Estás asistiendo a un momento histórico, ¿vale? Diría que no pasaba algo así desde hace casi 20 años, cuando la tele aún era el centro de atención. Entonces, había batallas entre las dos cadenas fuertes del momento: Antena 3 y Telecinco. Una de ellas la protagonizaron dos de sus famosas series: «Aquí no hay quien viva» contra «Los Serrano». Otra fue durante el Late Night. El programa estrella de esta franja horaria era «Crónicas Marcianas». Lo presentaba Xavier Sardá en el canal de Mediaset y allí pasaban cosas que hoy sería difícil de ver en directo. Antena 3 trajo a Buenafuente, quien empezó a abrirse hueco y el espacio de Telecinco, que ya llevaba años en emisión, aún siendo líder, se despidió.

Hoy, la tele ha cambiado mucho. Y lo ha hecho para peor. Ahora, Internet y sus contenidos a la carta son los que reinan, porque los ingresos por publicidad son mayores, al ser las mediciones de audiencias más precisas (se cuentan por número de reproducciones y no por estimaciones). Así que el modelo de consumo tradicional ya está algo obsoleto y descuidado. Ahora sólo rescatan programas antiguos y hay muy poca innovación. Pero, como decía aquella peli, «nunca digas nunca jamás». Y es que la tele de siempre está viviendo otro atractivo duelo nocturno. Esta vez, entre Antena 3, con su legendario «El Hormiguero»; y La 1, de TVE, con «La Revuelta«, que ha supuesto el salto de David Broncano a la tele en abierto.
El programa presentado por Broncano era la gran apuesta que el canal público tenía preparada para la «vuelta al cole». Llegó un poco tarde, porque primero tenían que desprenderse de lo que iba a acabar siendo el «Grand Prix del otoño», con cuatro entregas aún sin emitir. Había que dejar pista libre en la franja del Access prime time, un tramo horario muy jugoso. O sea, el que viene antes del prime time, que es el plato fuerte de la noche. En este punto, antes de seguir, hay que dedicar unas palabras a Carlos Latre y su «Babylon Show», espacio con el que Telecinco quiso probar suerte en esta atractiva carrera, sin éxito…

«La Revuelta», antes llamado «La Resistencia», se emitía en #0, el ya desaparecido canal de Movistar (en su día, sucesor de Canal +, otro hito histórico en España). Que se emitiera en una plataforma de pago impedía, obviamente, que todos lo conocieran. Esto ahora no ocurriría. pero, aún así, había dudas sobre su recepción. Por un lado, porque Pablo Motos es el rey cada noche, y segundo, por la situación de TVE, cuyos contenidos no suelen convencer al personal. O, más bien, no solían…
Broncano sólo tuvo que esperar a su segundo programa para superar a «El Hormiguero». Por eso digo que esto es historia de la televisión. En su estreno, el lunes 9, el programa de TVE no pudo con Pablo Motos y Victoria Federica. Aún así, cosechó un resultado fantástico. Y un día después, el martes 10, consiguió más audiencia que su competidor mientras se emitían los dos programas juntos. El espacio de las hormigas tuvo más share porque dura más que «La Revuelta». Pero no pasó lo mismo mientras coincidieron ambos. El miércoles 11, al fin lo superó con cierta diferencia, aunque Motos recuperó su posición el jueves con la visita del futbolista Lamine Yamal.
¿Qué decimos de todo esto? Por un lado, «La Revuelta» es muy popular entre los jóvenes, que ya sabemos de qué va, aunque yo tampoco lo he seguido mucho. Me imagino cómo se quedarían quienes pudieron ver el lunes por primera vez todo aquello. Aquí vemos humor sin tapujos. Humor sano, porque no paraban de hacer chistes sobre lo menos esperado. Ahí les da todo igual. Y más de una vez me reí. En su primera emisión, a modo introductorio, se centraron en los bulos que circulaban sobre el dinero que el presentador cobra de la tele pública, o asumían que el espacio no se iba a comer mucho frente a su rival. Uno de los colaboradores llevaba un tatuaje de Pablo Motos en el pecho «para asegurarse el trabajo el año que viene». Digamos que estábamos viendo a una ya popular banda que ahora se deja ver ante toda España.
