Málaga, sábado 24 de octubre de 2026. Hay conciertos en los que uno va a escuchar música y otros en los que termina preguntándose cómo es posible que todavía le queden fuerzas para volver a casa. Lo de Abhir anoche en la Paris15 perteneció, sin duda, a la segunda categoría.
El artista llevó a Málaga su gira ULTRASWAN, en el que era el segundo concierto de un recorrido que toma el nombre de su último álbum, publicado en mayo de este año. Antes incluso de entrar en la sala ya había señales de lo que estaba por venir: una larga cola frente al puesto de merchandising confirmaba que Abhir no solo cuenta con seguidores, sino con una comunidad fiel, de esas que conocen cada canción y están dispuestas a dejarse la voz en cada estribillo.
La propuesta del disco encuentra su sentido en la tensión entre dos universos: el ULTRA, más agresivo y explosivo, y el SWAN, más sensible e introspectivo. Una dualidad que el artista trasladó al directo desde los primeros compases, abriendo con algunos de los cortes más destacados de su nuevo trabajo. La energía de temas como Vanidad y Glasgow convivió con la sensibilidad de Hermes, mostrando las dos caras de un proyecto que no necesita elegir entre la contundencia y la vulnerabilidad.
Pero si algo definió la noche fue la respuesta de la pista. El público cantaba las canciones a pleno pulmón y prácticamente cada tema encontraba su propio pogo. No eran simples estallidos puntuales de euforia: la intensidad se convirtió en el lenguaje compartido entre el escenario y una sala que parecía decidida a superar sus propios límites con cada canción.


En uno de los momentos más representativos de la noche, Abhir pidió al público que subiera todavía más la intensidad. La respuesta llegó en forma de desafío: que se bajara a la pista. El artista aceptó la apuesta y se lanzó al centro de la sala para interpretar ALO, su colaboración con RALY, rodeado de seguidores. El tema terminó desembocando en uno de los pogos más memorables del concierto, con Abhir convertido en el centro de una masa que no parecía dispuesta a concederle un segundo de tregua.
La escena resumía bien la dinámica de la noche. Lejos de limitarse a interpretar el repertorio desde el escenario, Abhir encontró en la respuesta del público un impulso para llevar el concierto cada vez más lejos. Los pogos crecían canción tras canción, ganando tamaño e intensidad a medida que avanzaba el setlist.
La noche también reservó espacio para mirar atrás. Junto a los temas de ULTRASWAN, sonaron canciones de trabajos anteriores, con especial presencia de BROWN BOY. El resultado fue un recorrido de alto voltaje, construido para mantener la pista en movimiento y recordar que la identidad artística de Abhir no se limita a su último lanzamiento.
Y cuando las fuerzas empezaban a flaquear, llegó Boostamante. Bastaron sus primeros compases para reactivar a una sala que parecía haber alcanzado ya su límite. Si alguien pensaba que el concierto entraba en su recta final, la respuesta del público dejó claro que todavía quedaba energía para otro asalto.
Todo ello estuvo acompañado por una puesta en escena en la que la iluminación desempeñó un papel fundamental. Los flashes potentes irrumpían sobre la pista y el escenario, mientras las imágenes captadas en directo desde ambos espacios reforzaban la sensación de estar dentro de algo que sucedía en tiempo real, sin distancia entre quienes interpretaban la música y quienes la recibían. Luces, cuerpos en movimiento y una sucesión de explosiones de energía terminaron por convertir la Paris15 en un espacio casi físico, donde la música se sentía tanto como se escuchaba.
Para el cierre, Abhir recurrió a una de las decisiones más acertadas del álbum: enlazar Acapulco, una de sus canciones favoritas, con Plié Relevé, tal y como sucede en el disco. Dos temas que condensan el concepto dual de ULTRASWAN y que, llevados al directo, funcionaron como la síntesis perfecta de la noche. Primero, la atmósfera de Acapulco; después, el último empujón de Plié Relevé, cuando la pista parecía haber agotado hasta la última reserva de energía.
Pero el público todavía guardaba un esfuerzo más. Con Plié Relevé, la sala volvió a venirse abajo en uno de esos finales que justifican por sí solos haber comprado una entrada. La última canción no fue una despedida tranquila, sino el último gran estallido de una noche que había ido creciendo sin descanso.
Cuando se encendieron las luces, la imagen resultaba casi cómica: el aspecto de la pista encajaba bastante más con el de un grupo que acababa de completar una competición de Hyrox que con el de quienes simplemente habían asistido a un concierto. Cuerpos exhaustos, energía consumida hasta el último minuto y la sensación de haber participado en algo colectivo.
La segunda parada de ULTRASWAN en la Paris15 dejó claro que la dualidad del disco no se queda en un concepto estético. En directo, Abhir sabe alternar sensibilidad y agresividad, controlar los contrastes y convertir la fidelidad de su público en una fuerza capaz de sostener el concierto hasta el final. Porque si ULTRASWAN juega con dos caras, la de Málaga tuvo una certeza compartida: anoche, la intensidad no se negocia.



