El Compact Disc, este fantástico soporte musical que hoy tiene poca cabida…

Escrito por Rubén Pareja Ramírez

El pasado 13 de enero, todos reflexionamos con Jorge Caracuel sobre el futuro del mítico Compact Disc (CD). Como él mismo explicaba, las cifras de ventas de este popular soporte están decayendo cada vez más frente a las descargas digitales, lo que lleva a preguntarse si estos discos ya han pasado o no de moda…

En este artículo solo quiero mostrar, a pesar de todo, mi opinión. No es más que eso. Y, con ella, no estoy menospreciando a nadie que aún prefiera escuchar música en un CD. Porque, al fin y al cabo, para ello están los gustos, aunque la industria manipule estos a su antojo, por desgracia. Para empezar, si el CD está hoy en su peor momento, la industria se lo ha buscado y ahora tiene lo que se merece. Sin más.

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Imaginémonos a un grupo de chiquillos o de gente adulta que juegan a la soga en la típica fiesta del pueblo. Esto sirve de metáfora del actual panorama del mercado musical. En uno de los extremos que tiran de la cuerda están Spotify y otras aplicaciones de descarga de música por Internet. En el otro, por su parte, tenemos a los soportes físicos analógicos que, desde principios de esta década, se han vuelto a poner de moda. Hablo, evidentemente, de los discos de vinilo y de los cassettes, que también han vuelto, gracias, al parecer, a Justin Bieber.

Ambos grupos tiran y tiran de cada extremo de la soga, tratando de llevarse el gato al agua (las descargas digitales, evidentemente, lo hacen con cierta ventaja). Y el centro de fuerza de la misma se encuentra nuestro querido CD, que es el que está sufriendo todo el vaivén. Ojo. El Compact Disc, hoy en día, sigue siendo el soporte musical más vendido en el mundo. Pero, poco a poco, va perdiendo terreno frente a Internet y este otro grupo de soportes físicos a los que los melómanos u otra gente les ha cogido cariño.

El Compact Disc, si lo piensa uno, es un soporte fantástico: es a la vez físico y digital. Pero, hoy en día, tiene poco sentido esto. El CD lo impusieron, literalmente, en los noventa. Aquellos a los que les gustaban los vinilos no pudieron siquiera decidir. Esto se debió a que, evidentemente, durante los más de cuarenta minutos que lleva hacer un vinilo, se podían fabricar… ¿Cuántos cedés? ¿Más de cien quizás? Múltiples beneficios por menos tiempo y esfuerzo.

Total, que convencieron a la gente de las ventajas del «sonido del futuro»; que ni se estropea, ni se desgasta, ni se raya como los tradicionales elepés (que todo hay que decirlo, ¿eh?). Llegaba la era digital. La gente, pues, asumió que esto era lo que tocaba, como el paso de la TV analógica a la TDT, o cosas así… Pero, en ese pequeño disquito, realmente, no se puede registrar todo el espectro de audio de una canción, ya que la capacidad del CD es demasiado pequeña para ello. Al parecer, en las partes en las que el sonido suena muy bajo, se realizan modificaciones para disminuir su intensidad y, así, el archivo de audio pesa menos y sí que cabe en el disco. En otras palabras: una chapuza. Algunos expertos en música aseguran que, en un CD, lo que haces es «escuchar ceros y unos». Esto se nota más cuando descargamos música que pesa poco: los golpes de percusión, por ejemplo, suenan como chapoteos.

En el vinilo se registra todo el sonido que se ha grabado, ya sea de un estudio o de una actuación. ¿Sabes lo que significa ‘analógico’? «Igual». Por eso un vinilo puede ser mejor que el CD para escuchar música. El problema es que el analógico nos lo han vendido como algo antiguo, obsoleto, que ya no lo quiere ni tu abuela. Y jamás nos argumentan sus ventajas. ¿Por qué no nos dicen, en cambio, que el analógico es más vulnerable al desgaste, pero que en él se registra en su pureza todo el sonido, por ejemplo?

Eso sí, hay que decir también que en Internet también podemos descargar la canción en alta calidad, con el mayor peso posible. Los Blu-Ray, a su vez, debido a su gran capacidad, también ofrecen audio a una calidad a la que quizás un vinilo no tenga nada que envidiar.

