La batalla continua: el inesperado «plot twist» del 2021

Hoy en Nostromo Magazine hacemos un repaso de todo lo que ha sucedido en el 2021, un año donde los plot twist ha predominado.
2021
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Hace 12 meses, yo relataba por aquí cómo fue el año en el que nos tocó enfrentarnos a la mayor de las pesadillas. Yo concluía con que el 1 de enero iba a ser frío y muy emotivo, algo que tampoco era difícil de adivinar. La mirada desconsolada de Ana Obregón junto a Anne Igartiburu tras las Campanadas lo dijo todo sin decir nada. Para gente como la actriz, que perdió a un ser querido (su hijo), el 2020 fue digno de olvidar. Por no hablar del especial de José Mota, cuyo final precisamente no fue cómico, frente a lo habitual. El nuevo año ya estaba aquí, pero no iba a ser muy diferente al anterior.

Con las calles y los buses vacíos, aquella noche hubo que pasarla en casa por el toque de queda, al igual que en Nochebuena, de las 1:30. Aunque yo tuve que salir sobre las 3:30 para ir a ayudar a mi abuela, que nos llamó diciéndonos que se había deslizado desde el sofá hasta el suelo y que por sí sola no se podía levantar. Lo gracioso fue que en Nochevieja preferimos ver el programa de La 1 porque, la verdad, habíamos visto demasiado «Cachitos» y cosas antiguas durante todo el año.

La década de los 20 (esta vez sí) comenzaba con la esperanza de dejar pronto el virus atrás, al estar ya disponible la tan soñada vacuna. Como era imposible vacunar a un planeta entero así a las primeras, la estrategia era la de administrarla a un 30 por ciento de cada país. Nada más terminar la Navidad, el repunte de contagios fue inminente. Esto, sobre todo, se debió a la nueva variante del virus británica que se había descubierto, que hacía que fuera aún más contagioso. 

El 13 de enero, España estaba en riesgo extremo, con casi 40.000 casos en una sola jornada: la cifra más alta de la pandemia. En Málaga hubo en un solo día casi 1.500 casos. Entonces, comunidades autónomas como Murcia o Galicia tomaron medidas drásticas del tirón, mientras se lanzaba un guiño al Gobierno central para que hiciera las labores de forma coordinada y tomase medidas drásticas. Aquella misma semana ya había cuatro variantes del Covid: a las de Reino Unido y Sudáfrica se unieron las de Japón y otra nueva que se había descubierto en Brasil, concretamente en el Amazonas. Por suerte, las vacunas seguían siendo efectivas.

En medio de toda esta catástrofe, los medios tuvieron que desviar durante un par de días la atención hacia la borrasca Filomena, que vistió de blanco a media España. En lugares como Madrid, dejó una estampa navideña parecida a la que en el 2020 se encontró el Centro de Málaga. La capital fue muy castigada, tanto por aquella borrasca como por los rebrotes y, para colmo, aquella explosión que hubo en un edificio de la calle Toledo, que se cobró varias vidas. 

Entre tanto, volvieron a hacer falta los hospitales de campaña. El entonces ministro de Sanidad, Salvador Illa, decía por aquel entonces que, para después del verano, se tenía previsto vacunar “al 70% de la población española”. Aquello parecía un chiste, ya que, al ritmo que había, era imposible llegar a dicho porcentaje. Pero al final, tras una campaña de vacunación feroz, sí pudo ser así. 

El invierno fue amargo de narices. Recuerdo cómo en febrero estábamos igual o más resguardados. El hastío e incertidumbre que se sufría durante aquellos días era total… Yo, de hecho, no hice nada especial por mi cumple, salvo una merienda con los familiares cercanos y una videollamada con los más lejanos. Todo el rato mirábamos las cifras de contagios y el ritmo de vacunación, que iba más lento en aquel entonces que una carrera de Fórmula 1 lloviendo y con bandera roja…

En marzo, la situación se empezaba a aliviar, y se aprovechó esto para se reanudar los exámenes de las oposiciones. El mío lo pude hacer el 17 de abril, en medio de seis horas en AVE entre ida y de vuelta, aunque aún tendré que preparármelo mejor. La esperanza y las ganas, igual de intactas. En el tren nos enseñaron, por cierto, que es posible masticar con la mascarilla puesta, para evitar al máximo el riesgo de contagiar a nadie.

