Reseña literaria Por trece razones - Nostromo Magazine
Inicio Crítica literaria La complejidad de ser adolescente: Reseña literaria de ‘Por trece razones’

La complejidad de ser adolescente: Reseña literaria de ‘Por trece razones’

por Jorge Caracuel Suero

Por trece razones parece la típica novela juvenil basada en una serie de televisión donde los dramas adolescentes absurdos se apoderan de los personajes. Sin embargo, quien se guíe de estos prejuicios se perderá una obra que explora como pocas las consecuencias de un suicidio y lo que implica convertirse en un adulto. El escritor novel estadounidense Jay Asher, quien solo había publicado anteriormente pequeños relatos infantiles, busca adentrarse en la psicología de una adolescente que pone fin a su vida. Si te fascinó la primera temporada de la ficción de Netflix, no te puedes perder este mágico relato.

La sencillez y amabilidad de la portada de Por trece razones, que muestra la imagen de una chica sentada en un columpio, contrasta con la complejidad, la crudeza y los detalles que se establecen dentro del libro. Para narrar las dificultades por las que se atraviesa en la juventud, Asher se atreve a relatar un tema complejo y polémico como es el suicidio de una joven, planteando un desafío ético. La historia comienza en el momento en el que Clay Jensen encuentra en su casa una enigmática caja repleta de casetes numerados. Cuando se pone a escucharlos descubre la voz de Hannah Baker saludando a los oyentes, una chica que se había suicidado semanas anteriores. Para él supone todo un choque porque, además de lo que eso puede significar, estaba colado por ella. Sin embargo, pronto la situación adquiere tintes macabros al anunciar Hannah que fueron trece las razones y las personas por las que decidió acabar con su vida, siendo Clay una de ellas.

El escritor presenta a Clay como alguien acomplejado, introvertido e inexperto que nunca se ha metido en líos, un personaje con el que el lector empatizará fácilmente, y es que todo el mundo ha sido un poco como él en algún momento de su vida. Clay y Hannah, los dos protagonistas, tienen una gran cantidad de matices, que es lo que ocasiona que sea el relato más realista sobre la adolescencia que se ha plasmado en el papel, lejos de la superficialidad que caracteriza a muchos otros.

Una vez que se conoce la finalidad de las cintas, el libro va ahondando en la personalidad de Clay y en lo que motivó a Hannah a tomar esa drástica decisión. Asher utiliza la historia de una chica adolescente como excusa para tratar los conflictos interiores que abundan en la cotidianeidad de cualquier ser humano, y el lector, independientemente de la edad que tenga, se dará cuenta de que, a lo mejor, su vida no difiere tanto de la de una persona de 17 años.

Que un libro trate sobre la vida de unos chicos de instituto no quiere decir que este sea su único público objetivo, ya que también se dirige a uno más adulto, abarcando desde los 16 hasta los 40 años. La novela recuerda en sus rasgos a Alta fidelidad, de Nick Hornby, donde se tocan temas como el primer amor y la incertidumbre ante un futuro borroso. En su primera publicación, Asher también se ve influenciado por Las ventajas de ser un marginado, de Stephen Chbosky, al coincidir en retratar sin tapujos la sexualidad y la ansiedad adolescente.

Uno de los aspectos más llamativos de la novela es el de sus rasgos lingüísticos. En su narración abundan detalles referentes al estado anímico de los protagonistas, multitud de adjetivos calificativos para hablar de los personajes y una descripción minuciosa de los espacios en los que tienen lugar la acción; esto último sirve para que su ambientación sea muy fácil de identificar y el lector pueda sentir que está en un instituto de barrio donde los abusones rodean los estrechos y grisáceos pasillos, o que se encuentra en una fiesta con 20 personas más en un piso donde prolifera el olor a cerveza y a marihuana.

Otra de las grandezas de Por trece razones es su estructura narrativa. Se trata de una novela narrada en primera persona a través de dos voces: las de sus protagonistas. Clay se encarga del tiempo presente, mientras que Hannah toma el control de la obra cuando el chico escucha las cintas. Ambos personajes cuentan lo que sucede desde su punto de vista, por lo que el lector podrá comprobar cómo van surgiendo distintas versiones de una misma historia y se sentirá como uno de los destinatarios de esos audios. Es por esto por lo que el relato causa tanto impacto, estableciéndose una implicación emocional bastante fuerte con lo que ocurre a lo largo de sus 304 páginas.

