"Black Mesa", una joya para los nostálgicos de "Half-Life" | Nostromo Magazine
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«Black Mesa», una joya para los nostálgicos de «Half-Life»

por Rubén Pareja Ramírez

El coronavirus está favoreciendo, pero a base de bien, a las plataformas de contenidos de entretenimiento. Concretamente en el caso de Steam, la reina de las descargas digitales de videojuegos, la semana pasada tuvo más de 20 millones de jugadores conectados a la vez, es decir, su pico más alto de la historia.

En estos días, e incluso semanas, en las que no queda otra que estar en casa, jugar a videojuegos es uno de los platos preferidos por el personal, y yo vengo a hablar de un título que salió a la venta a principios de este mes en Steam, y que está causando furor en los más nostálgicos: «Black Mesa». Este juego es un remake del mítico Half-Life que, en una época en la que los videojuegos de PC dejaban que desear, dejó a uno eclipsado a sus nueve años, allá por el 2003 (aunque vio la luz en el 97), por su espectacularidad y también por su argumento. Y la existencia de «Black Mesa» tiene su pequeña historia…

Este juego ya se pudo descargar gratuitamente a finales del 2012, y en 2017 creo recordar que se lanzó a la venta de forma anticipada, porque aún no estaba completo. Hoy, gracias a Dios, no podemos decir lo mismo. Tras lanzarse Half Life 2 a finales del 2004, un año después este obtuvo más de 35 galardones como mejor juego. Así que en Alemania se hizo una edicion especial de «Juego del año» en la que se incluían también Half-Life y sus versiones online y también el Counter Strike, pero «mejorados» con el motor gráfico Source, que se usó en Half-Life 2. El caso es que a un grupo de fans les decepcionó la «mejora» del clasico con este motor, ya que a priori era lo mismo, solo que el agua ofrecía mejores texturas; los gráficos estaban más suavizados y los cadáveres se podían mover si les disparábamos o les tirábamos granadas (que, en cambio, no se podían destripar como en el antiguo). Asi que se pusieron a trabajar hasta conseguir la maravilla que tenemos hoy.

¿Qué te digo de «Black Mesa»? Bueno, por si no has jugado al juego original, el nombre de su remake se debe al lugar en el que Half-Life se desarrolla, es decir, un laboratorio de alta seguridad que se encuentra en medio del desierto de Nuevo México, y que nos puede recordar bastante al Área 51. Aquí, nosotros somos un científico llamado Gordon Freeman, que tiene que ir a hacer un experimento que acaba en el peor de los resultados. Entonces se produce lo que ellos llaman una «secuencia de resonancias», que causa graves daños al laboratorio entero y que, además, abre un portal interdimensional con un planeta alienígena. Así que continuamente nos tendremos que proteger de criaturas raras que nos atacan. Más adelante, tendremos que vigilar también que no nos maten los marines del Ejército que el Gobierno envía para que maten a todos los científicos y, así, conseguir que no se sepa nada al respecto sobre el incidente…

«Black Mesa» puede encantar a partes iguales. Por un lado, a nuevas generaciones, o a gente que aún no ha probado el Half-Life y, por el otro, a los veteranos que ahora tenemos la oportunidad de jugarlo en otra especie de dimensión, con escenarios cargados a tope y más realistas, aunque la antigüedad de los gráficos se note un poco, eso sí. El problema es que yo probablemente prefiera ya hacer punto antes que jugar al Half-Life. Porque es que no veas si pasé ratos paseando el palo de hierro y huyendo de cangrejos a lo largo de Black Mesa. Por tanto, jugar a este remake me produce una sensación agridulce, ya que, aunque me quedo asombrado con los gráficos, en realidad estoy jugando a lo mismo. Pero vale la pena probar este trabajo tan bien conseguido.

Posiblemente, los creadores tuvieron en cuenta lo que he dicho, y por eso en algunos escenarios hay ligeros cambios que, ojo, uno piensa: «¡La madre que los pario! ¡Me la han jugado aquí!» Esto es porque uno va flechado a buscar la salida de un sitio como era en el Half-Life, pero que aquí lo cambian un poco adrede. Porque en este juego tenemos también que usar la cabeza, para resolver ciertos puzzles que nos permiten seguir adelante, tales como encontrar una pieza perdida y colocarla, o algún que otro enchufe. El episodio «Sobre raíles» es uno en el que nos poníamos a los mandos de un antiguo tren y nos tirábamos un rato bajo lúgubres y claustrofóbicas galerías hasta salir a la superficie. En «Black Mesa», esta aventura se modifica y se simplifica, para que no resulte tan pesada. Y se agradece bastante, ¿eh?

El episodio más bestial del juego era «Tensión en la superficie», ya que, como su nombre indica, estamos a la luz del Sol y bajo el acecho de los soldados, con sus helicópteros, sus tanques, etc. Jugar este nivel en «Black Mesa» es una auténtica experiencia, con su infinidad de detalles y sus ligeras modificaciones, que hace que tengamos más enemigos para nosotros.

