
Todas las personas a las que Dimitri Verhulst (Bélgica, 1972) ha dedicado un libro en alguna ocasión luego le han terminado dando la espalda. Eso escribe el autor en el colofón de Nuestro corresponsal en el vacío. Diarios sin fecha (Bunker Books, 2022, con traducción al castellano de Catalina Ginard Féron), un libro bastante duro que relata la vida y las experiencias de un narrador atormentado, adicto y con ideas suicidas.
El autor nació en una familia desestructurada y pasó parte de su infancia en hogares de acogida e instituciones. Su novela La miseria de las cosas se llevó al cine y ganó un premio en el Festival de Cannes en 2009 y también en otros festivales, llegando a representar a Bélgica en los Oscars.
Esta obra está compuesta por pequeñas píldoras de una parte de la vida del narrador y de su día a día, además de reflexiones, sueños, ilusiones y su pasado. El protagonista de esta novela se llama igual que el autor, es alcohólico y cocainómano y no quiere seguir la senda de su padre, que murió de cáncer por malos hábitos. Se dedica a escribir y por tanto viaja a ferias del libro y se aloja en hoteles donde consuma sus vicios. Carga con su padre y sus orígenes en la cabeza para no repetir la historia. Aun así, el narrador pasea por antros y lugares sórdidos y se hunde en pozos de adicción y desesperanza. Estos paseos derivan finalmente en un viaje hacia su interior para conocer el nihilismo, que puede llevarle a la salvación o que puede hacerle caer en el abismo definitivamente.
Nuestro corresponsal en el vacío es la confesión sincera de un ser humano sobre la oscuridad dentro de sí. Además, con grandes dosis de autobiografía. La obra está dividida en dos partes y trata temas como las adicciones, la muerte, el suicidio, las relaciones entre personas, la soledad, la tristeza, las oportunidades desaprovechadas, la decadencia de la sociedad, la desesperanza y, por supuesto, el sentido de la vida. Habla sobre gente que está completamente perdida y que es insalvable, la pérdida del norte y del rumbo de sus vidas. El propio protagonista, desde la primera página, ya lleva dos noches sin dormir y sale a beber para no pensar y no autodestruirse, que es su única voluntad.
En el libro hay una evolución, pues al principio el protagonista extraña la presencia de un perro, porque necesita la compañía de un animal que le quiera tal y como es, y hacia el final ya se encontrará en una situación mejor y con uno, aunque enfermo. El autor dice que el amor, el alcohol, los cigarrillos y las drogas son cuatro fuerzas destructoras, y él parece irremediablemente aferrado al menos a la mayoría de ellas. Aun así, añade: «El amor que no te destruye te resulta demasiado soso».
El narrador es un acérrimo defensor de la verdad, e incluye toques de humor como cuando dice: «Esta semana he creído oler de nuevo a mi padre, pero eran mis pies». Reconoce que los hoteles son los lugares donde es más consciente de su soledad y confiesa que todo lo que tiene valor es vulnerable. Critica la moda y las sobreactuaciones de la sociedad actual, como las despedidas de soltera, y a Suecia, del que se dice que es el país con mayor índice de felicidad. Él, sin embargo, asegura que no ha sido más infeliz en ninguna otra parte que allí.
Desde el vacío, Verhulst escribe una crónica del viaje a los infiernos de su protagonista. Durante toda la obra, se mueve cual funambulista por la cuerda, ve el precipicio y se decide a no caer. En Nostromo Magazine hemos hablado con Dimitri Verhulst sobre la escritura, el suicidio y la salud mental, y este ha sido el resultado:
¿Cuál fue el impulso que le empujó a escribir esta historia?
La persona que fracasa es más interesante que la que gana. Prefiero una literatura valiente a una fácil; una literatura en la que se aborden los tabúes, una en la que el escritor ponga la honestidad por encima de la vanidad. Yo estaba en ese punto en el que ya no tenía derecho a la vanidad. Y como no soy original, soy un ser humano como todos, puede que esto también concierne a otros.
Sé que será una pregunta recurrente, pero si tuviera que decir cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en porcentaje, ¿qué proporción daría? ¿50-50? ¿100-0?
J.K. Rowling tiene esa ventaja: nadie le preguntará hasta qué punto es autobiográfico Harry Potter. No voy a decir que el aspecto autobiográfico en este libro no sea adulterado, a veces el estilo tiene que estar por encima de la realidad, pero el protagonista de este libro me afeita la barba a veces, sí, efectivamente.
Por ejemplo, el suicidio de Tim, el compañero del narrador, ¿es algo que usted vivió en primera persona? ¿Qué presencia ha tenido el suicidio en su vida y en la de las personas de su alrededor? ¿Cree que es necesario darle más visibilidad en los medios de comunicación?