En medio de todo esto, la gente esperó con ciertas ganas el regreso de un clásico de la televisión que Telecinco preparó, «El precio justo», con el que pretendían ganar a “Pasapalabra”, que corona a Antena 3 cada tarde. Presentado por Carlos Sobera, el programa no tenía espectáculo, era cutre, y por eso (y por otros aspectos que solté por aquí) fue un fracaso. En verano, buscaron lo mismo con “Alta Tensión”, pero el resultado fue igual o peor. 

De todos modos, el mayor batacazo del 2021 ocurrió el 4 de mayo, tras las elecciones de la comunidad de Madrid. En estos comicios, que se cubrieron como si de unas elecciones generales se tratase, Isabel Díaz Ayuso llegaba con una gran ventaja según las encuestas. La izquierda, en especial Podemos, llegaba con la esperanza de cambiar todo. Ellos aseguraban que «Madrid realmente no era de derechas, a pesar de todo lo que se decía». Aquello lo consideraban “una ilusión óptica”. Famosos como la legendaria Marisa Paredes, en una entrevista, expresaban su rechazo a la candidata a la presidencia.

Pero al final, como dijo Antonio Maestre, se demostró que Madrid «es muy de derechas, y cada vez más». El discurso trumpista de Ayuso arrasó entre los madrileños, hartos de las restricciones que puso el Gobierno. La presidenta madrileña clamaba libertad todo el rato (cuando, ojo, uno no es libre para decidir, por desgracia, si una pandemia como esta puede estar o no y, por tanto, que haya o no medidas de seguridad) y eso le permitió ganarse a la mayoría de la población, en especial a los hosteleros… También se tomó la libertad de chulear con su victoria al gobierno central, que veía con preocupación su futuro…

Aquella no fue la única sorpresa. La ultraderecha sacó más votos que Podemos, la izquierda no sumó y, ante esto, Pablo Iglesias dejó la política (institucionalmente), tras irrumpir en ella (institucionalmente) en 2014. Y es que con esta reiteración queda claro que el político, que más tarde se cortó el pelo, tiene aún futuro fuera de las instituciones. Tras desaparecer de las redes y de los medios de repente, en septiembre regresó de tertuliano en la radio o de columnista en algunos periódicos.

Unos días después, el 9 de mayo, terminó el estado de alarma que teníamos desde principios de octubre del 2020. Muchos esperaban como agua de mayo, nunca mejor dicho, el fin de las restricciones. Por eso, aquella madrugada del sábado al domingo, no se lo pensaron y organizaron botellones para celebrarlo. En Madrid, la ciudad de la libertad, no se hizo nada para evitar aquello, por ejemplo, a pesar de que los botellones están prohibidos por ley desde principios de los 2000. 

Junto al retorno de la vida nocturna se acercaba el verano, que, con cerca del 30% de la población vacunada, parecía que iba a traer alegría, tras el fatídico invierno. Se pudieron disputar, esta vez sí, la Eurocopa y los Juegos Olímpicos, y varias ferias de nuestro país. Se esperaba el regreso a la vida normal, aunque los expertos avisaban de que estábamos yendo un poco más rápido de la cuenta, cual caballo desbocado. 

Ya se tenía preparado que pudiésemos estar en la calle sin mascarilla. El 26 de junio llegó el esperado momento. En Málaga, muchos nos mantuvimos con precaución. Junto a la apertura del ocio nocturno, esta decisión supuso un aumento de los casos. Andalucía o Cataluña eran las comunidades con mayor riesgo de España. De hecho, esta última tuvo que precintar de nuevo los locales por la noche. Mientras, unos estudiantes que estaban de viaje en Mallorca fueron víctimas de un rebrote mayúsculo, que hizo que 250 de ellos tuvieran que permanecer en un hotel en aislamiento. 

Desde antes del verano ya estábamos amenazados por una nueva variante, la «Delta», proveniente de la India, que era más letal y más resistente a las vacunas. Las esperanzas de que terminara esto se apagaban por momentos. Pero, por suerte, quedó demostrado que una persona vacunada con las dos dosis tendría suficiente protección frente al virus igualmente. Era necesaria, en todo caso, la inmunidad de rebaño. En plena época estival, y con la Eurocopa presente (lo que incita a quedar en reuniones para ver los partidos), la situación se mostraba preocupante… 

