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‘Torrente 3, El Protector’, y la reflexión a la que esta parte lleva

por Rubén Pareja Ramírez

“Pensaban que solo era un imbécil… Acertaron”. Tras sus dos exitosas películas, Santiago Segura continuaba dispuesto a seguir dando rienda suelta a Torrente en la gran pantalla. Por eso, el casposo policía español volvió a aparecer en 2005 en su tercera película, «El Protector».

Esta aventura resulta ser una parodia de «El Guardaespaldas», película que a Segura, al parecer, no gusta, así que decidió versionarla a su manera. Podemos considerar esta la peor entrega de la saga -aunque a veces tengo mi dilema entre esta y “Torrente 4”-, ya que a priori parece que aquí no está ocurriendo nada, salvo una sucesión de gags y cameos de famosos escogidos para hacer reír durante los entrenamientos u otras situaciones, sin más, mientras esperamos a que llegue el final.

Después de su frenética aventura en Marbella, toca regresar a Madrid, donde al policía le encargan proteger a la eurodiputada italiana Giannina Ricci (Yvonne Sciò), que se dispone a visitar la capital para denunciar, en un foro ecológico internacional, las irregularidades de varias empresas, entre las que está una llamada Petronosa. Su dueño, Montellini, se siente preocupado, ya que el cierre de la misma podría suponer perder muchísimo dinero. Por eso, tiene sobornados a unos policías que le sugieren contratar a indicado energúmeno, cuya protección a la señorita Ricci no está muy garantizada…

En esta aventura se muestra el lado más personal de Torrente. Además de sus aventuras con su amigo Josito (José Mota) y con el agente Solís (Javier Gutiérrez), el policía hace una visita a su abuela (Tony Leblanc), quien le presentará a su hijo, Pepito (Carlos Latre). Así, Torrente pasará bastante tiempo junto a este. Y en una de esas ocasiones recordará un momento de su infancia en el que iba al alterne con su tío Mauricio (de este modo, en esta parte Leblanc interpreta a dos personajes). Ahí se muestra cómo el pequeño José Luis (Eduardo García) aprendió a lavarse las manos antes de hacer sus esfínteres, o cómo descubrió el arte de las “pajillas”.

Esta escena resulta muy divertida, sobre todo por la gracia que, en aquella época, daba ver al niño de la famosa serie “Aquí no hay quien viva”, que interpretaba a un personaje gamberrete. Eso le sirvió de filón entonces a Segura para que hiciera un papel que no estaba muy lejos del que acostumbraba a interpretar precisamente…

“Torrente 3: El Protector” es fantásticamente extraordinaria en efectos especiales. Para empezar, la escena del accidente del avión contra las Torres Kio, para la que Segura encargó que se hiciera una réplica de ambos edificios. Frente a un fondo croma y mediante unas explosiones, fue posible preparar aquella impactante parodia de los atentados del 11 de septiembre del World Trade Center neoyorquino. Y la escena de la persecución en el vehículo se considera una de las mejores que se han hecho en el cine español. Para rodarla fue incluso necesario trasladarse a Buenos Aires, a una avenida cuya arquitectura resulta muy similar a la de la Gran Vía de Madrid. Además, en este punto, Segura prescindió totalmente de dobles para realizar la peligrosa parte del camión, ya que consideró que él “estaba para su público, que había pagado el dinero en ver la película”, a pesar del riesgo que ello podía conllevar.

En la intro, por otro lado, continúan los guiños a James Bond, como se consiguió hacer muy bien en la segunda parte. En esta ocasión, Rosa López interpreta el tema “El protector”, y ahí vemos a nuestro héroe sobando a mujeres desnudas entre los créditos, los cuales sirven para hacer gags con el protagonista.