Aquí es cierto que tenemos un plató con un decorado poco o nada espectacular, y en el que la poca o única música que suena es la de los instrumentos de los colaboradores, a modo de separador. Pero eso basta para tener al público entretenido, gracias a la chispa de las conversaciones con los invitados y demás allí presentes. Uno de los aspectos que yo veo es que son charlas naturales. Nada guionizadas. Cualquiera de los que están allí puede saltar por vete tú a saber dónde. La dos famosas preguntas a cada invitado (incluso les llegó a hacer una tercera) al final de cada entrevista y los chascarrillos que se suceden me recuerdan un poco a los tiempos de «Muchachada Nui». Y también me gustan los planos de cámara, algunos inestables, que transmiten dinamismo.

Por otro lado, el presentador también interactúa con el público que les acompaña, lo cual hace la experiencia mucho más interactiva. En realidad, que esto se desarrolle en un teatro (concretamente, en el Príncipe, de Madrid) nos sumerge en una especie de «El club de la comedia». Aquí no hay monólogos. Pero la esencia es la misma: hacernos reír con cualquier chiste o comentario y, además, el propósito es que todos los que están en «La Revuelta», desde Broncano hasta el realizador, escondido en su sala de control, contribuyan a hacerlo y que, además, lo pasen en grande. En «El Hormiguero», digamos que casi todo gira en torno a la persona invitada. A ver qué dice, qué hace, cómo reacciona a los comentarios de Pablo Motos, de las hormigas, o en las diferentes secciones. «La Revuelta», en cambio, es un espectáculo en conjunto, en el que los entrevistados claro que son importantes, pero la fiesta en sí no depende de grandes estrellas, como su competidor.
Otro punto llamativo es que Broncano triunfa con un formato grabado, al contrario que Pablo Motos y sus hormigas (salvo excepciones). «La Revuelta» se prepara a partir de las 17 de la tarde, como dejó al descubierto el colaborador Jorge Ponce el otro día al predecir los números que no iban a salir aquella noche en la Bonoloto (precisamente porque el programa se estaba grabando horas antes del sorteo). El tío cogió y mostró la hora en su móvil, que era una muy distinta a la que nosotros estábamos viéndolo. Hoy en dia, un espacio grabado no produce expectación. Pero, para Broncano, esto no ha supuesto ningún problema, al haber superado al que durante diecinueve años ha sido cada noche líder en audiencia. Ellos dejan al descubierto sus debilidades e incluso se ríen de ellas: que si está todo grabado y que están simulando un falso directo, que si «El Hormiguero» ha traído a otro invitado mejor… Lo tienen todo.
¿Qué supone, además, la llegada de Broncano a TVE? Un importante punto de inflexión para que sus dirigentes entiendan lo que verdaderamente da vida a este canal. Desde hace años, emiten algunas cosas que no cuajan. Por un lado, ponen (a mi juicio) demasiadas series en las que aparecen candelabros, espadachines y en las que los actores van disfrazados de época, ya sea en castillos, palacios, o en un barrio de principios del siglo XX. Este servicio público que ofrecen, para educarte mientras te entretienes, por desgracia, no interesa demasiado a la peña…
También hemos visto pasar por aquí programas de usar y tirar, porque la audiencia no ha llegado a la altura. «La Revuelta» ha enseñado que se puede hacer servicio público de muchas formas. Y esta es una de ellas. Ver este espacio en La 1 te deja sorprendido, porque no parece que sea de La 1, precisamente. Se sale de la línea que lleva la cadena, y eso es fantástico. Por no hablar del gancho que supone, además, en pleno Access prime time, si tienen después esperan otros contenidos atractivos.