Con respecto a la Eurocopa, no se sabía muy bien qué iba a hacer la Selección Española, por un lado, al haber jugadores nuevos, y por los antecedentes que arrastraba desde el Mundial del 2014. En los dos primeros partidos de la fase de grupos, España no consiguió marcar ningún gol a Suecia y a Polonia. Fue en el último donde desplegó su poderío frente a Eslovaquia y, a partir de ahí, fueron superando los partidos eliminatorios. Un día después de que falleciera Rafaella Carrá, los de Luis Enrique se enfrentaron a Italia en la semifinal y, tras los penaltis, les tocó despedirse. No obstante, se espera que esta nueva “Roja” sea muy fructífera en los próximos campeonatos, con la vista puesta ya al mundial de Catar del año que viene. En la final, contra Inglaterra, Italia volvió a tener suerte en la fase de la «ruleta», y se proclamó campeona (justo un 11 de julio, cuando España ganó el Mundial de 2010).

Desde julio, los rebrotes se dispararon de nuevo. El 8 de julio, Málaga registró la cifra más alta de contagios de los últimos cinco meses. Una viróloga explicó en la tele que aquello, obviamente, se debió a la “variante Delta”, por un lado; a la gran actividad de gente, por otro, y también a la ausencia de mascarillas. Además, aquella experta dejó claro que con un 70 por ciento inmunizado no era suficiente. 

No es agradable quedarse en casa en pleno verano, pasando calor, con la de actividades y cosas que pueden hacerse, pero servidor lo hizo, por lo general, durante algo más de un mes. Porque es lo más sensato, y uno tiene conciencia y trata de ser lo más responsable que se pueda, aunque una impertinente me llamase “hipócrita” y me atacase por subir en abril una foto con un par de chavales en Barcelona sin mascarilla durante dos segundos, mientras yo criticaba que en el Metro no había distanciamientos, o que había aglomeraciones de gente por la ciudad. Como si uno fuera un vándalo o algo así, vaya (mantenía mi distancia y todo durante la foto, no obstante). 

Sin embargo, reconozco cierto error, ya que critiqué el pasado año que en eventos como el Festival de Cine hicieran en su momento lo mismo que yo en aquel instante. Aquel evento se hizo, por cierto, en junio. El año pasado me pareció una insensatez enorme, pero este año no había nada que achacarle. Lo que sí había que criticar eran las prisas que el alcalde de Málaga tenía porque se celebrase la Feria que, visto el panorama, ponía la vista en septiembre, sin éxito…

Así que en agosto nos quedaban los tan ansiados Juegos Olímpicos, que se pudieron celebrar, pero sin público, ya que a principios de julio subió el número de contagios en Japón. La selección española olímpica de fútbol jugó con seis de los jugadores de la Eurocopa. Y eso se notó, porque nos dieron un gusto mayor que en julio: se llevaron la plata tras jugar contra Japón en la final.

Uno de los mejores días de este año fue, para mí, el 26 de julio, que fue cuando me pusieron la primera dosis de la vacuna Moderna. Desde el jueves 15 ya estaban disponibles en Andalucía las citas para los que nacimos en el 94. Hubo que ir al Palacio de Ferias y Congresos (uno de los “vacunódromos” que se habilitaron), porque los centros de salud estaban colapsados. La segunda dosis me la pusieron justo al mes, el 23 de agosto. Acudir allí fue lo más parecido a ir a la Feria que pudimos vivir, justo al lado de la zona del botellón. A menudo recordaba la última feria que pisé, que fue la de Fuengirola, a finales del 2019.

La inyección en sí duró un pestañeo y los efectos, por mi parte, duraron solo un día: dolor de cabeza, de brazo, y una fiebre suficiente para pasar la noche tapado. Resulta un poco cansino tener que aguantar los argumentos de los negacionistas en contra de las vacunas. Lo que sí es real es que la madre de un amigo, gracias a las dos dosis, no pilló el Covid, al contrario que su padre y su tía, que solo tenían puesta la primera.

El 1 de septiembre, justo cuando pusieron a mi hermano la segunda dosis, España alcanzó por fin el 70 por ciento de vacunados, aunque ya se sabía que no bastaba. Un día después hubo que asimilar el fallecimiento de la periodista Olatz Vázquez, a sus 27 años, a causa de un cáncer gástrico. Su caso dejó en evidencia (una vez más) lo maltrecha que está nuestra sanidad pública, pero también las consecuencias de la sociedad patriarcal. Ella empezó a sentirse mal hace un par de años y los médicos no le dieron importancia mientras achacaban los síntomas a la menstruación. La pandemia atrasó una prueba que tenía pendiente de hacerse, lo que provocó que su enfermedad empeorase.

