Rosa de la Corte: “Me gusta ponerme retos complicados para ver si los puedo cumplir, y escribir este libro fue uno”

Rosa de la Corte
Rosa de la Corte

Nunca es fácil dejar atrás lo que conoces y quieres y marcharte lejos. El ser humano actualmente es un animal sedentario, y ese peregrinaje a veces obligado por el mundo puede dañarlo emocionalmente. El Reina de los Ángeles (Editorial Quaestio, 2020) narra la experiencia de una emigración, la de Antonio y Emilio, dos españoles que en pleno siglo XIX se embarcan en el navío que da nombre al libro. Van hacia Cuba en busca de un futuro mejor, dejando en España novias, familiares y anhelos.

Esta obra de Rosa de la Corte (Cádiz), prologada por Javier Gallego Dueñas, está situada entre 1831 y 1854 y alterna capítulos en Comillas (Cantabria) y en Cuba. Desde las primeras páginas, la autora introduce al lector en un mundo casi mágico por las descripciones y el encanto de la narración, pero igualmente real y trágico. La narración traslada a la época en que se desarrolla con acierto, y nos habla de los primeros amores, la adolescencia, la solidaridad, el dolor por la muerte de un ser querido, la esclavitud o el maltrato físico y psicológico contra las mujeres.

Un halo de misterio rodea la marcha de Antonio hacia Cuba, que además será un viaje peligroso para algunos miembros de la tripulación. En estos viajes arriesgaban sus vidas y su dinero (escaso casi siempre) en un futuro allende los mares. Un futuro sobre el que nadie les aseguraba que saldría bien. Estos personajes sueñan con volver a su tierra, pero también con emprender negocios que, además de ayudarles a sobrevivir, les permitan enriquecerse y dar una mejor vida a quienes les rodean.

El reina de los ángeles (Tapa blanda) · Novela histórica · El Corte Inglés

A lo largo de las páginas de El Reina de los Ángeles hay desdichas y tragedias inesperadas, la entrada de la modernidad y el cambio de época, el progreso y el desarrollo. Y también hay multitud de personajes, algunos de ellos con vidas que en realidad consisten en fingir y disimular. En Nostromo Magazine hemos hablado con Rosa de la Corte, y este ha sido el resultado:

¿Existió en realidad el Reina de los Ángeles o te has inspirado en otro barco?

Existió, existió. El Reina de los Ángeles existió durante la época en la que se desarrolla la novela. Además, está documentado. Zarpaba de Cádiz hacia Cuba y trasladaba principalmente emigrantes en ese flujo migratorio que hubo durante el siglo XIX. Cádiz era el centro metropolitano al que venían desde casi toda Europa a embarcar para irse a las colonias. No solamente existía el Reina de los Ángeles, pero era el que cubría el trayecto hasta Cuba. Luego había quienes iban a Colombia, por ejemplo. Es un barco real como hecho histórico, aunque la historia es ficticia.

Hay una conexión histórica importante entre Cádiz y La Habana. Me recuerda a la canción de Carlos Cano.

Y escrita por Antonio Burgos. Sí, es una conexión bonita porque siempre ha existido, desde esa época y desde mucho antes. Son culturas muy parecidas. La parte de Campo del Sur es bastante parecida a algunas de Cuba. No solamente eso, también hubo un tráfico, en el buen sentido de la palabra, de personas que iban y venían a las colonias desde aquí.

¿Por qué decidiste escribir sobre el éxodo a América?

Era un tema que me pareció siempre bastante interesante. Todas las colonias, especialmente las de Sudamérica, me han atraído. No solamente eso, sino que surgió en un viaje que hice en verano a Cantabria, a esa zona. Me pasó una cosa curiosa. Fuimos a ver el Palacio de Sobrellano y me pareció un palacio muy bonito, de la época, con mucho lujo. Teníamos una guía excepcional que nos enseñó el comedor del palacio y nos dijo que había una puerta oculta que era la puerta que conectaba la parte del comedor con la cocina; era la parte de los criados. Aquel misterio despertó en mí algo indescriptible. La historia está basada en el marqués de Comillas, que se fue a Cuba con catorce años a probar suerte. Toda esta información está mezclada con mi imaginación y con lo que sabía. Alterno los capítulos, unos en España, en Comillas o en Cádiz, y otros en Cuba, que era un buen destino.

¿Te ha sido difícil alternar capítulos en Comillas y otros en Cuba?

Es una estructura más complicada porque tienes que llevar dos hilos conductores a la vez, con sus personajes, que en algún momento se cruzan. Lo hice por un reto personal, para tenerlo un poco más complicado, porque yo escribo por placer. Es una necesidad que me sale de dentro. Me gusta ponerme retos complicados para ver si los puedo cumplir, y escribir este libro fue uno. Actualmente tengo otro, y así es como voy funcionando. Hay cosas que sí me salen y otras que no y las tengo que dejar porque son muy complicadas y no tengo capacidad o la suficiente paciencia para realizarlas.

Te has documentado mucho para escribir la novela.

Claro, tuve que documentarme sobre el Reina de los Ángeles, el marqués, lo que ocurría en Cuba y en España en aquella época… No es solamente escribir. Hay mucho trabajo y muchas horas de estudio y escritura para hacerlo correcto y para evitar esos fallos que se pueden producir por no estar bien informado sobre una época.

