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‘Personajes desesperados’: Dramas cotidianos

por Mario Guerrero

Si la novela que has escrito la prologa Jonathan Franzen, siéntete satisfecho. Personajes desesperados (Sexto Piso, 2020, con traducción al castellano de Rosa Pérez Pérez) cuenta con un padrino estupendo. Franzen reconoce haber leído esta novela innumerables veces. Con cada lectura percibía un matiz nuevo, que había permanecido oculto en las ocasiones anteriores, y esto es lo que convierte a esta obra de Paula Fox (1923-2017) en una novela de gran magnitud. Fox ganó en su día premios como el National Book Award y esta novela, publicada originalmente en 1970, se presenta como una demostración más de la calidad de su pluma.

En ella nos encontramos a un matrimonio acomodado de mediana edad que vive en Nueva York. Sophie y Otto tienen una vida aparentemente tranquila, ahogada por la rutina y el paso de las horas. Ella a veces se entretiene alimentando a un gato que se acerca hasta su casa, pero un día este le muerde la mano. A partir de entonces, la historia se desarrolla con un ritmo interesante, sin llegar a ser trepidante.

Sophie es una mujer con carisma que no se achanta ante nada. Quita hierro continuamente a las preocupaciones sobre la mordedura, aunque se plantea los peligros que puede depararle ese suceso. La narración en tercera persona nos permite ver la situación del matrimonio desde una posición cenital y adentrarnos en la mente de ambos. La psicología de los protagonistas se abre ante el lector, que es testigo de cómo reaccionan ante la mordedura y de cómo contemplan las posibles consecuencias.

Situado en los años cincuenta, la historia se mueve entre el humor y la denuncia social, por ejemplo, a la burguesía. Fox hace un retrato de la época: la segunda guerra mundial parece haber quedado atrás, aunque aún persiste el eco del conflicto. Por otro lado, las relaciones sociales son constantes, y tanto Sophie como Otto se mueven en un mundo de fiestas y amistades. Precisamente, es a partir de estas amistades donde Sophie establece lazos afectivos con otros hombres por la soledad y el desapego que siente hacia su marido. La aparente languidez matrimonial de Otto parece empujarla a buscar amor más allá de su hogar.

Mientras estas situaciones se suceden, la mordedura empeora. Ella se plantea en varias ocasiones acudir al hospital, pero siempre termina rechazando esa opción porque no lo cree necesario. Finalmente va y su visita se convierte en una crítica, aunque suave, al sistema sanitario. De hecho, la escena en el hospital es cómica e irritante al mismo tiempo. Esta escena y otras tantas de la novela tienen una apariencia muy real porque la realidad, a veces, lleva al absurdo.

En definitiva, la mordedura del gato desenmascara un matrimonio sumido en la pasividad y, como dice Sophie casi al final de la novela, en la «vida desesperada». Los personajes desesperados como ella viven una rutina apacible y de repente se encuentran ante una preocupación como esta, lo que hace que el lector llegue a una conclusión: podría ser peor.

El paso del tiempo y el olvido de la juventud tienen una importancia capital en el desarrollo de la trama. Dejar atrás sueños e ilusiones juveniles para entrar en el mundo de la mediana edad —a veces insípido y desabrido— hace mella en la mente adulta. Además, la convivencia y el matrimonio se unen en esta novela al amor, que se presenta entre la pareja como un engranaje de dudosa existencia.

Hay equilibrio entre el uso de narración y diálogos, y estos últimos están bien construidos, aportan verosimilitud y músculo narrativo, lo que facilita que el lector conozca al matrimonio de cerca. Tiene razón Franzen cuando dice en el prólogo que esta novela tiene un título que no ayuda a que sea recordada en el futuro. Sin embargo, su protagonista es una mujer curiosa y pintoresca. Sin duda es la presencia más fuerte de la novela, seguida de lejos por Otto, que es casi un fantasma.

Sophie es el eje de la historia, que gira en torno a ella en todo momento, en diferentes situaciones y con el peligro perenne de la hinchazón de su mano tras la mordedura y la posibilidad de haber contraído la rabia. El suspense alrededor de la mordedura y de la salud de su mano consigue mantener a flote esta historia en la que Fox dosifica la tensión a lo largo de las páginas. El pathos existencial de Sophie, además, salpimienta la historia. Sin embargo, parece que la novela carece de algo más de acción o determinación por parte de la protagonista que sería propicio para redondear una historia que la autora teje con líneas suaves.

FOTO DE LA CUBIERTA DE PERSONAJES DESESPERADOS

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