Los mitos son caminos de huida | Nostromo Magazine
Inicio Crítica literaria Los mitos son caminos de huida

Los mitos son caminos de huida

por Mario Guerrero

Como Aracne teje Mark Haddon (Northampton, 1963), autor de obras como El curioso incidente del perro a medianoche, esta novela. Y al final de la historia, los hilos se entrelazan y atrapan a su víctima, el lector. El delfín (Salamandra, 2020, con traducción al castellano de Patricia Antón de Vez) es una obra que explora el mito de Apolonio de Tiro, que denunció el incesto entre el rey Antíoco y su hija.

La novela transcurre entre la Antigüedad, el Renacimiento y la contemporaneidad, y mezcla la historia del mito con la de una familia en la actualidad. Maia ha muerto en un accidente de avioneta. Ella no sobrevive, pero el bebé que esperaba sí. Philippe, su marido, se hace cargo de la niña tras la triste pérdida de su esposa. Entonces, Philippe se centra en cuidar a su hija Angelica. Su voluntad de protegerla se convierte en una obsesión dañina que le lleva a cometer incesto.

EL DELFIN - MARK HADDON - 9788418107276
Portada ‘El delfín’ / Narrativa Salamandra

Los años se suceden y Angelica sigue secuestrada en su propia mansión. No va al colegio y su círculo de conocidos se reduce exclusivamente al personal de servicio de la casa, que va y viene, y a su padre. Un día, cuando Angelica es adolescente, llega a la casa Darius, un joven que comprende el cautiverio de la chica y que quiere salvarla. A partir de aquí, Haddon construye una trama donde la historia de reclusión de Angelica apenas volverá a aparecer, puesto que en el resto de la novela cobra mayor protagonismo la mitología. La historia de Philippe y Angelica se entrelaza con la de Pericles, príncipe de Tiro, que a bordo de El delfín vive numerosas aventuras, y cuyas vivencias pueden entenderse como análogas a las de Angelica.

Dividido en siete partes y con un apartado de bibliografía, esta novela explora temas como la maternidad, la paternidad, la búsqueda de la identidad, el arrepentimiento, la soledad, la culpa y el sentimiento de seguridad. El empoderamiento femenino es otro de los temas recurrentes en la historia, y hay símbolos en la narración que dirigen la mirada hacia la mujer, como el ciervo. Desde el principio se percibe la personalidad extraña y oscura de Philippe. No es un padre efusivo con su hija, a la que crían las niñeras, y solo se relaciona con ella cuando acude a su lecho.

El aislamiento de Angelica comienza cuando el lector advierte la tirantez entre Philippe y la familia de Maia y esta reclusión empeora cuando Angelica se ve obligada a aguantar las caricias y el abuso de su padre. Al principio, ella cree que lo hace porque la quiere, así se lo dice él. Con Darius ve la oportunidad de escapar, y también a través de la literatura y de los mitos, gracias a los cuales consigue viajar y alejarse de las cuatro paredes que la retienen y la hieren.

Viaja a otros mundos, pero en realidad ya está totalmente separada de la realidad en que vive. Anhela aire nuevo y no viciado y para lograrlo experimenta una metamorfosis con la que reclama huir. Cuando ve telarañas en el jardín, algo infrecuente, «siempre se pregunta si las habrá tejido una mujer castigada por decir la verdad». Cuando la luna proyecta su sombra en la ventana, es «imposible saber cuál de las dos es más real, la de carne y hueso o su sombra».

Esta figura confusa, casi inexistente de tan maltratada, solo encuentra alivio de la dureza de su vida en la magia de las historias. La realidad y la fantasía, el pasado y el presente, se cruzan en la mente de Angelica, que realiza viajes temporales y espaciales abruptos. A través del mito de Pericles que enlaza con su historia, Haddon hace una oda al arte de contar historias y de imaginarlas cuando lo único que queremos es evadirnos del mundo real después de tanta tragedia.

Los protagonistas se mueven entre la magia, el mundo de los sueños y los recuerdos. Viajan para no rendirse, resistir y buscar la libertad. Sufren una persecución que es como una pesadilla recurrente. Al final, unos y otros viven la misma historia que se repite con insistencia casi divina, un uróboros que da vueltas y condena al mundo y a sus habitantes a darlas con él.

En El delfín, cada individuo tiene una visión particular del mundo. Cada uno dirime en su fuero interno qué es el bien y qué es el mal. El lector tiende a pensar que al final la historia de Angelica y Darius es lo de menos, ya que esos personajes solo aparecen al principio, al final y unas pocas páginas entremedias. Pero ellos siguen ahí, aunque sea en segundo plano, mientras predomina la narración de la historia de Pericles, de sus viajes y reencuentros dando forma a una novela compuesta como un gran árbol de múltiples ramas.

Haddon engarza las historias con cautela para crear una novela atractiva y con un estilo parecido al de los mitos antiguos para deleite del lector. Como apunte, no sé si está bien expuesto (y si se entiende bien) que la historia de Pericles es, en realidad, una alegoría de la otra. El engranaje de la novela parece sumamente complejo, no así su lectura, que resulta ligera. Sin embargo, la belleza de la prosa durante toda la obra es sublime. Se trata de una historia que pone al ser humano ante el espejo para que reflexione acerca de su propio lugar en el mundo.

Últimas Publicaciones