Pero, en lo que se refiere a la trama argumental, esta cinta no llega al aprobado. A partir de esta película, la cosa se iba a degradar bastante, ya que Santiago Segura empezaría a echar mano principalmente de personajes muy conocidos, que iban a pasar a ser un elemento más de la trama. Basándome en la célebre frase de Ortega y Gasset, “Torrente 3” se puede considerar el protagonista y sus circunstancias. El centro de atención es, simplemente, ese. Los momentos de chorradas en las que Torrente se ve involucrado y las que él mismo protagoniza mientras transcurre la película. De hecho, tenemos unas cuantas escenas que aparecen seguidas y que no aportan mucho a la trama. Me refiero, por ejemplo, a la de los recuerdos de Torrente de niño, seguido de sus aventuras con Josito en el puticlub; la viagra; cuando va a la habitación de Gianinna a despertarla y la famosa secuencia de las “pajillas”…

El director lamentaría después que la película no hubiera sido nominada a ningún Goya tras las fabulosas escenas de acción y los medios empleados, si bien se llevó dos premios Godoy. Estos eran unos galardones que se dieron, hasta el 2007, a las que se consideraban peores películas. En este caso, fueron al peor actor de reparto (Carlos Latre) y al peor guión. 

Servidor en este punto cree necesario que nos planteemos cómo debería ser una obra audiovisual digna de su reconocimiento. Porque, a pesar de lo espectacular que pueda ser visualmente, debe estar acompañada de un guión ciertamente coherente y atractivo. Prueba de ello son películas como “El quinto elemento” o “Avatar”, esta última con una tecnología bestial, que van acompañadas de un argumento de calidad. 

El uso de más o menos tecnología en una película no implica que esta vaya a ser para tirar cohetes. La cantidad de animación digital que se usó, por ejemplo, en las tres precuelas de “Star Wars” no consiguió que estas resulten más atractivas que la trilogía original. De hecho, el episodio V, “El Imperio contraataca”, es considerada a día de hoy la mejor parte de la saga, a pesar de que sus efectos especiales se queden hoy muy anticuados (que a uno le fascinan a pesar de todo, oye). Entonces sirve de poco que invirtamos dinero en una vasta tecnología y en espectaculares escenas si a estas las acompaña un guión y argumento poco conseguidos (por no hablar del final, que resulta ser un gag en el que acaban en la Casa Blanca protegiendo a George Bush).

Las escenas subidas de tono en “Torrente 3” forman parte del hilo de la película, ya que se suceden muy frecuentemente, de diferentes formas. El homenaje a “Rocky” es una de las partes que se salvan, cuando vemos al protagonista subir las escaleras en el Valle de los Caídos como lo hace Stallone durante sus sesiones de footing en cada película. Y también es divertido el regreso de Cañita Brava reclamando a Torrente, siete años después, sus 6.000 pesetas de güisqui. Aquí Segura trata también, en gran medida, el tema de la inmigración que, durante el gobierno de Zapatero, no fue un asunto de menos debate que ahora. Aquí nuestro héroe se aprovecha de ciertos extranjeros, a los que acusa de “venir a dar por culo a un país que no es suyo”, o manifiesta que los sudamericanos “son una degeneración de la raza”.

Cabe destacar la escena en la que, tras fallecer su abuela, Torrente tira al suelo la Cruz de Caravaca y la pisotea, tras haber jurado antes que cuidaría de su hijo y que iba a tolerar a sus amigos (dos “moros” y un “negro”). Santiago Segura se buscó aquí un problema, ya que los de la cofradía de la misma amenazaron con querellarse. En menos de una semana, el director les envió una carta pidiéndoles disculpas y asegurándoles que “Torrente, a través de sus actos, demuestra lo terriblemente miserable que puede llegar a ser”.

Cabe destacar que en esta película, salvo en la persecución (obvio) y en un par de escenas más, nuestro héroe aparece poco en exteriores. Al menos causa esa sensación de estar más dentro que fuera. Y ahí tenemos “Coherence”, una película en la que, prácticamente, los protagonistas no salen de la casa en todo el rato, y que tiene una trama que consigue tenerte atrapado.

En medio de esta sucesión de chistes, algunos que pueden resultar de dudoso gusto, como el de la citada cruz, y de escenas picantes, en “Torrente 3” podemos ver espectaculares momentos de acción que consiguen salvar esta película pobre en guión y en argumento, que sirven de excusa para que continuemos la saga. Total, al fin y al cabo es a reírnos con él a lo que vamos…

En 2011 se estrenaría “Torrente 4: Lethal Crisis”, ligeramente mejor que su predecesora y que estuvo disponible en los cines en 3D estereoscópico, con el objetivo de ponerse al día ante la cantidad de películas que a principios de esta década se empezaron a proyectar en este formato

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