Pero escuchar música en vinilo es un espectáculo. De hecho, cuando pongo el disco, me paso el rato «leyendo» la música, a riesgo de que me haga spoilers de lo que va a sonar. Esto se percibe mejor al brillo de la luz: cuando los surcos del disco (en marcha) brillan, se percibe que hay ruido, mientras que, si los surcos están más oscuros, ahí hay serenidad o silencio. Cuando escuché el mítico álbum de Deep Purple, «Made in Japan», concretamente la canción ‘Space Trukin’, me las daba de Rappel adivinando cuándo iba a llegar la calma y luego, de nuevo, el jaleo. ¡Se veía muy claro! Además, cada pista grabada está delimitada por unas líneas que marcan el paso entre una canción y otra.

Mi profe de francés de la ESO nos explicó una vez esta maravilla de una forma que jamás olvidaré: «Si ustedes cogen un disco de vinilo y lo ponen sin volumen, acerquen la orejita y escucharán muy bajito lo que está sonando. Eso es lo que se llama ‘sonido analógico’. Y eso quiere decir que ese sonido… ¡Está ahí, señores! ¡Ese sonido está ahí!», decía con entusiasmo. Y es que, en pleno 2018 y en plena era digital, que una aguja roce un plástico y este suene sin más, no solo resulta mágico, sino también fascinante.

Yo llevaba ya bastante tiempo con ganas de experimentar la música en un cacharro de estos. Pero entonces era el 2007 o 2008 y los tocadiscos estaban descatalogados. Varios años después, comenzaron a emerger en el mercado. Los vinilos, míticos titanes, sufrieron una marginalidad total y ya era el momento de que recuperasen su terreno. En una entrevista a un coleccionista de discos en su día en el periódico 20 minutos, el autor explicaba que este hombre ponía un CD de Frank Sinatra, le subía el volumen y aseguraba que un CD «jamás sonaría igual que un vinilo».

Esto pude comprobarlo con un disco que me traje de casa de mi abuela. Era el «Monstruo», un recopilatorio de éxitos del 83. Y, entre aquellos temas, se encontraba el fantástico «She works hard for her money», de Donna Summer. En uno de esos momentos, el timbre de la percusión es brutal, al igual que los golpes más bajos durante la canción, que solo puede igualarlos una descarga en muy alta calidad (por Youtube anda un vídeo con estas características).

Pero hay que ver también todos los puntos de vista… Mi padre, por ejemplo, al escuchar «Busco» de Medina Azahara cuando le enseñé el tocadiscos, se alegró un poco y le hizo gracia (no era para menos, con el modelo). Pero luego me explicó ese rechazo que siempre le ha tenido a los vinilos, que incluso mi tío le dio la razón una vez. No le traen buenos recuerdos, debido a las rayaduras, la suciedad… Para él, eso requiere cierto tiempo del que, a veces, no dispone. Y también le resultaba incómodo. Y, por otra parte, me aseguró que, de no existir la música digital, jamás habría tenido la oportunidad de conocer y disfrutar de la música, así que, por eso, los vinilos los prefiere en el recuerdo.

Luego tenemos otros detalles, como el poseer una carátula más grande que la de un CD, o el ver cómo una simple aguja es capaz de transmitir todo esto. Esto también ha sido un fallo gordo de las industrias discográficas. Guillermo Jiménez, dueño de la tienda malagueña de discos Sleazy Records, me explicaba que este sello discográfico trata de «recompensar» a quienes compran sus cedés con portadas decoradas y ¡libretos! Por que eso es lo que no se han molestado en hacer demasiado para este soporte…

En los LP’s, en cambio, aparte de la gran funda, también se incluye un sobre de papel para guardar el disco. Esto se debe a que los vinilos se cargan mucho estáticamente y, entonces, atraen muy fácilmente el polvo, que cuesta mucho eliminar Unos sobres van en blanco, pero otros están debidamente decorados. ¿Cómo es que, en los primeros LP’s de Metallica y de Dire Straits, pongan todas las letras de las canciones, con créditos y fotos adicionales de los artistas y en el CD solo tengamos un plasticucho con dos papeles puestos en cada lado? Además, a veces sale más rentable comprar un buen vinilo de oferta que un CD… ¡Los dos llegan a valer casi lo mismo (y el primero, teniendo en cuenta que es mucho más fácil de producir, no tendría que valer tanto)!

Así, pues, dejo mi opinión sobre mis gustos respecto al mercado musical. Si bien este tiene que vivir de algo, las descargas digitales, siendo, además, baratas, pueden permitir que se siga manteniendo. De hecho, me suscribí por una oferta muy barata a Spotify para descargarme música ilimitada por el móvil. Pero la sensación que supone escuchar música en un soporte físico es otra dimensión. Y por eso me muestro a favor de este soporte, tan primitivo como fantástico.

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