Pero el plato más fuerte, y el que más se ha hecho esperar, ya que aún no estaba terminado, fue la visita al planeta Xen. Una vez que Gordon llega a los laboratorios de teletransporte Lambda, los científicos le envían a dicho mundo, en el que se sospecha que hay una criatura que es la responsable de que tantos bichos lleguen a la Tierra, y a la que nosotros tenemos que liquidar. La reconstrucción de este planeta supone trasladarte al mundo de Pandora, de la peli Avatar. Los paisajes en este lugar son espectaculares y, por más que yo lo recalque aquí, no basta. Hay que vivirlo. El colorido de la flora y de la fauna (además de los bichos que nos encontramos aquí) te cautiva por completo. Aunque echo de menos la musiquilla original de las piletas de agua curativa. En este punto, además, nos podemos encontrar unas sólidas piedras que te recargan el traje de protección por completo, pero que casi te dejan ciego, debido al cegador brillo que emiten.

Y es que lo tengo que reconocer. Xen mola, pero lo han vuelto bastante largo. Aquí nos encontramos especies de estaciones espaciales en las que hay científicos muertos, donde hacían sus investigaciones, con su material de trabajo y tal. Y entonces nos adentramos en varias salas en las que tenemos que ir toqueteando enchufes y/o colocando piedras alienígenas en sus respectivos lugares para dar con la salida. A la larga se vuelve un poco pesado, eso sí. Digamos que es la esencia del Half-Life, es decir, resolver mini puzzles, pero a lo grande. Quizás esto se deba a un afán de los creadores por dar un mayor protagonismo al palneta del mundo fronterizo. Y luego te tienes que tirar un rato disparando a capullos que explotan y te permiten abrir unas gigantes hojas que hacen de puerta.

En “El escondite de Gonarch”, por Dios. ¡Qué maravilla! La madre de todos los headcrabs ha evolucionado mucho en más de 20 años y ahora tiene la bravura de un toro, muy agresiva y rápida. Incluso nos puede tirar cosas y todo. Como no tengas cuidado, te destroza a la mínima. Y entonces esto se convierte en una especie de película en la que tenemos que huir de la bestia. Varios escenarios son reconocibles con respecto al Half-Life, pero, ojo, tiene sus diferencias. Y, por último, tras varias aventuras más en este extraño mundo, llega el plato fuerte y tan esperado: Nihilanth. Aquí tenemos cambios en el escenario y en la forma que este engendro nos quiere mandar al otro barrio (y a él mismo los años le han sentado muy bien también). El jefe final regresa con fuerza y acabar con él no va a ser una tarea muy fácil.

Una de las pequeñas pegas que tiene este juego es que los diálogos no están en castellano, sino subtitulados a este idioma, y de una forma un poquito especial, aunque uno en su cabecita recuerda cada una de las frases que nos decían los guardias de seguridad o los asustados científicos del complejo. Y, como mencionaba más atrás, el jugar a un remake implica que ya sabes lo que hay que hacer la mayoría del rato. Este juego causa bastante impacto, aunque no sorpresa, al menos a los que lo hayamos jugado. Pero la trama de un juego como Half-Life no se puede quedar estancada en un juego de finales del siglo pasado, y por eso es agradable ver cómo la adaptan a la tecnología actual.

La jugabilidad, precisamente, es un otro punto a favor y muy relacionado con lo que acabo de mencionar, a pesar de que ya he dicho que hay partes un pelín eternas. Porque en Half-Life era muy frecuente quedarse atascado en una tubería cuando el siguiente mapa del juego se cargaba, o era un calvario soltarse de una escalera sin caer al vacío, o cosas así. Ahora esto está está superado. Pulsar una tecla te permite soltarte de las escaleras sin peligro y así se hace el juego más llevadero, aunque sí que te puedes caer de los trenes en marcha… Y, con las interacciones, igual. Hablar con un guardia o con un científico para que te siguiera en tu aventura era un auténtico tedio, ya que un paso más estrecho o el soplido de una mosca era motivo suficiente para que se quedara ahí quieto y no te siguiera más. Esto, por suerte, no ocurre ya aquí.

En definitiva, valoro este trabajo muy positivamente. «Black Mesa» permite a nuevos jugadores disfrutar de una trama original y que ya forma parte de la historia de los videojuegos con nuevos atractivos, ya que el cambio más de 20 años no pasa en balde. Porque, si en su día el juego de Gabe Newell fue una notoria novedad en los videojuegos de acción de PC, podemos pensar que esto puede seguir haciéndose gracias a los nuevos recursos de los que disponemos con los años. Y así podremos olvidarnos un poco de la pesadilla con la que cada día nos despertamos.

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