La longitud del llanto

Hay una especie de polilla llamada Mabra Elephantophila que se alimenta de las lágrimas de los elefantes. Alimentarse de las ruinas propias, de las lágrimas que se derraman, saborear la sal que recorre las mejillas mientras se observa cómo el rostro se desfigura por el llanto. De eso habla El libro de las lágrimas (Tránsito, 2020, con traducción al castellano de Magdalena Palmer), una obra sobre las lágrimas: su historia, su significado y su relación con la propia autora.

Heather Christle (New Hampshire, 1980) ha escrito un libro donde las lágrimas se derraman y caen, igual que el sujeto que llora cae en el llanto, se hunde, se sumerge, se ahoga. Llorar, en definitiva, como si cayéramos. Caer como sinónimo, como acción complementaria o verdad encubierta del llanto. Quizás uno de los verbos más relacionados con el acto de llorar sea «romper» como si, cuando se llora, una presa interior se rompiera, inundara todo el cuerpo y se desbordara. Esta obra está compuesta por breves fragmentos que son casi poemas, ya que Christle es poeta. A través de ellos, la autora habla sobre las lágrimas, de dónde surgen y por qué. Una historia que explora las lágrimas desde una perspectiva sociológica, política y feminista mientras la relaciona con su propia vida.

La autora habla de la antigüedad, de un tal Billy —un hombre que debió de ser alguien muy cercano a ella que murió—, de su embarazo y de su marido. Además, cita a numerosos autores e incluye nueve fotografías. Enlaza sus vivencias personales y los recuerdos de llantos propios y ajenos con explicaciones sobre la duración del llanto o la diferencia entre llorar solo y acompañado. Cuando se tienen ganas de llorar y se está acompañado, se suele evitar el llanto para, así, también evitar dar explicaciones a la persona que mirará y preguntará qué ocurre. El llanto, por tanto, también implica compasión ajena o, para esquivarlo, su ocultación.

El llanto, sístole y diástole, ataca con embestidas, encoge y aligera. Christle se abre en este libro donde habla sobre aquello que le produce lágrimas, como el miedo, la ansiedad o la desesperación, y de otros temas como la negación del llanto y su necesidad vital. Cuenta la autora: «El sistema lagrimal se desarrolló por primera vez cuando los peces se convirtieron en anfibios terrestres. Dejamos el agua y empezamos a llorar por el hogar que habíamos abandonado». En los humanos, según Christle, el sistema lacrimal se desarrolla en los fetos semanas antes de su nacimiento, y hay tres tipos de lágrimas. Estos aspectos históricos se unen con el nacimiento de su hija y la ausencia eterna de su padre, siempre en altamar, para componer una obra completa sobre este fluido salado. A través de saltos en el tiempo y de los temas, Christle interna al lector en asuntos como la maternidad, la literatura y el racismo, todo ello acompañado de muchos poemas.

Cada persona tiene una forma personal de derramar lágrimas. La autora, de hecho, temía que, al investigar sobre el llanto, cambiara su forma de llorar, o que la frecuencia del llanto se alterara. A veces, cuanto más se estudia un tema más incapacitado se está para verlo desde el punto de vista emocional y no tanto desde el académico. Según Christle, «los médicos bizantinos escribieron que se podía reconocer a los hombres lobo por su ausencia de lágrimas». Un rostro sin surcos y que jamás haya sido camino de lágrimas que descienden es sospechoso. Son gotas, lágrimas y sal, cosas que se aúnan porque son una y que configuran cada línea de esta obra completa e interesante sobre las lágrimas.

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