¿Qué crees que sentían las personas que en el siglo XIX, sin las comodidades de la actualidad, lo dejaban todo atrás y se iban a miles de kilómetros de su tierra y de su gente?

Hay que ver también cómo se iban. Se iban con mucha ilusión, la mayoría un poco engañados. Pero también iban con mucho miedo, con incertidumbre. Casi siempre eran personas pobres que necesitaban lo más básico. Era una huida hacia adelante porque allí no tenían ninguna posibilidad. Por eso se iban con ilusión mezclado con miedo.

¿Cuánto dolor crees que experimenta una mujer que debe huir dejando a sus hijos atrás?

No solamente eso, sino después de haber sido violada brutalmente durante muchísimo tiempo. El hilo conductor de la novela es Elena y los sentimientos que le afloran cuando ve a su hijo, cuando nace, cuando ve que se va pareciendo cada vez más a su padre… Eso es un drama para cualquier mujer, y más para una tan joven y débil. Fue un momento terrible. Elena dejó al hijo que había tenido con el hombre al que más odiaba. Quería profundamente a su hijo, pero nunca lo pudo querer como quiso a sus otros hijos porque representaba algo terrible para ella. Sintió amor hacia una criatura que era inocente, pero también rechazo. Además, fíjate que el hijo quiere a su madre como hace cualquier hijo, y la madre tiene que luchar para que el niño no se dé cuenta de que es incapaz de aceptarlo al cien por cien. Es un problema complicadísimo, tanto la violación como tener que alejarte de un hijo.

Durante el viaje en barco hay una epidemia. El covid-19 nos ha pillado a todos por sorpresa, pero las epidemias siempre han existido, como deja ver tu novela.

Cuando lo escribí no teníamos ni idea del covid-19. Las epidemias parece que son nuevas, pero han existido a lo largo de la historia de la humanidad. Son enfermedades que pasan a muchísima gente durante una época y en una o varias zonas. En el imperio Romano e incluso antes, en la India, ya se hablaba de epidemias. En esa época, en los barcos, existían estas enfermedades porque estaban todos juntos. Ya se sabía cómo había que actuar: se deshacían del cadáver porque podía infectar. Parece que estamos inventando algo, pero son normas que ya se saben desde hace muchísimo tiempo.

Hay otro lazo con la actualidad. Recuerda a las mujeres que embarcan a sus hijos desde África hacia Europa buscando que aquí encuentren un futuro mejor, ¿no?

Los flujos migratorios han existido desde que el hombre es hombre, y van a existir. Cuando una persona se va de su casa, es porque huye de miserias, de guerras, de calamidades. Debemos tenerlo muy presente a la hora de echar una mirada a la inmigración. Hay que entender por qué vienen y en qué condiciones lo hacen, y ser más caritativos. Tener una mirada más humana. Yo lo tengo presente en esta novela porque creo que hay que darse cuenta de estas circunstancias.

¿Definirías a los personajes de Antonio y Emilio como idealistas?

Totalmente, sobre todo Emilio. Él era un hombre idealista, y además una persona con una cultura y unos galones tremendos. Emprender el viaje como lo hizo él, desde el País Vasco hasta Cádiz en carreta, andando y comiendo zanahorias… Era un hombre que se quería comer el mundo. Antonio es más pragmático. Tuvo que salir de Cantabria empujado por la miseria, pero también porque tenía asuntos turbios con la justicia. Se fue con la ilusión de convertirse en un indiano para ayudar a su madre.

Algunos personajes de El Reina de los Ángeles llevan vidas que son puro fingimiento. La gente sigue mostrando, en la actualidad, un disfraz o una vida que no es real, sobre todo en las redes sociales. ¿Qué opinas?

Las redes sociales son el postureo por excelencia. Yo las he utilizado durante muchísimo tiempo, sobre todo Facebook, y veía vidas maravillosas, llenas de momentos idílicos y envidiables. Si por casualidad conocías a la persona, te dabas cuenta de que todo era mentira. Es una manera de exhibirse dando un perfil que no es el propio. Agradeces cuando ves a alguien sensato o que muestra su sensibilidad, su forma de ver las cosas con humildad y sin dar pretensión de deslumbrar a nadie. En las redes sociales también se insulta, se machaca… Esa es la parte negativa. La parte positiva es que puedes encontrar personas que muestran su vena artística, lúdica…

Por último, De la Corte nos recomienda varios libros que le han gustado. Ella reconoce que no es de recomendar, porque cada persona tiene sus gustos, pero nos habla de su pasión por escritores sudamericanos como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o Jorge Luis Borges. También le gustan los rusos, y por supuesto escritores españoles como Almudena Grandes, Juan Marsé y su Últimas tardes con Teresa, Luis Landero y su Juegos de la edad tardía, José Luis Sampedro, Carmen Martín Gaite, Gonzalo Torrente Ballester… También menciona a Aldous Huxley, y asegura que para escribir su novela ha leído a autores de la época como Alarcón, Juan Valera, Benito Pérez Galdós o Gustave Flaubert «para que los diálogos y las expresiones estuvieran bien ubicadas en el siglo».

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