Olatz reflejaba su día a día, el estado de su cuerpo y sus estados de ánimo mediante fotografías, mientras uno no podía evitar darle vueltas en ocasiones a estas cosas, ya que tengo la misma edad y es muy triste que tu vida acabe así. Digamos que es uno de los fallecimientos que ha hecho que la sociedad se conciencie sobre la importancia de ciertos problemas. Olatz lo hizo con la sanidad, pero también ha cobrado mucha relevancia este año la salud mental que, con la pandemia, la cuarentena, la incertidumbre… se ha visto muy afectada en muchas personas. Lo que ocurre es que quizás no se ha hecho tan visible o no se le ha hecho el caso que se debería. Cuando más tarde, en diciembre, se encontraron muerta a la actriz Verónica Forqué en su casa, a causa de un suicidio, muchos se dieron cuenta de la importancia de la salud mental, de tratarla a tiempo y de no ignorar cualquier síntoma de depresión que pueda mostrar una persona.

En septiembre hubo otras desgracias tambien, como el incendio de Sierra Bermeja, que se cobró la vida de un bombero. Aunque, sin duda, la mayor catástrofe tuvo lugar a mediados de aquel mes, tras entrar en erupción el volcán de la isla de La Palma, que provocó que empezase a desprender lava sin parar. Menos mal que, desde hace unos días, el volcán ha cesado de rugir, lo que está resultando muy esperanzador. Pero, hasta ahora, muchas personas han ido perdiendo sus casas, sus pertenencias y sus trabajos, ya que muchos viven de las plantaciones que el magma ha ido destrozando a su paso.

Durante noviembre, la pandemia nos recordaba que no había que bajar la guardia, porque los casos volvieron a subir en toda España. El día 3 de aquel mes nos dejó Georgie Dann, el rey de las canciones del verano en nuestro país. Lo cierto es que el 2021 ha sido un año de numerosas perdidas de artistas o de personajes famosos, tales como Enrique San Francisco, o el realizador Hugo Stuven, que supuso una gran aportación a la tele en su momento.

Entre tanto, ya estaba la vista puesta en la Navidad, que se imaginaba este año, ahora sí, una época de calma, de ilusión y de alegría, como si del anuncio de los elfos se tratase. Pero los plot twist no son solo cosa de la ficción. También en el día a día ocurren giros inesperados. Por eso, justo cuando arrancaba la iluminación navideña (y su correspondiente competición entre ciudades como Madrid, Málaga o Vigo), se detectó Ómicron, una nueva variante del coronavirus más letal, que hizo saltar las alarmas en cuanto a que pudiera resistir aún más a las vacunas. Esto provocó que se cerrasen las fronteras de algunos países con Europa, o se aplicasen nuevas restricciones.

Aunquea los síntomas de Ómicron son leves, en España, los contagios han vuelto a subir, la gente ha acabado cancelando muchas cenas y el Gobierno central y los autonómicos se han tenido que poner de acuerdo para tomar medidas. Vuelve a ser obligatoria la mascarilla, y se está llevando una campaña de vacunación para ponerse la tercera dosis antes de que acabe el año. Incluso aquí en Andalucia es necesario el Pasaporte Covid para poder entrar en los sitios, hasta el 15 de enero. Muy decepcionante, sí. Pero bueno, ¿Quién dijo que el virus ya era historia?

Así que, cuando empiece el 2022, la situación no será muy diferente a la del año pasado. Por un lado, las Campanadas las repiten Ana Obregón y Anne Igartiburú. Esta vez habrá un poco más de alegría quizás en sus caras. También habrá que tener cuidado con las reuniones, habrá que evitar tantos besos y abrazos para recibir el año, y algunos planes se verán afectados. Aunque puede que en los buses sí vaya gente y en la calle habrá ambiente. 

Al menos, lo podremos empezar con optimismo, porque las esperanzas podrán ser mayores y mejores. Esta batalla poco a poco se está venciendo. A pesar de los contagios, el número de hospitalizados y de personas graves es bastante menor que el año pasado, cuando no había nadie vacunado. Así que este es un buen motivo para creer en las vacunas y para que colaboremos juntos en que se cumplan las medidas. Por nuestra salud y la de los nuestros. Y, sobre todo, evitemos un poco recordar desgracias en estos momentos. Feliz 2022.

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