Para empezar, tuve un padre suicida. Mi tío se voló la cabeza con un rifle. El tema me es familiar, por así decirlo. El suicidio es lo que eleva a la humanidad por encima de los animales. Una sociedad que deliberadamente hace la vista gorda a esto esencialmente toca la civilización del hombre. Se trata de la autodeterminación. El derecho a ser feliz pesa tanto como el derecho a no querer ser infeliz.
¿Qué puede hacer una persona que sienta un vacío en su interior y que tenga pensamientos suicidas?
Puede suicidarse, por supuesto. Es la solución más fácil. Pero también puede plantar árboles o reparar su canalón. O puede observar a las personas felices y descubrir que suelen ser aburridas. El vacío es a menudo plenitud: de vida, de experiencias, de perspicacia. Observa la aparición de la felicidad en Facebook, eso es lo que yo llamaría vacío.
En cuanto al viaje a Los Ángeles que hace el narrador, ¿por qué se produce esa decadencia que él detecta en la ciudad? ¿Interesa mantenerla?
El blasón limpio de Hollywood es decadente. Se trata de la apariencia. Es un arnés de la suerte, pero no hay nada en él.
Este libro está lleno de búsqueda del sentido de la vida, que es algo que aborda a todas las personas. Sin embargo, ¿crees que la gente reflexiona y habla sobre ello en la actualidad? ¿Las religiones ayudan en el sentido de la vida a las personas?
Las religiones se preocupan más por el sentido de la muerte. Para el sentido de la vida, cada uno debe consultarse a sí mismo. Pero no olvides que no tienes que procrear para tener buen sexo. Puedes bailar en una fiesta sin sentido. Para mí el sentido de la vida es la vida misma.
El narrador dice: «La belleza es el mayor enemigo natural del ser humano». ¿Por qué lo cree?
Eso es bastante sarcástico, para expresar que tenemos un gran talento para la fealdad.
¿Cuál piensa que es la peor enfermedad que azota a los individuos en este momento histórico?
El avance de la estupidez me preocupa. Así como el miedo al aburrimiento. Todo el mundo va a consultar su teléfono cuando está aburrido. Mientras que todo sucede ahí: en el aburrimiento. La creatividad nace ahí, sin que nos demos cuenta. No existe la posibilidad de no hacer nada. No existe el pensar en nada. Pero apagamos la magia de nuestro cerebro viendo videos de gatos.
En la sala del médico, el narrador lee que la obesidad es la principal causa de muerte en el país. Por otro lado, el narrador siente soledad y habla sobre ella. Hace unos meses leí una cita en la prensa española que pedía que se combatiera la soledad al mismo nivel que la obesidad. ¿Cómo podría tratarse la soledad para que no siga siendo una enfermedad tan mortal?
No lo sé. Vivir es una enfermedad mortal.
¿En unos años la salud mental será un bien de lujo que muy pocos poseerán?
El bienestar es siempre un producto de lujo. Y siempre lo ha sido. La inmensa mayoría de la humanidad pasa hambre, pobreza o guerra. Muchos africanos no tienen la crisis de la mediana edad, porque simplemente ya han fallecido. Es bueno darse cuenta de ello. La infelicidad que conocemos en el Oeste suele ser un efecto secundario de nuestra indulgencia.
Hay una cita atribuida a Fernando Pessoa que dice: «La existencia de la literatura es la prueba evidente de que la vida no basta». Pero hay vidas, como la del narrador de este libro, que parecen ser suficientes por las experiencias que describen.
No podemos aceptar que la vida no sea suficiente. Por eso nos reproducimos en seres que también deben morir. Por eso escribimos libros que un día ya no se leerán. En nuestra lucha contra la mortalidad, creamos aún más mortalidad. Y eso sigue siendo más divertido que ver telenovelas.
¿Buscaba una especie de expiación con la escritura de este libro?
No se puede curar el pasado escribiendo. Siempre hay un entrevistador que te enfrentará de nuevo a ese pasado, por ejemplo. Pero no es necesario. La expiación no me interesa. O no la busco, al menos. En realidad, escribo porque no tengo otra opción. Es una llamada del dios en el que no creo.
Por último, ¿podría darnos algunas recomendaciones literarias? Libros que le gusten, que le hayan marcado…
Louis-Ferdinand Céline, Maurice Pons, Jeroen Brouwers, Louis Paul Boon, Siegfried Lenz, Albertine Sarazin, José Saramago, Albert Camus, Gabriel García Márquez, Henry Miller, Fleur Jaeggy… Qué alegría. Hay tanta calidad. La literatura es el paraíso, con mucha comida para todos. Es jazz y rock’n roll.
A título personal: ¿cómo están la perrita Zowie y la gata Pina, enfermas hacia el final del libro? ¿Han mejorado?
Acaban de morder mis zapatos en pedazos, así que supongo que están en buena forma.


