Un mundo de hormigas debajo de nosotros

Hay una nueva especie de cerdo en el mundo. Tiene un pico más largo que una gallina, escamas y una cola achaparrada. Se llama «cerdo trufero» y protagoniza la nueva novela de Fernando A. Flores (Reynosa, 1982). Este autor mexicano admira a escritores como Mariana Enríquez, Alejandro Zambra y Helen Oyeyemi. Por eso, en Las lágrimas del cerdo trufero (Bunker Books, 2020, con traducción de Marta Díaz Rodríguez) se percibe un canto surrealista contra las impurezas del mundo real.

Después de publicar su libro de relatos Death to the Bullshit Artists of South Texas, Flores ha lanzado su primera novela. Escrita originalmente en inglés, Las lágrimas del cerdo trufero incluye multitud de vocablos y expresiones en español. Asimismo, es un debut arriesgado pero exitoso que se va a llevar a la gran pantalla.

La editorial Bunker Books ha vuelto a apostar por un autor canalla con una gran proyección internacional —y éxito en Estados Unidos—. En esta ocasión, se trata de una novela que mezcla la distopía con el realismo mágico desde una perspectiva bizarra. La historia está protagonizada por Esteban Bellacosa, un hombre que vive en el Sur de Texas. Durante toda la novela se mueve entre México y Estados Unidos. La frontera entre ambos países es un ente que cobra fuerza en la historia. Bellacosa la cruza para volver al pasado y al presente, para ir a su mundo y para construirse otro nuevo.

Estas fronteras de realidad e irrealidad reflejan otros temas como la inmigración y el capitalismo feroz. Las lágrimas del cerdo trufero tiene un alto contenido social y político. De hecho, Flores dedica el libro a «todos los desaparecidos». Comprometido con la inmigración mexicana, el autor también hace fluir temas como las barreras y las clases sociales.

Mientras Bellacosa viaja por su propia historia recordando a su esposa y a su hija, ambas fallecidas, el narrador en tercera persona relata sucesos tecnológicos y futuristas tales como la filtración de animales, una técnica que permite crear nuevas especies de animales. Uno de ellos es el cerdo trufero, un animal de exótica composición anatómica.

La obra está dividida en dos partes y tiene un epílogo, aunque es la primera parte la que tiene mayor extensión. En ella, el narrador se mueve por páramos inhóspitos y recuerdos de antaño en busca de agravios y lugares abandonados. El polvo y la aridez del lugar pronto emborronan la visión de un lector abocado a caer en las garras de una novela movediza y llena de historias engarzadas.

Esta novela también es un reflejo del estado actual de la tierra —y de la Tierra, con mayúsculas— y de su venganza contra el hombre, considerado un salvaje, un animal, una enfermedad. En la novela ha habido una escasez de alimentos que ha acabado con una quinta parte de la población mundial. Han inventado nuevos sistemas para abastecer de comida a la población y para crear alimentos de forma rápida. Aun así, esto, junto a un colapso económico que ha ocurrido en México, hace difícil la supervivencia en un mundo que se oscurece por momentos. El tráfico de animales y los clanes que actúan de forma despiadada contra tribus y grupos concretos hacen el resto.

Esta novela concernista dibuja un futurible no apocalíptico que, sin embargo, al lector actual le puede sonar distópico o irreal. Flores equilibra la fuerza de la historia y su contexto político-social con la fuerza del protagonista de la historia, de manera que ninguno destaque sobre el otro.

Bellacosa es un hombre que pasa desapercibido y que guarda una historia familiar trágica a sus espaldas. Es melancólico, pero en él el luto no tiene presencia. El misterio de los cerdos truferos o el robo de trece cabezas de la era olmeca alientan a un personaje en busca de su propia realidad. Parco en palabras, Bellacosa sufre su tristeza en soledad. No bebe con frecuencia, pero de vez en cuando se echa una copa y escucha música antigua. Pese a la fuerza de la historia, tras esta se esconde el trasfondo de una vida en constante lucha y supervivencia.

Así, con el paso de las páginas se va desgranando la historia: las luchas por el poder, la intrincada red de ambiciones, clanes, crímenes e intereses, la vigilancia, la violencia policial y las drogas. La novela de Flores mantiene las características de una historia ficticia, pero verosímil y, al mismo tiempo, es una trama excéntrica con tintes surrealistas. Construye una historia propia que representa el sueño americano desde una perspectiva diferente a la convencional.

Al final, el lector no sabe discernir qué es real y qué no, si los sueños son la realidad o si los recuerdos que tenemos realmente ocurrieron. Las culturas ancestrales se mezclan con la contemporaneidad y los símbolos de ambas explosionan hacia un futuro lleno de avaricia e inhumanidad. Flores dibuja aquí un espejo sobre el que cada lector puede vislumbrar su propio subconsciente mientras viaja por un mundo de irrealidad que también tiene, sin embargo, trazas de fraternidad.

En Nostromo Magazine hemos hablado con Fernando A. Flores sobre Estados Unidos, México y distopías. Es decir, sobre su libro, que aglutina todo eso y más. Este ha sido el resultado:

Esta es tu primera novela después de tu libro de relatos. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Si soy honesto, Las lágrimas del cerdo trufero es mi tercera o cuarta novela, y estoy agradecido de que esas primeras no se hayan publicado. Necesité escribir mucho para descubrir qué tipo de escritor quería llegar a ser. Los relatos son como robar un banco, entras y sales lo más rápido posible. En una novela tienes que vivir en la historia, encima y debajo de ella hasta que termines el primer borrador. Tienes que acampar con ella hasta que esté lista.

