‘Condenada’. Capítulo 8

Por Samarah Ghannam

Cogió una mesa. Una silla. Un papel. Un bolígrafo. Se sentó. Empezó a dibujar. Unos ojos enormes con forma de almendras y unas pestañas de lo más largas que podían existir. Unas cejas perfectamente trazadas. Una nariz hecha a medida, algo puntiaguda pero aún así seguía siendo irresistible. Unos labios carnosos, el labio superior algo menos exuberante que el superior pero con una forma que derretiría a cualquiera que llegara a besarlo. La melena era casi lo que más destacaba de todo su rostro. Era una melena con tirabuzones trazados como si estuvieran hechos con una regla. Todo medido perfectamente. Sí, la estaba dibujando. No podía verla pero al menos sí imaginarla. Terminó su obra y se quedó mirándola. Parecía mentira que alguien que había sido tan importante en su vida ahora solo se dedicara a amenazarla y la única forma de no sufrirlo era imaginándosela en un papel donde lo último que podía recobrar era vida.

Estaba completamente perdida. Ella pensaba: “cómo es posible que otras cosas sean tan fáciles en la vida como el simple hecho de, no sé, ir a hacer la compra, disfrutar de pequeños momentos, ver la televisión, estar con las personas que te quieren” Cosas tan simples… En realidad somos nosotros los humanos los que tornamos todo y de nada hacemos un mundo, de algo fácil hacemos algo tan complicado que resulta casi imposible salir de ello. En fin… Lamentándose poco iba a conseguir pero no sabía qué hacer; todo iba de mal en peor.

Quería abandonar, era la opción más fácil, pero luego pensó en la rabia que le producía y decidió descartarla. Se dejó de rodeos. Cogió el teléfono. Llamó a la compañía de vuelo Air Europa y compró un billete para ese mismo día a las doce de la noche. No pensaba atrasarlo ni un minuto más. No se arriesgaría.

Hizo las maletas rápidamente, tampoco se llevaba gran cosa ya que esperaba que su objetivo final terminara allí mismo y así descansaría para siempre. Se despidió de Nico. Llamó a un taxi y se fue para el aeropuerto. Llegó al aeropuerto con tres horas de antelación. Pasó el control. Dio una vuelta por las tiendas y se fue a esperar frente a su puerta de embarque.

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