Esta forma de hacer servicio público del bueno va de que, por la noche, mientras estás relajado, veas cosas que valen la pena mientras, además, lo pasas bien, sin tener que tirar de clichés machistas. Va de no dar voz a ciertos políticos para que les acabes cogiendo cariño porque dicen que «son muy buenos»: Esta forma de servicio público del bueno va de ofrecer algo de calidad, no sólo por la audiencia que puede generar (y sus posibles consecuencias). El lunes, mientras Pablo Motos trajo a Victoria Federica, que es una celebridad cuya vida poco o nada nos interesa, Broncano entrevistó a Aitor Francesena, un surfero que estuvo relatando cómo dejó de ver por completo, si bien eso no le ha impedido seguir practicando este deporte. «El surfero ciego» permitió dar visibilidad a quienes tengan su mismo problema; pudo hacer que cualquier discapacitado se animase aún más a hacer lo que le guste y su entrevista nos permitió conocerle, en medio de los chascarrillos y demás bromas con las que Broncano está arrancando de lo lindo en TVE.
«La Revuelta» deja un poco el espectáculo y se centra en el aspecto más social, como ocurrió con Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga. Los dos escritores presentaron un reciente libro divulgativo sobre la conciencia. Este tema, propio de un documental de La 2, lo trataron junto a Broncano con un tono humorístico, a nivel de calle, que te hacía despertar cierta curiosidad. Que a mí las secciones de «El Hormiguero» siempre me han gustado, ¿eh? Pero Pablo Motos nunca traería a nadie que presentase un libro sobre ciencia. A él (y a Antena 3) le viene mejor traer a la nieta del Rey, por ejemplo, que puede generar mucha más audiencia.
Uno defiende lo público, porque es lo de todos y lo único que mira por nosotros, lejos de que sea o no rentable. Pero hay que hacerlo bien. Un canal no puede vivir anclado en el pasado y ofreciendo 24/7 programas sobre antiguos programas. Conocer el archivo de RTVE y lo que veían nuestros antepasados es interesante. Pero, al igual que nuestros padres disfrutaban, por ejemplo, con «La bola de cristal», espacios actuales como «La Revuelta» formarán parte de estas reliquias en el futuro, y se recordarán por su éxito y por lo bien que nos hicieron pasar a nosotros. Un canal debe ofrecer cosas de su tiempo a su público para que este lo sintonice, porque reflejan nuestra realidad.

Imagínate, con el poderío que tiene Broncano, los especiales de Navidad en los que podría aparecer, como el «Telepasión», u otra cita que prepare RTVE para esos días. ¿¿Acabaría él presentando este año las campanadas?? Sin duda, atraería aún más al público joven y daría mayor popularidad al canal en sí. La tele ha de traer a rostros modernos, aunque muchos de ellos hayan empezado en Internet (como la streamer Cristinini, en el caso del «Grand Prix»). Sin llegar más lejos, el pasado martes, «El Hormiguero» enterró en directo al influencer YoSoyPlex, quien permaneció sepultado en un ataúd de cristal hasta el jueves. Son gente que, a pesar de vivir en otro ecosistema, pueden aportar mucho a la tele tradicional.
En definitiva, el fichaje de Broncano por La 1 y su éxito son buenos para todos y para la propia cadena en sí, como ya les pasó cuando estrenaron la serie «HIT», que cosechó buenas audiencias. No es tan difícil. Sólo hay que conectar con el público actual, de acuerdo a los hábitos de hoy, en vez de seguir recordando la muerte de Chanquete o cómo el pezón de Sabrina en «Súper 88» dejó estupefacta a España aquella Nochevieja. Aquellas cosas causaron impacto social, al igual que estos días preguntamos de qué equipo somos: si de Broncano o de Motos. Hay que centrarse en el ahora. Renovarse o morir. Y, además, echarle imaginación. Que TVE no emite publicidad y eso le da un poco más de manga ancha para esto último, hombre…