Portada ‘Las lágrimas del cerdo trufero’ / Bunker Books

¿Cómo surgió la idea para la novela? ¿Tuvo algo que ver la victoria de Trump en 2016?

El primer borrador de la novela, que se parece mucho al resultado final, lo empecé en octubre de 2014 y lo terminé tres meses después, en enero de 2015, antes de que Trump anunciara su candidatura a las elecciones de Estados Unidos. Los temas de la novela son cosas que todos nosotros aquí, en la frontera, hemos vivido a lo largo de toda nuestra vida. Lo que Trump hizo fue solo amplificar conceptos como el muro y la inmigración.

Sin embargo, cuando anunció su candidatura y posteriormente ganó, yo todavía no tenía un agente literario, y fue realmente desesperante que este libro se publicara. Quizás suene raro, pero estaba convencido de que alguien más escribiría una historia como esta y no quería que eso ocurriera antes de que se publicara este libro.

¿Es el hombre la enfermedad de la Tierra?

No estoy seguro de que mi perspectiva de la vida sea tan pesimista como para decir algo como eso. Quizás con veinte años habría dicho que sí. Si la vida es la enfermedad, ¿significa eso que la muerte en masa sería la solución? No estoy tan seguro.

¿El filtrado de animales del que hablas en la novela solo consiste en traer animales extintos a la vida o también clonarlos?

Estaba interesado en la idea de cosechar animales y vidas, que quizá es más orgánico que clonar, ya que ahí los seres vivos crecen de la propia tierra. Pero surge un problema filosófico en torno a esto: ¿puede la vida simplemente crecer y cosecharse? ¿Y qué hay del alma y el espíritu? ¿Cómo afectaría esto a la vida animal actual en el mundo? Estas son las preguntas que me interesaban en todo el libro. Incluso aunque no haya respuestas detalladas intenté esparcir esas ideas en la novela.

¿De dónde salen todos los temas de tu novela: filtrado de animales, robo de cabezas olmecas, tribus antiguas…? ¿En qué te inspiraste para hablar de todos estos temas?

Creo que todos esos temas son conceptos y conflictos que actualmente existen alrededor de esta tierra, en el conflicto entre Estados Unidos y México y en la vida en la frontera. Mi dilema como escritor era ubicar esas cosas en la imaginación. Escribir esta novela fue una experiencia espantosa porque no tenía ni idea de qué iba a pasar de una página a la siguiente. Las cabezas olmecas, la tribu aranaña, el filtrado de animales… todas las cosas aparecieron de forma orgánica durante el proceso de escritura. Había hitos en la narrativa que yo conocía y a los que quería llegar, pero cómo lo iba a hacer era un misterio cada día.

¿Te documentaste para escribirla?

La documentación más importante que realicé para escribir Las lágrimas del cerdo trufero fue la que me llegó solo desde la imaginación. Si hay algún concepto existente que aparece en el libro es por pura coincidencia, ya que yo quise que esta novela versara más sobre el subconsciente del sur de Texas que sobre cualquier otra cosa que pudiera descubrirse con investigación, ya fuera científica o geográfica.

¿Eres pesimista ante el futuro en el continente americano y en el mundo en general?

Como persona que abandonó la universidad, nunca tuve mentores ni a nadie que me animara a ser creativo o a escribir, y tuve que trabajar para no convertirme en alguien pesimista. Ser escritor es estar abierto al rechazo y aceptar el dolor que este trae. Pero al mismo tiempo tampoco sé si soy totalmente optimista. Hay muchas cosas buenas de las que disfrutar en la vida, y yo intento poner la atención en esas cosas incluso en los malos momentos.

Fernando A. Flores / Bunker Books

¿Piensas que el ser humano actual es más materialista, vanidoso y egoísta que en ningún otro momento de la Historia?

No estoy seguro. Quizás haya sido siempre así. Solo podemos vivir el presente, así que no hay modo de saberlo. Quizás la tecnología nos haya hecho más conscientes de nuestra propia imagen, pero hay maneras de rechazar el materialismo y la vanidad extremas. Hay formas de vivir fuera de la norma incluso aunque estemos constantemente rodeados por ella.

¿Qué probabilidad hay de que ocurra el colapso económico del que hablas en tu novela?

No tengo ni idea. ¿Hay algo posible ahora? ¿Si los extraterrestres aterrizaran mañana me sorprendería? ¿Si la economía entera colapsara me escandalizaría? Quizás un poco.

¿Cómo ves el futuro de los jóvenes mexicanos y la vida en la frontera entre México y Estados Unidos?

Desafortunadamente, no tengo ni idea. Quizás esto también responde a la anterior pregunta. Pienso que escribir una novela consiste más en hacer preguntas que en responderlas. Escribir una novela, el modo en que he escrito esta en concreto consistió más en intentar hacer que la gente vea qué está pasando en nuestro mundo desde una perspectiva ligeramente diferente. Si esta novela ha conseguido eso, aunque sea un poco, y al mismo tiempo ha entretenido al lector, entonces estoy agradecido y feliz.

*Todas las fotografías del artículo están cedidas por Bunker Books

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