La novela se divide en tres partes que están muy bien marcadas. Sigue una estructura lineal y se desarrolla en orden cronológico, ya que el libro es el transcurso de un mismo día en el que Clay escucha uno por uno los casetes a la vez que visita diversos lugares. Sin embargo, se producen analepsis durante todo el texto de manera continua cada vez que Clay oye los testimonios de Hannah, siendo ella quien toma el control de la narración, rememorando hechos del pasado. En la primera parte observamos cómo la vida de Clay cambia por completo cuando recibe las cintas. En la segunda se muestra la historia de Hannah y se presenta a las personas a las que culpa de su muerte, contando cada una de las trece razones de una forma muy ágil, pero, quizás, esto hace que la publicación pueda resultar algo escueta en ciertos momentos. En la tercera y última parte se detalla cómo Clay quiere hacer justicia y lo verdaderamente afectado que se siente con lo que ha sucedido, además de describir de una manera contundente y desgarradora el dolor de los padres de la fallecida.

Asher, Jay - Por trece razones | Libros para jovenes, Libros y ...

‘Portada de ‘Por trece razones’ / Me Gusta Leer

El mayor encanto de Por trece razones radica en la complejidad que tienen sus personajes que, al contrario de lo que suele ocurrir en casi todas las novelas protagonizadas por adolescentes, no tienen nada de planos, lo que consigue dotar de gran verosimilitud al relato. Clay transmite una cantidad inmensa de sensaciones: empatía, amor y, algunas veces, rechazo hacia las decisiones que toma. En ciertos momentos puede ser muy directo, sin darse cuenta de las consecuencias que esto puede acarrear, mientras que en otros es silencioso y observador. Por otra parte, Asher consigue que se empatice con Hannah aunque, conforme pasan los capítulos, es más difícil entenderla. El lector podrá ser partícipe de cómo la chica va experimentando una metamorfosis hasta que su mente se volverá inestable, contradictoria y autodestructiva. Con ella, el escritor quiere denunciar que, cuando se entra en un bucle, se magnifican problemas de fácil solución, sirviendo para que los adolescentes que lean esta historia decidan pedir ayuda antes de tomar una decisión que no tiene vuelta atrás.

El autor sabe captar la diversidad de la sociedad con personajes opuestos que se complementan de forma sublime, caracterizándolos detalladamente. Al contrario que Clay y Hannah, también presenta a personas como Justin Foley, uno de los chicos más populares del instituto, o Jessica Davis, personaje que comenzará siendo muy odiado por el lector hasta que, en un momento, se desvela una acción que hará que rápidamente se ponga de su parte. Hay que tener en cuenta que, al narrarse bajo el punto de vista de los dos protagonistas, la forma de describir a las personas está ligada con las experiencias que han tenido con ellas. En la mayoría de personajes secundarios no se produce una profundización, a excepción de los dos comentados anteriormente, ya que estos se encargan de interpretar un perfil de seres humanos que, con sus acciones, van resquebrajando poco a poco a otro vulnerable.

Por trece razones debería ser un libro de obligada lectura en los institutos. Trata temas de gran complejidad como la sexualidad, el acoso escolar o los abusos sexuales, pero no quiere regodearse en su dramatismo, sino que los presenta con total naturalidad y madurez, lo que hace que sea un viaje hacia el interior de una adolescente con un final realista y dramático para una historia dulce y amarga que es difícil de olvidar.

Asher consigue crear una novela brillante que sacude al lector desde su primera página por su crudeza y visión pesimista, pero realista, de la vida, y lo mantiene en vilo hasta la última hoja. No le cuesta arrancar y, conforme avanza la trama, afronta sus nuevos desafíos sin perder su esencia e intensidad. El estar dividida en tres partes hace que se aprecie la evolución que experimentan los dos protagonistas y que su argumento se pueda seguir de manera sencilla, sin que el autor meta al lector en lagunas de las que después no sabe salir. Un relato auténtico que produce escalofríos ante su sorprendente similitud con una realidad que el escritor describe con precisión y con una técnica absorbente.

Últimas Publicaciones