El protagonista de El hombre que se enamoró de la luna (Literatura Random House, 2022, con traducción al castellano de Claudio López Lamadrid) es Cobertizo. Se llama así porque trabaja en esa estancia de un hotel de Idaho regentado por Ida, que es también prostituta y alcaldesa. Ida lo llamaba Afuera en el Cobertizo, su lugar de trabajo, y de ahí derivó su nombre. Cuando es un niño, un hombre viola a Cobertizo y mata a su madre, india, así que Ida se encarga de él. Mientras Cobertizo crece e intenta superar el trauma, busca su identidad y ahonda en sus orígenes.
Esta es la segunda novela de Tom Spanbauer (Pocatello, Idaho, 1946), publicada originalmente en 1994, y está dividida en cuatro partes y un epílogo. En ella, el autor desarrolla temas como la identidad y libertad sexuales, el racismo, la familia, los orígenes y la supervivencia en el entorno. También hay una crítica a la religión, concretamente a los mormones, y la discriminación racial. La novela cuenta con personajes pintorescos, además de Cobertizo e Ida, como Dellwood Barker y Alma Hatch. Se trata de una novela sobre la iniciación en la vida, el sexo, el amor, la relación entre las personas y entre estas y la naturaleza y sus orígenes.
Cobertizo comienza hablando de sus nombres y del recuerdo de su madre, es decir, empieza con la propia identidad, un análisis de ella y de su nombre, que cree que es indio. Luego, presenta a su familia, el pueblo, los diferentes establecimientos y alguna anécdota de ellos. El pueblo se llama Excellent, pero tiene poco de excelente debido a la situación de marginalidad en la que vive el protagonista y en la que se ha criado con las tragedias a sus espaldas.
Lo más cercano que Cobertizo tuvo de una familia fueron Ida, Alma y Barker, pero un día todo aquello se derrumbó y él los perdió a todos, por eso cuenta su historia, porque al final las mejores historias son las de verdad, dice. Un día, Cobertizo se enamora de un hombre genuino que resulta estar a su vez enamorado de la luna y que da título al libro. El final, inesperado, habla sobre hacernos cargo de lo que no es nuestro pero como si lo fuera, y mantener los secretos y las promesas.
Cobertizo dice que la montaña se ve mejor desde el cementerio porque no había obstáculos que le impidieran contemplarla, una metáfora de que es en el cementerio, donde se separaba a hombres blancos del resto de fallecidos, donde la montaña como metáfora de la vida y de la ascensión podía contemplarse con nitidez para rememorar el pasado.
La historia está llena de riqueza y belleza, de pasajes llenos de elegancia narrativa, sobre todo cuando describe a personajes muertos que no participan, como los padres de Dellwood Barker. Sin embargo, también hay escenas crueles y sórdidas como la descripción del matadero donde se habla de la sangre fría de los hombres blancos (tybos se les llama) con los animales y con los indios, acaso lo mismo para ellos. De hecho, el racismo es un tema crucial, así como el ostracismo al que fueron condenados los indios por el gobierno de Estados Unidos, cuando no su masacre.
En esta novela también se habla del valor de las historias porque según Ida un ser humano sin las historias no es nada. Muchas veces, a estos seres humanos les asusta ser quienes son, y por eso se cuentan siempre la misma historia sobre ellos mismos, que no tiene por qué ser cierta. Por eso, otro tema importante en la novela es la mentira y cómo nos engañamos a nosotros mismos. Además, a veces lo que buscamos no es lo que queremos encontrar. Por ello Cobertizo habla del teruteru, que viene a significar que la vida es un engaño.
Si un árbol cae en el bosque pero nadie lo escucha, ¿ha sonado realmente? Si nadie lo ve caer, ¿ha caído realmente o ha estado así siempre? «La mente puede matar un corazón», dice uno de los personajes, y ese destrozo se traslada a todos los seres humanos. El hombre que se enamoró de la luna es como un huracán que entra en una casa, que es el lector, y lo rompe todo, dejando apenas los restos de las paredes. Porque, como dice Cobertizo, «somos la historia que nos contamos» y «el mundo es la pared de la que colgamos nuestros espejos».


