostromoMagazine

Trinta Lumes ha sido tu primer largometraje como directora, ¿cómo definirías esta experiencia?

Una película, cuando al final estás tanto tiempo (seis años) haciéndola pasas por un montón de etapas de mayor ilusión y mayor desesperación, pero bueno yo al final el aprendizaje que puedo sacar por un lado y empiezo por aquí es casi que el tiempo muchas veces juega a favor, porque tú creces tomas en cierta medida una perspectiva con lo que has hecho, con lo que buscabas y a veces salen cosas muy buenas. A mí por ejemplo me ha ayudado, a veces no es el caso en el que puedes perder el entusiasmo, la energía y a mi no me ha pasado. Luego, circunstancias concretas, desde problemas económicos habituales hasta volver a tener que trabajar en otras cosas y dilata los tiempos. Lo importante es creer en la película y seguir haciendo y llega el día en el que la puedas terminar. Para mí lo más importante es que claro, de repente, yo que estoy mucho en sala de montaje y trabajo como montadora pues claro, poder decir de repente ahora me voy al otro lado y ruedo aquello que quiero contar, aquella historia que tengo dentro, buscarla conocer a todos los personajes y convertirlos en personajes de la propia película, es algo que es muy interesante y desde otros lugares esta experiencia no la tienes.

¿Cuál ha sido tu intención al hacer este documental y por qué has elegido este tema concretamente?

Desde un inicio la aproximación era hacerlo muy documental. Intentar retratar de una forma más o menos observacional esa comunidad y esa realidad, pero de repente cuando yo me cuestionaba de qué quería hablar, como casi cual era el tema o la idea o la esencia profunda de la película, siempre me iba a un terreno como muy de lo místico, algunas cosas vinculadas a la temática de lo no visible, la muerte, el misterio, el mito. Para mí todo esto eran obsesiones que yo tenía ahí y yo sentí que la película partiendo de lo documental iba a ser como más realista con lo que yo quería hacer si ahí incorporaba elementos de ficción. Además yo no creo en las dos etiquetas estancas documental y ficción que primero, me gusta moverme en medio en ese terreno más hibrido y es que por otro lado estamos utilizando el lenguaje cinematográfico y a mi me gusta mucho explorarlo y utilizar los dos elementos al final para conseguir a aquello que quieres transmitir.

Este documental abrió la 22º edición del Festival de Ourense y también ha estado en el festival de Berlín, ¿cómo estás recibiendo esta acogida?

El de Ourense fue todo como una gran sorpresa porque fue como el impulsor, a partir del interés de Fran Gallo en la película pude ponerme como unos deadlines y pensar que tenía que terminarla ya. En Ourense mostramos un work in progress y fue en el fondo lo que nos permitió seguir trabajando para llegar a Berlín. Y lo de Berlín fue ese regalo que nunca te esperas que te van a dar, es algo que sueñas pero que nunca sabes si puede ser cierto o se hará realidad. Para mí haber conseguido eso ha sido como llegar a lo más alto donde te encantaría que una película tuya pudiera llegar y además el recibimiento fue genial. Y todo estar en Málaga ahora es muy bonito y es como muy esperanzador ya que me da mucha seguridad en mi trabajo y también mucha ilusión por continuar trabajando desde un lugar que no es nada ortodoxo, nada estándar, no trabajar con elementos narrativos convencionales, sino que explorar otros terrenos de lo cinematográfico y que eso pueda tener la visibilidad que está teniendo.

Al no ser nada convencional el documental, ¿cómo piensas que reaccionará el público?

En el fondo no es un cine fácil para todos los espectadores pero porque en el fondo tenemos un exceso de razonamiento o de la parte más mental a la hora de pensar las películas, las pensamos como puro entretenimiento o como una historia que debemos seguir o crear de una manera muy narrativa y tenemos el resto de los sentidos dormidos, entonces que pasa si el resto de los sentidos se activan y una película puede llegarte a través de lo más sensorial, entonces siempre he intentado trabajar desde ahí y estoy descendiendo que un espectador pueda relacionarse con la película como un momento donde va a tener una experiencia sensorial y si la ve desde ahí yo creo que la podría disfrutar mucho.

¿Por qué el título del film?

Sí, Lume, la traducción literal o el uso más adecuado es fuego, pero en esa zona los utilizan con otros muchos usos, para ellos el más importante es que utilizan Lume para designar aquella casa, aquel lugar que todavía tiene vida. Para ellos el concepto de Lume, aquello que resiste, aquello que tiene vida es muy importante. Y para mí era bonito trabajar con esa simbología que puede tener esta palabra dentro de esta comunidad.

Cómo has afrontado esta relación de lo natural con lo irreal

Es algo que está en esa zona de Galicia, hay siempre una sensación de que la tierra, la naturaleza, el clima tiene un poder que actúa directamente sobre nosotros. Modifica nuestro carácter, nuestro estado de ánimo, nuestros ritmos, entonces desde ese lugar yo creo y en Galicia creemos en cierta medida que eso es extensible a llevarlo a otras formas de concebir la vida que no es solo lo que vemos sino que también hay cosas que no vemos que también están ahí, por ello la cuestión de lo invisible, de esas energías es algo que en el fondo es muy innato, y hay algo de mucha tradición gallega y es uno de los elementos más fascinantes el cómo filmar las ausencias.

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