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«Regreso al futuro II», 21 de octubre del 2015, para ser exactos

por Nostromo Magazine

Escrito por Rubén Pareja Ramírez

Por lo general, las segundas partes de las películas suelen ser buenas. «Torrente 2: Misión en Marbella» es, probablemente, la mejor película de la saga del policía casposo (digo «probablemente» en comparación con la primera parte), por su localización, su humor, sus actores y su trama, tomada de una de las aventuras del agente secreto más famoso de la historia.

En el caso de «Regreso al futuro II», ocurre lo mismo. La historia mejora considerablemente en comparación con la primera. La película comienza como termina la anterior: Doc regresa del futuro e informa a Marty y a su novia, Jennifer, de un problema que tendrán sus futuros hijos. Como en su día Robert Zemeckis no pensaba hacer más partes de esta película, asegura que el final con el Delorean volando hacia el futuro lo puso en tono cómico, pero sin intención de darle continuidad. Por eso, ahora, en «Regreso al futuro II», Jennifer le supone un estorbo y se deshace de ella poniéndola a dormir mientras Doc y Marty se ponen manos a su cometido.

Durante la estancia en el Hill Valley del 21 de octubre del 2015 (parece mentira que ésta fecha, que parecía que iba a tardar en llegar, ya sea historia), Marty comete un error que será el hilo principal de la película. En el escaparate de una tienda de antigüedades hay un almanaque con todos los resultados deportivos desde 1950 hasta el año 2000. Marty no lo duda y lo compra. Entonces, Doc descubre el libro y se niega a traérselo a 1985, porque él asegura que creó la máquina del tiempo para aclarar misterios de la humanidad y no para ganar apuestas. Cuando lo tiran a la basura, el viejo Biff, del 2015, descubre el almanaque y trama un plan.

Biff, a quien no mencioné en el artículo de la primera película, no afecta a la trama de ésta, pero es un personaje importante en la misma. Era el chulo del instituto en 1955 y abusaba de George, el padre de Marty. En 1985, continuaba abusando de él en el trabajo (con el famoso «¿Hola? ¿Hola? ¿Hay alguien en casa? ¡Piensa, McFly…!»). Ante éste panorama, Lorraine, esposa de George y madre de Marty, era una alcohólica que trataba de olvidar el ridículo estilo de vida empinando el codo.

Tras irrumpir Marty en el encuentro de sus padres, en 1955, hará que George se enfrente a Biff y le arree un puñetazo en la cara que le daría el respeto y el carisma necesario para llevar un buen estilo de vida. Biff es ahora el abrillantacoches local y trabaja para George. Por eso, en el 2015, al tener en sus manos el almanaque y conocer que Doc inventó una máquina del tiempo, se pone en marcha.

Durante un descuido en el que dejan el Delorean solo, Biff se monta en el coche, viaja al pasado y se da el almanaque a sí mismo. Cuando regresan a 1985, Doc y Marty descubren el cambio que ha sufrido una Hill Valley que ahora está sumida en el caos y en la delincuencia. Biff, millonario y, por tanto, poderoso, es dueño de la ciudad y, encima, está casado con Lorraine. El objetivo, pues, de Doc y de Marty es restaurar el continuo espacio-tiempo tal y como se conocía hasta entonces y, para ello, han de viajar de nuevo a 1955.

Es divertido volver a ver escenarios de «Regreso al futuro» desde otra perspectiva, a la vez que llegamos a ver dos Docs o dos Martys en el mismo plano, que sueltan ciertos chistes sobre aquelllos momentos. En cuanto a la estancia en el 2015, si bien hasta hace veinte años era espectacular, hoy ya es pura ficción. De todos modos, a falta aún de aeropatines y de coches voladores, muchos de las cosas que inocentemente aparecían en la película, hoy en día existen, muchos de ellos como se imaginaban en el filme. Es el caso de los televisores planos, las videoconferencias o las imágenes en 3D.

Y, en cuanto a las palabras célebres de Biff como «zoquete» o «gallina», éstas hacen que, después de todo, apreciemos un poco a éste personaje. De hecho, Biff Tannen ha cobrado protagonismo al tener similitud con el presidente Donald Trump. Treinta años después, el antiguo juzgado de Hill Valley, convertido en el «Biff Tannen’s Pleasure Paradise» resulta ser una metáfora accidental del magnate norteamericano.

«Regreso al futuro II» me resulta tan fantástica como cuando la ví por primera vez a los cuatro o cinco años. Aquel VHS, que estaba grabado de Canal Sur (cuando éste canal molaba y no emitía tanto flamenco), era uno de mis más preciados, en el que no me cansaba de ver cómo, al final, un rayo freía al Delorean y mandaba a Doc a 1885. Es decir, al Viejo Oeste.

 

 

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