‘Picasso en la Guerra Civil’, un juego de espejos entre realidad y ficción a la altura del genio republicano. | Nostromo Magazine
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‘Picasso en la Guerra Civil’, un juego de espejos entre realidad y ficción a la altura del genio republicano.

por Daniel Cabello

La Asociación de Autores de Cómic de España entrega este año sus undécimos premios de la asociación, que se celebrarán el 5 de abril en el 37º Cómic Barcelona, y el premiado como reconocimiento a toda una carrera profesional en el cómic será Daniel Torres; historietista valenciano conocido por sus inicios en revistas como El Vibora y El Cairo, así como por crear el famoso personaje internacional Roco Vargas, o por sus obras ‘El octavo día’ o ‘La Casa. Crónica de una conquista’.

Pero el trabajo que vamos a tratar hoy aquí es su última, y cumbre hasta el momento, obra: ‘Picasso en la Guerra Civil’. Y es que esta historieta se ha convertido, en el mismo momento de su salida a la luz en mayo de 2018, en un clásico del cómic español sin duda alguna. Daniel Torres nos presenta un juego de espejos continuos entre realidad y ficción, así como un ejercicio de metacómic delicioso, que empleará para homenajear al genio de la pintura, haciéndolo cumplir su deseo de haber participado en la guerra, y al género al que quizá le habría gustado pertenecer, el de los tebeos.

El contexto de la novela gráfica se ubica en Francia en 1953, donde el protagonista de nuestra historia, que será Francisco Torres, padre del autor y que firma sus obras como “Marcel, presentado como un joven dibujante español en el exilio. Marcel comienza su historia trasladándose desde su ciudad de residencia, Bordeaux, a Nice, en el sur del país galo, donde reside un tal “Monsieur Ruiz”, el cual le ha hecho un encargo para una historieta. Este misterio no es ni más ni menos que el afamado pintor de la época, Pablo Ruiz Picasso, que a la edad de 72 años desea reescribir su historia personal y crear una historieta donde sea dibujado combatiendo en plena Guerra Civil Española, en la que no pudo participar por ser demasiado mayor en el momento de estallar (tenía 55 años en 1936).

De esta manera da comienzo la primera de las historias que nos presenta este cómic, el de la construcción conjunta (entre Marcel y Picasso) de un tebeo en el que este último interviene en la Guerra “para pegarle un tiro a Franco. Esta primera parte se hace fuerte en la construcción de la historia y la proyección de los personajes principales, en un juego constante de espejos entre ambos: un genio en edad avanzada que re resiste a acabar sus obras, porque lo considera un paso más hacia la muerte, y que su vez mantiene el fuego interior de la rabia que le provoca no ser valorado como en sus mejores tiempos, con el joven meticuloso que hace ver al otro los pasos que debe seguir un trabajo como el que están haciendo. El desarrollo de los personajes y su relación de amistad, basada en constantes encuentros y desencuentros, entre ambos creadores es verdaderamente redonda, y no revelaré más detalles, para que os animéis a leerla.

A mediados de la novela, pasaremos al siguiente nivel de la narración, que supone al cómic en sí que han elaborado Marcel y Picasso, llamado “La Verdadera Vida de Pablo Ruiz”, donde tendremos a un Picasso de 25 años en pleno 1938 en Barcelona, deseando participar en el conflicto bélico. Pero conoceremos al protagonista como Pablo Ruiz, dibujante de historietas, que realiza trabajos de cartelería y propaganda para el bando republicano, y no un pintor mundialmente famoso y rico. De hecho, firmará sus obras como “Pegasso” porque nadie sabe decir bien su verdadero nombre. La Barcelona de las trincheras y también de la alegría en mitad del sufrimiento de la guerra está magníficamente retratada, incluyendo a las señoritas de Aviñón y a los amigos de Pablo Picasso: Carles Casagemas y Jaume Sabartés, así como a Georges Braque, al que conocerá en el frente.

El último nivel lo encontramos en un trabajo en formato de libreto satírico que realiza Pablo Ruiz, con el que bombardear al ejército de Franco, y que lleva por nombre Sueños y Mentiras de Franco.

Es de destacar que tanto narrativa como artísticamente, los distintos niveles de la obra son adaptados por Daniel Torres al estilo y dibujo propios de la época en que se sitúan. Para empezar, decide realizar la trama principal con una estructura de tres tiras de viñetas por páginas, su dibujo habitual naturalista y detallado, pero renunciando al color (que tan bien demostró manejar en su anterior obra), optando por presentarlo en blanco y negro y un tono verdoso para la escala de grises. El cómic de Marcel se estructura al estilo de las revistas de tebeos de los años 50-60, con 4 líneas de viñetas por página, y con únicamente uso del blanco y negro, sin sombreados ni volúmenes. Destacan en esta parte la fotografía amarillenta de los periódicos viejos y algunas escenas de brillantez artística, coincidiendo con los sueños y pesadillas del joven Pablo Ruiz. En el libreto final, establece una estructura de 4 espacios para las distintas caricaturas satíricas de Franco y su ejército, todas ellas sublimes, de nuevo en blanco y negro.

Y ya que hablamos del estilo pictórico de la obra, es necesario que hagamos una breve parada en su portada, en la cual tenemos una fusión entre el famoso cartel de ‘¡Armas al hombro!’, de Chaplin y un retrato de Pablo Picasso pintado por Ramón Casas a principios del siglo XX, que Daniel Torres acabará de rematar con la estética propia del miliciano republicano.

Volviendo sobre la historia de Picasso en la Guerra Civil, la novela, además de ser un claro homenaje a la obra y vida de Picasso (y como él, otros tantos artistas que se involucraron con la democracia republicana y contra el fascismo), también lo es al género del cómic, la historieta, y a ese punto de encuentro entre el genio malagueño y el tebeo, que sería el trabajo de propaganda y de esos artistas gráficos, cuyos fusiles eran los lápices. Y con esto, ¡¡AVISO SPOILER!!, cierra el ejercicio de metacómic Daniel Torres al presentarnos una historia donde constantemente el personaje de Picasso (o Pablo Ruiz) está deseando dejar los lápices y pinceles, para cambiarlos por un fusil con el que combatir al fascismo, pero en realidad en ninguno de los niveles de abstracción y reinvención del personaje llega a hacerlo; comprendiendo el protagonista que con su trabajo artístico está empuñando un arma tan valiosa como cañones contra el enemigo.

En definitiva, este es un cómic con múltiples capas que podrá disfrutar cualquier público mínimamente adulto, pero que tiene un valor especial para los amantes de este arte, y que brinda por los artistas comprometidos. Con el premio a la trayectoria por parte de la Asociación de Autores del Cómic se cierra este círculo de agradecimiento al dibujante y escrito comprometido.

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