La forastera - Crítica literaria - Literatura - Nostromo Magazine
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El viento todo lo confunde

por Mario Guerrero

«They can’t say we never tried», dice con insistencia Nigel en la mente de Ángela, la protagonista. Ella lo recuerda con nostalgia, porque siempre lo intentó, pero la vida se le deshizo entre las manos. Se fue Nigel, al igual que se fue su etapa en Londres. Ángela (o Angie) es la protagonista de La forastera (Alfaguara, 2020), que emprende la búsqueda de la verdad sobre su familia. En el camino encuentra obstáculos, silencios y rencillas difíciles de sortear, pero cada día le depara un suceso nuevo.

Olga Merino (Barcelona, 1965) es escritora y periodista de El Periódico, y ha escrito una novela donde refleja la cara menos romántica del mundo rural. Angie vive en una aldea retirada. No cae bien a sus vecinos por su soledad y su independencia casi misántropa. Sale a pasear con sus perros y a su paso es capaz de oler la hostilidad que le profesan muchos. El título de la novela no puede ser más apropiado, ya que se corresponde con el sentimiento de no-pertenencia que Angie sufre entre las calles de Las Breñas. Ese es el pueblo, limítrofe con Córdoba, de sus antepasados, que emigraron a Barcelona. Sin embargo, ella ha decidido volver tras una desenfrenada y trágica aventura por Londres.

Portada ‘La forastera’ / Olga Merino

En Las Breñas encuentra un ambiente que le permite sobrevivir sin granjearse demasiadas enemistades, hasta que hallan el cuerpo ahorcado de un terrateniente del pueblo. Entonces, la protagonista se sumerge en la historia de la comarca y de su propia familia. Bucea por la soledad, el aislamiento y la hostilidad y no encuentra, precisamente, tesoros. Angie narra en primera persona la breve historia de sus familiares de antaño y los recuerdos que conserva de algunos de ellos. Lo hace, además, con un registro deslenguado que da gloria.

Transmite la tensión que hay en el ambiente del pueblo a través de su narración. Una aldea, sin embargo, que esconde muchos secretos y que no tiene miedo a casi nada, «solo al viento que todo lo confunde». Angie se enfrenta, por tanto, a la narración con garra y analiza su estancia allí y su pasado sin paños calientes. «Este lugar se traga a los que venimos huyendo», dice.

Además, el comienzo potente permite inocular la ira en el lector y hacerle cómplice de una lista de sucesos que acompañan a la protagonista y que marcan el devenir de su historia. Las sospechas sobre las causas del ahorcamiento, así como las miserias y los trapos sucios que esconde Las Breñas, salen a la luz. La España vacía, la libertad, el paso del tiempo, la familia, el bucolismo desromantizado, el desasimiento, el despoblamiento, el sentimiento de pérdida y la inmigración destacan como temas principales en una novela completa.

Nigel tiene una presencia importante en la historia. Se trata de una pareja que Angie tuvo durante su estancia en Londres. Es un fantasma que se pasea por sus recuerdos y se entremezcla con su presente; es el pasado que vuelve, con los dientes afilados, para devorar a cualquier persona presa de la melancolía. En el presente, Angie descubre la historia oculta de su familia y los secretos en un pueblo donde el suicidio está a la orden del día. Sin embargo, en ningún lugar sintió tanta libertad como en Londres.

Los lazos familiares se unen en este entorno rural a las deshonras, los señoritos, los labriegos, las enemistades, los pulsos entre vecinos, la avaricia por las tierras, los exiliados y los ahorcados, que forman un cuadro grotesco de una realidad rebosante de vergüenzas. Merino dibuja un marco delibesiano, tanto en los nombres de sus personajes como en el ambiente rural, donde también tiene cabida la guerra civil española. La autora lo hace, además, sin sensiblería, aunque se rinde por momentos a sus recuerdos bellos (de amor, sexo y juventud) de Londres.

Merino modera el ritmo de las acciones gracias al ralentí que provocan los recuerdos, las descripciones y sus soliloquios. Reparte la acción, además, de forma equilibrada, de modo que no hay partes sobreexpuestas a la tensión o al tedio en las descripciones. La autora decora la narración con lirismo y detalles lingüísticos que embellecen la historia, tiznada por momentos de melancolía y desazón, y con alguna analepsis. La forastera es un thriller algo disimulado porque abraza un concepto más amplio, una historia por donde pasean hombres que se van y respuestas que nunca llegan.

El pueblo también tiene en su haber historias de antaño sobre amores a escondidas e imposiciones sociales de la España de posguerra que, en pueblos como ese, se agudizaron y alargaron en el tiempo. ¿Con cuántos secretos que nos atañen se irán nuestros familiares a la tumba? Recomponer el propio pasado y replantearse los hechos que quizá no ocurrieron como nos los contaron es una ardua tarea. Merino lo intenta en esta novela a través de Angie, con muy buen resultado. Cuando no te queda nada que perder (o que te quiten), puedes lanzarte a por la verdad. Además, parafraseando a Nigel, no podrán decir que no lo hemos intentado.

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