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‘Lavar, marcar y enterrar’, una comedia absurda con ingredientes para gustar a todo el público

por Jorge Caracuel Suero

Uno de los mayores éxitos del teatro independiente madrileño. Tras un sinfín de temporadas y varias protagonistas (Miriam Díaz-Aroca, Olga Hueso y ahora Victoria Mora), Lavar, marcar y enterrar, que se representa todos los sábados y domingos en la Sala Lola Membrives del Teatro Lara, es de esas obras que no te cansas de ver, sobre todo si te apasiona la narrativa del teatro absurdo.

La obra tiene lugar en Malasaña, donde cuatro personajes se ven forzados a compartir ochenta metros cuadrados durante una noche de armas sin seguro y peligrosos recuerdos. En sus 90 minutos, Lavar, marcar y enterrar bebe de muchos referentes, como las primeras películas de Almodóvar, hasta parodiar el género noir, tomando de ejemplo Se ha escrito un crimen o Breaking Bad.

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Lavar, marcar y enterrar supone toda una revisión de la comedia clásica pasada por muchos filtros. Tiene mucho ritmo y logra conectar con el espectador gracias a su planteamiento, a sus giros de guion y a la capacidad de conectar el absurdo con situaciones del día a día.

Dirigida por Juanma Pina, la obra sabe aprovechar su espacio al máximo con una puesta en escena impecable, sobre todo con las situaciones que transcurren en el sótano. También es muy llamativo su vestuario, que incluye pelucones, plataformas y otros accesorios ochenteros. Pina logra hilar muy bien los cambios de vestuario y tiempo de los personajes, sin permitir en un solo momento que el ritmo de la trama se resienta nunca.

Victoria Mora está muy divertida encarnando a la peluquera Gabriela, un personaje árido y con un humor de lo más negro, aunque el que logra ser el centro de atención es Mario Alberto Díez con Fer, quien es una mezcla entre la contención de un hombre neurótico que está completamente superado por las circunstancias y una colección innumerables de tics. Por otro lado, Sergio Campoy y Rebeca Plaza se encargan de la pareja de atracadores, que saben cómo integrarse en el delirio que requiere la obra.

Lavar, marcar y enterrar no baja sus decibelios durante todo el espectáculo y logra tomarse la comedia muy en serio con unos diálogos muy ingeniosos que provoca que su público salga impregnado de buen rollo y con la cabeza un poco más loca que cuando entró.

Valoración: 4/5

Lo mejor: La química que hay entre sus protagonistas. Pese a los cambios de actores entre unas temporadas y otras, logran que la obra esté viva

Lo peor: Un final algo atropellado

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