El consuelo horizontal

Stefan Zweig (1881-1942) cree que a aquellos que no leen el mundo debe de parecerles muy limitado. El escritor austríaco se suicidó en Brasil, país al que llegó tras huir de una Europa que estaba cayendo en las garras del nazismo y de la violencia desenfrenada. Zweig temía que los nazis se expandieran por todo el mundo y que, con ellos, también se propagara el horror.

Leer a Zweig produce siempre un sentimiento de paz inenarrable. En Encuentros con libros (Acantilado, 2020) se reúnen un conjunto de textos del escritor en el que demuestra su amor por la letra escrita. Con edición y epílogo de Knut Beck y traducción de Roberto Bravo de la Varga, este volumen irradia la belleza del saber y del poder leer.

Encuentros con libros | Editorial Acantilado
Portada de ‘Encuentro con libros’ / Acantilado

Estos textos son reseñas que Zweig hizo acerca de obras de la época y otras más antiguas. En aquellos años, con un cine poco experimentado y solo con la radio como distracción, los libros eran la mejor manera de explorar el mundo. Ahora con internet todo ha cambiado y estos han quedado muchas veces relegados. Antes, los niños leían las aventuras de los cinco de Blyton. Ahora hay innumerables opciones, a veces opacadas por la atracción de las tecnologías. Sin embargo, en tiempos de Zweig las opciones eran muy limitadas: Robert Louis Stevenson si acaso, J. F. Cooper quizás. Lecturas que hoy pueden parecer anacrónicas o aburridas formaron a lectores que luego se convertirían en grandes literatos como Zweig.

El propio escritor ya se quejaba en su época de que la gente no leyera tanto en favor de otros motivos de ocio como el gramófono, el cinematógrafo o la radio. Así que él se dedica a analizar en estas páginas el estilo de muchas obras míticas de la literatura europea para darlas a conocer y empujar a su lectura.

Ordenadas por nacionalidad y no cronológicamente —comienza con la literatura alemana y termina con la rusa—, Zweig reflexiona acerca de obras de autores diversos: Goethe, Gustave Flaubert, Honoré de Balzac, Rainer Maria Rilke, Adalbert Stifter, Joseph Roth, Sigmund Freud, Thomas Mann, Jean-Jacques Rousseau, Friedrich Nietzsche o Stendhal. Alaba a la mayoría de ellos, sobre todo a Goethe y Rilke, y reconoce que son malos tiempos para la literatura debido a la situación política en que se encuentra Alemania.

Las obras de las que habla pertenecen a corrientes literarias anteriores a su época, por ejemplo el romanticismo. A veces desconocidas para el lector español, Zweig permite que cualquier lector se adentre en novelas variadas y en vidas de escritores dedicados a las letras desde su primer llanto hasta la exhalación final. Son reseñas que se pueden leer de manera independiente y no necesariamente en el orden en que vienen clasificadas.

Muchas de las obras de las que habla pecan de ornamentación excesiva. Él no se queja de ello, sino de la velocidad de la sociedad de entonces, a la que solo le apasionan las historias con acción y sin demasiada filosofía ni abstractismo. Si Zweig levantara la cabeza y viera la velocidad que ha tomado la sociedad actual quizás se sorprendería. A veces solo queda como solución regresar a los libros de la infancia y valorar la importancia de los cuentos populares como encuentro de una sociedad con su historia, con la naturaleza y con sus ancestros.

Esto es así porque Zweig también dibuja entre sus reseñas una oda al cuento a la par que habla de la segunda guerra mundial o la revolución rusa. Cuentos de hadas y episodios macabros se unen en la prosa del escritor austríaco, que se muestra desazonado en sus palabras, con las esperanzas perdidas ante el futuro que le espera a Europa.

Muchas de estas obras quizás sean excesivas para el lector actual, saturado de novedades y ansioso de acción. Zweig no escribe en estas páginas de manera distinta a como lo hace en sus novelas. Utiliza un lenguaje formal, a veces textos sinuosos y voluptuosos. Se pasea, en definitiva, como un flâneur a través de diversas obras literarias, tanto decimonónicas como contemporáneas al autor.

A veces, aunque se le escapa algún spoiler, se le perdona. Porque Zweig representa uno de los estandartes más célebres de la literatura europea del siglo XX. A su obra la acompaña un compendio de valores dignos de destacar y en este libro vuelve a verse el alma desnuda de un escritor amante de la riqueza cultural y de la libertad que apuesta, como siempre, por los libros.

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