Opiniones del “nuevo” Retropíxel celebrado el 3, 4 y 5 de julio

Retropíxel se celebró el 3, 4 y 5 de julio en el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga. Te damos nuestra opinión sobre el evento.

Desde que supe de su existencia en 2017, Retropíxel es para mí una cita sagrada. Es una experiencia única, que se nutre de todo lo que hay allí. Se puede decir que todos los asistentes contribuimos a que esto sea lo más. 

La Bella Julieta desayuno

Sin contar, por supuesto, los dos años fuertes del COVID (2020 y 2021) en los que no se celebró, la pasada edición de Retropixel fue la única a la que no pude acudir, porque estuve lejos de Málaga. Por suerte, esta vez, la cosa ha compensado bastante. Este año, no se iba a celebrar en abril, como de costumbre: iba a tener lugar los días 3, 4 y 5 de julio. Y, además, estrenaba nueva ubicación: el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga.

Frente a la habitual sede, en la Facultad de Derecho de la UMA, este nuevo lugar es lo mejor que le ha podido ocurrir a este fabuloso evento. Algunos de los organizadores con los que hablé se mostraron contentos con el sitio y confían en que se vaya a quedar aquí en adelante. El mayor espacio con el que cuentan les favorece y ahora todo está bien separado y señalizado: al entrar en el FYCMA, están el museo de consolas y ordenadores de los ochenta, por un lado, y varios videojuegos clásicos por otro.

A continuación, el stand de Videojuegos x Alimentos, una entidad solidaria dispuesta a recaudar la mayor cantidad de comida posible para aquellos que más lo necesitan. En el caso de Málaga, se destina a los Ángeles Malagueños de la Noche. Tú llevas tus kilos de comida y ellos, según el sistema de puntuación que establecen, te lo canjean por unos puntos que puedes usar para llevarte interesantes juegos, reliquias u objetos de merchandising.

Y, tras atravesar el patio del FYCMA, allí están todos los “cacharros” preparados, aunque no es lo único bueno que te ofrecen aquí… Gracias al nuevo espacio, están bien separadas las máquinas arcade; los ordenadores y consolas de los ochenta; y las videoconsolas más recientes como la PS3 o la XBOX 360 que, como todo en esta vida, también se van quedando antiguas y por eso merecen su espacio en Retropíxel…

Toda esta fiesta es posible gracias a los miembros de ALTAIR, una asociación cuyo objeto es dar a conocer la informática retro. Ellos tienen un blog, “Retro entre amigos”, donde hacen podcasts o artículos en los que analizan aquellos juegos o dispositivos.

Mi “triplete” en Retropíxel -sí, fui los tres días- fue estupendo. Cabe destacar que formaba parte del “Andalucía Play Fest” donde, además, se celebraba Guadalindie, otra muestra nada despreciable, en la que los desarrolladores de juegos independientes exponen sus creaciones o proyectos, muchos de ellos disponibles en Steam. Gracias a ello, Retropíxel pudo atraer a un mayor número de curiosos que, hasta entonces, quizás no lo conocieran o directamente no se habrían desplazado hasta la UMA.

El viernes, al menos por la mañana, al ser laborable, estaba un poquito vacía la cosa. Pero el fin de semana sí había ambiente. Lo bonito de esto es ver cómo los niños más pequeños sienten curiosidad por esos ordenadores de 8 bits y pasan rato jugando con ellos. Hablo de reliquias como el Amstrad CPC, el Commodore 64 o el ZX Spectrum. Este último ordenador propició la “edad de oro del software español”: un grupo de emergentes chavales desarrolladores colocaron a España el segundo creador de videojuegos en Europa, por detrás del Reino Unido…

Hubo dos chiquillos que jugaron… ¡con una Atari 2600! Aunque es obvio que, al rato, se hartaron. Se trataba de un pilla pilla que desarrolló un muchacho de 27 años, que me dejó impresionado con sus propósitos. Él pertenece a la asociación AHERO, que, entre otras cosas, fomenta la creación de videojuegos caseros. Y él, por su parte, crea sus propios juegos para esta consola.

Como este año, además del 30 aniversario de la Nintendo 64, se conmemoraba la existencia del microprocesador Z80, una persona de Sevilla tenía preparado un brazo robot que estaba programado en un antiguo MSX, de Sony. Entonces tú tenías que usar dos Joysticks del Atari para acercar o alejar dicho brazo; abrir o cerrar la garra, y así ir cogiendo unas barras de silicona, extraerlas y soltarlas en una caja pequeña. Conseguí hacerlo con todas.

En cuanto a mis vivencias, jugué con mi hermano al “Street Fighter 3” o al “Gran Turismo 3”. Que es lo mismo que hacemos en casa, pero en medio de todo este ambiente es especial. Él jugó con un amigo a “The House of the Dead 2” de Dreamcast, aunque no pudieron con el Emperor; y yo perdí 0-2 contra un colega en el “Pro 2013” de la PS2.

Sobre los concursos, hice el ridículo en el “Micro Hexagon” del Commodore 64 -no duré ni un segundo, para asombro de los organizadores- y, en el torneo de Quake, un chaval de siete u ocho años se clasificó en la fase de grupos, mientras yo caí como una chinche. ¡Ya puede cerrar bocas el crío!

¡Ah! Y no olvidemos la presencia de la tradicional Legión 501 de Star Wars, que se pasa por el mercadillo de alimentos y que alegran el rato a niños y a no tan niños y les permiten hacerse fotos, al ritmo de la banda sonora de la película. Aunque esta vez el calor no les sentaría muy bien…

Como ya has visto, Retropíxel no sólo te ofrece echar partidas, sino aprender curiosidades y también conocer a gente interesante. Yo, en mi caso, ya conozco a muchos de los organizadores, quienes siempre se muestran amables y te pueden sorprender con alguna anécdota. Incluso están los hijos de algunos, como es el caso de “Balrog”, que desprenden alegría y buen rollo. También vale la pena echar un vistazo a las conferencias que organizan. Los temas son diversos, algunos de ellos, disparatados, para sacarte unas risas a la vez que te transmiten interesantes aspectos técnicos o históricos.

Aunque haya durado tres días, uno ya empieza la cuenta atrás para el próximo año que, si mis circunstancias me lo permiten, allí estaré de nuevo, cómo no. Porque mi hermano, en cierto momento en el que creció, sintió mayor atracción por otro famoso y popular festival de videojuegos de Málaga que, según él, “daba mil vueltas a Retropíxel”. Pero al final se dio cuenta de que esto es mucho más. Lo que se vive aquí es mucho más de lo que ofrece cualquier negocio de turno y por eso lo esperamos con las mismas ganas cada año. ¡Hasta la próxima!

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