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Disparates fantásticos (y cómo combatirlos)

por Rubén Pareja Ramírez

«Que sepa usted, señor Sánchez, que mientras nosotros estemos aquí vamos a ser un obstáculo para usted», decía el pasado martes Santiago Abascal al candidato a la presidencia del Gobierno durante el debate de investidura.

El líder del partido de ultraderecha decía estas palabras al socialista de pie, firme y con un tono contundente. Ver aquella imagen era propio de una película. Lo primero, porque es difícil de creer que estas cosas se las tenga que encontrar uno en la realidad, por desgracia, en los tiempos que estamos. Lo segundo, porque Abascal representa la figura exacta del villano de una peli. Ahí aparecía amenazador, cual Darth Vader en ‘Star Wars’, o como Ivan Drago en ‘Rocky IV’, aunque a mí su actitud me recordaba más a la del típico hombre mayor, conservador y gruñón.

Santiago Abascal, en el Congreso de los diputados durante la sesión constitutiva de las Cortes / Por Ballesteros (EFE) extraída de El Periódico.

Como en ‘Capitan Phillips’, cuando los piratas somalíes consiguen entrar en el barco, momento en el que en la película se crea una atmósfera de pánico ante lo que les esperaría a los tripulantes del Maersk, la entrada de Vox al Parlamento Andaluz, primero, y al Congreso, más tarde, resulta ser una presencia poco seria y que, en cierto modo, debilita nuestro sistema democrático, tal y como quedó demostrado ayer. “¡¡COMPATRIOTAS!! ¡YA ESTAMOS EN EL CONGRESO!”, gritaba eufórico Ortega Smith, no lo olvidemos, cuando la formación verde consiguió sus 24 escaños en la cámara de representación. Con esta actitud demostraba que iban allí con la intención de hacerse notar bien.

Fijémonos cómo, nada más empezar su intervención, Santiago Abascal quiso recordar a unos agentes que fueron asesinados. Por supuesto que los cuerpos de seguridad del Estado merecen su más pleno reconocimiento, ya que velan por todos nosotros, y merecen también que las medidas de seguridad hacia ellos sean más eficaces. Pero aquello fue una bomba de humo. Eso lo dijo Abascal aposta, para ningunear la lacra de la violencia de género, tras haber mencionado los otros candidatos los tres recientes casos de asesinato que se han sucedido. «Esto no va conmigo, así que paso de hablar del tema, que todos estáis muy pesaos ya con eso», podría decirse que piensa el líder ultraderechista respecto al tema.

El pasar de este tipo de problemas, el querer privar a las mujeres de una medida de protección que se creó a raíz de los contínuos sucesos en los 90, que fue en la década en la que la Unión Europea puso de manifiesto la existencia de esta lacra, y decir que «es una ley que discrimina al hombre por el mero hecho de serlo», es un discurso falso, que no se puede tolerar. El porcentaje de denuncias falsas es insignificante, como muestran las cifras oficiales. Y de querer modificar, en algún caso, una ley, porque el dinero destinado a la misma quizás no se use adecuadamente por ejemplo, a negar un problema real hay cierta distancia.

Por no hablar de su decisión de privar a las mujeres de su derecho a abortar, ya que esta medida es la única solución en aquellas ocasiones en que ellas pueden ser violadas y que, por tanto, están gestando un hijo no deseado. El mismo «derecho a la vida» que defiende este partido en estos casos es el mismo que deberían tener los animales con los que se hacen unos festejos que dudosa cabida pueden tener en los tiempos que estamos. 

¿Más aspectos? El tema de la homosexualidad y el ponerse a hacer caza de brujas con aquellos que dan charlas en los colegios para fomentar la tolerancia entre las personas con distintas orientaciones sexuales. Y, por supuesto, por no hablar del festival del Orgullo LGTBI, que tanto les estorbaba en el centro de Madrid. La Semana Santa o la Feria en general también provocan ruido y alboroto en las calles. Dudo que una bandera que representa un icono de este mismo orgullo sea digna de tachar de «lobby» mundial o cosas así. Lo dice uno que no es LGTBI, pero que se inspira en la famosa frase de Martin Niemöller de que si no protestas por lo de los demás, porque no va contigo, por tí no podrá haber nadie que pueda luchar tampoco en su momento.

