Las mentiras de la verdad

'Melody' es un thriller que habla sobre la pérdida y el ansia de búsqueda, bien construido y diseñado para generar intriga y sorpresa.
melody

Melody (Galaxia Gutenberg, 2025, con traducción al castellano de Belén Santana) es una novela de Martin Suter (Zúrich, 1948) que recibe su título por la amada del protagonista, el doctor Stotz. Esta novela está narrada por Tom, un joven sin fortuna que se convierte en el albacea de dicho doctor, enfermo y a las puertas de la muerte. Stotz fue un empresario y político de renombre, pero ahora sobrevive en una burbuja anclada al pasado. Su médico le ha dado solo un año de vida, así que decide ordenar su legado y su patrimonio. Para ello, contrata a Tom, que, además de dicha tarea, tratará de descubrir quién es esa mujer cuyos retratos llenan la casa de Stotz y de la que él tanto le habla. Descubrirá que, cuarenta años atrás, Stotz y Melody se enamoraron y prepararon su boda, pero un día ella desapareció.

La Bella Julieta

Stotz pasa sus días melancólico, pensando en Melody y hablando de ella. Sin embargo, Tom trata de averiguar cuánto de real hay realmente en sus palabras y en sus recuerdos, sobre todo teniendo en cuenta que la memoria es ficción. «Un buen abogado se debe a la literatura antes que a la verdad», dice Stotz, y reconoce que prefiere la ficción a la realidad. «¿A ti no te pasa que recuerdas cosas que nunca han sucedido? ¿O de las que dudas si han sucedido o no? No, claro, a ti no te pasa. Tu infancia no queda tan lejos», le dice Stotz a Tom. El narrador siempre ha llevado una vida fácil, mantenido por su padre, pero tras el suicidio de este, le cuesta mantenerse a flote económicamente. Para desempeñar su trabajo, se alojará en la casa de Stotz, un hombre curioso pero consumido y decrépito; Tom también es curioso, pero discreto desde pequeño por naturaleza.

En la primera cena que comparten, Stotz le confiesa tres secretos, por lo que Tom entiende que aquel no tiene nada más que ocultar, pero quizás no es del todo así. «Cuando la mentira logra hacerse un hueco, la verdad solo trae problemas», dice un personaje. Stotz también le dice que se siente artista, pero que no pudo desempeñarlo porque siempre estuvo atado al raciocinio. Un día, cuando era joven, fue a una librería y allí conoció a Melody, que era marroquí y cuyos padres le habían concertado un matrimonio en su país. El nombre de nacimiento de Melody era Tarana, que significa «melodía», pero ella no lo quería y por eso se bautizó a sí misma. La obcecación de Stotz con Melody es tal que su propia sobrina-nieta dice que en realidad nunca le han interesado la política, la economía, el ejército, la cultura, el arte…, ninguna de sus diferentes facetas, porque es «en esencia, un hombre profundamente enamorado. Profunda y tristemente enamorado».

Los días pasan mientras Tom trabaja recogiendo y seleccionando material del archivo de Stotz y luego charlan durante las comidas o de noche frente a la chimenea. Así, el doctor va desgranando la historia de Melody, pero Tom es consciente de que, por la gravedad de su estado, la historia corre el peligro de no aclararse y quedar interrumpida. La afición desmedida del doctor por el alcohol empuja a Tom a emborracharse con él y el misterio del paradero de Melody se convierte en una obsesión tal para él también que, aunque no la conoce personalmente, sueña repetidas veces con ella. Para colmo, Tom cree estar cayendo en la locura cuando muchas noches se despierta y oye ruidos en el pasillo. Luego, cuando sale, descubre que alguien ha entrado y usado la habitación que era de Melody, pero ¿quién, si el doctor, por su estado físico, es incapaz de subir tantos escalones?

«Los recuerdos son una cosa curiosa. Cuanto más viejo eres, menos seguro estás de si son reales o, sencillamente, inventados», se dice. Cabe preguntarse si las cosas no pasaron como se recuerdan y si, repitiéndolas mil veces, se convierten en verdad. Entonces, ¿dónde queda la línea que separa la verdad de la invención? Ante las historias incompletas o con incógnitas, también hay que cuestionarse hasta dónde se quiere saber la verdad. «¿Qué es mejor: vivir en función de lo que uno cree o creer en función de lo que uno vive?», se dice. Sin embargo, nunca es tarde para la verdad, y cuando parece que todo está dicho, siempre queda algo más por conocer, como aquí, donde no se cuenta la historia mientras esta transcurre, sino a posteriori, pero no por ello está exenta de giros imprevistos.

Melody es un thriller que habla sobre la pérdida y el ansia de búsqueda, bien construido y diseñado para generar intriga y sorpresa, aunque con excesivo detalle en contenido superfluo, en mi opinión, como las comidas o los vinos. Se trata de la historia de un misterio y de una obsesión, la de Stotz con su amada y la de Tom con sus fantasmas. Con respecto a Stotz, su investigación para encontrar a Melody es posible gracias a todo el dinero que posee, pues si esta historia de amor y desaparición la hubiera vivido una persona de a pie, sin sus recursos, no podría haberse llevado a cabo y no habría habido novela. En cuanto a Tom, desde el principio, detecta varias similitudes entre Stotz y su difunto padre, quizás porque lo tiene en la memoria en todo momento. Por ejemplo, Stotz le dice una frase en relación a la abogacía que solo su padre le había dicho antes. Stotz lleva la misma colonia que usaba su padre e incluso el funeral el doctor le recuerda al de su padre.

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