Como ya leí en un artículo que publicaron en Diario 16, todos podemos ser ignorantes en cualquier momento de nuestra vida. Pero esto se puede cambiar conociendo bien la realidad de la situación. ¿Pues no usaba yo la palabra “feminazi” hasta hace dos años, hasta que me hicieron entrar en razón? Sin embargo, cuando, a pesar de que se nos explica esto, pasamos de razonar y seguimos defendiendo cosas que no son, pasamos a ser, por desgracia, unos necios. En este caso, la necedad llega a tal punto que nos ponemos a crear un mundo aparte, lleno de mentiras, para ganarnos el poder. O porque estemos mejor creyéndonos lo que más nos conviene, o sea, la posverdad. Esto ya parece «Ready Player One», pero en versión cañí.

El auge de Vox, no está de más recordarlo, se ha producido por las redes sociales, que es donde es más factible que se propaguen las mentiras, como ha pasado con Bolsonaro en Brasil, o en EE.UU, con Donald Trump, entre otros. Vídeos de «moros» o de «negros» «liándola» en París, cuando en realidad se trataba de una manifestación en Senegal. O que «un musulmán estaba en España cobrando 2.000 euros por tocarse los huevos», cuando nada de eso existía en realidad. Son bulos creados con unos intereses propios, sin más.

El caso es que esta gente se hace notar en cualquier lado del mundo. Porque parece que se preocupan por todo menos por lo que en realidad es motivo de preocupación. En su momento fue Vox a dar su mitin de campaña a Extremadura, que es actualmente la Comunidad Autónoma más pobre de España. Con un alto nivel de paro y unas infraestructuras ferroviarias que dan pena, Ortega Smith se intentó ganar allí los votos de los paisanos apelando a la bandera de España, a quitar el aborto, a combatir a las «feminazis» o a proteger las corridas de toros. Y mientras, los pobres ciudadanos que cogen un tren para Madrid se quedan tirados en medio del camino porque no hay ni dinero para gasolina suficiente…

En Brasil ocurre algo parecido, con Bolsonaro celebrando la construcción de un nuevo circuito de Fórmula 1 que sustituirá al actual, de Sao Paulo. El nuevo trazado se llamará Ayrton Senna y estará en Río de Janeiro. La idea suena muy chula, pero no es lo más urgente en un país en el que la pobreza, la necesidad y, por tanto, la delincuencia, brillan por su esplendor. Podemos hablar, pues, de fanáticos, que buscan pintar un país con lo primero que se les ocurre.

Es cierto que Vox ha llegado a donde ha llegado gracias a la difusión de mentiras, que han permitido ser el blanco perfecto a bastantes personas desinformadas o, simplemente, descontentas. Pero, si ellos usan Internet para este fin y ganarse así el apoyo, nosotros también podemos usar Internet para contraatacar este tipo de acciones. Servidor, sin llegar más lejos, lo hace por Twitter, Instagram e incluso por los estados de Whatsapp. Y tú puedes evitar también ser víctima de la desinformación visitando webs como maldita.es. En su sección de «Maldito Bulo», puedes echar un vistazo a los últimos cuentos que se han ido propagando, que posiblemente hayan llegado a tu móvil, y que luego predican en lo alto de un escenario ante cientos de personas. De hecho, incluso les puedes mandar un posible bulo para que ellos lo comprueben. Y también tienes disponible Newtral (newtral.es), con el fin de que prevalezca la verdad al servicio de los ciudadanos.

Otro aspecto importante es el de los sitios que visites. Mediterráneo Digital o Periodista Digital (este al mando de Alfonso Rojo) son medios de muy dudosa confianza, sobre todo el primero, en el que las mentiras falsas suelen aparecer a la orden del día. Bajo mi punto de vista, es muy triste y poco honrado difundir mentiras para que se las crea la gente, ya que esto supone un auténtico retroceso cultural, al introducirlos en un mundo que no existe. 

¿Conoces el famoso rumor de «la niña, el perro y la mermelada», que tanto furor causó en España a finales de los 90? Pues algo parecido ocurre al llamar «feminazis» a mujeres que luchan por sus derechos en manifestaciones, o al hablar de sucesos que no han existido o que ocurren fuera de España, o que no se corresponden con lo que realmente ha ocurrido. Unos difunden mentiras y otros roban móviles a eurodiputados para crear basura contra ellos, e incluso destrozan los discos duros de su sede, para evitar que se saque nada malo de ello. Injusticia, abuso y deshonra a partes iguales, que hacen que nuestro sistema democrático se acabe debilitando.

A uno le alegra aportar su granito de arena respecto al asunto, de tratar de convencer al público de lo que realmente es y también me alegra saber que la mayoría de los españoles está en contra de esta ideología, que en su día se creía que “se iba a reír de los progres” y que ha acabado con menos representación y empuje que lo que otros consiguieron en su momento. Pero, cuidado. Están ahí ocupando asientos, y eso, lo veamos más o menos, supone cierto peligro también.

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