El espíritu de la posguerra

'Juan Caballero' es una novela de la memoria de la guerra que habla de la hipocresía, el miedo y los falsos arrepentimientos.
juan caballero

Juan Caballero (Hoja de Lata, 2024) se publicó originalmente en 1956, cuando Luisa Carnés (1905-1964), su autora y miembro poco destacado de la Generación del 27, estaba exiliada en México tras la caída de la república en la guerra civil española. Juan Caballero, el protagonista, es el líder de un grupo de guerrilleros o maquis que alrededor de 1942, tres años después del fin de la guerra, resiste en las montañas de Andalucía. Él es un guerrillero más de aquellos que resistieron durante años con la esperanza de que los aliados, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, les apoyaran para derrocar a Franco.

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En uno de los pueblos cercanos a la montaña vive Nati, la hija de Rafael, el médico del pueblo. Nati también fue el amor de juventud de Juan Caballero, pero ahora está casada, por imposición, con Pedro Fuentes, el jefe local de Falange e hijo del alcalde. La historia comienza con Rafael volviendo de noche cuando Blas, un vecino, le avisa de que en su casa hay un hombre herido, «uno del monte», y Rafael acude a curarlo a regañadientes porque sabe las represalias que podría sufrir. Cuando llega a casa de Blas, Rafael no se encuentra con uno, sino con cuatro guerrilleros.

Unas horas antes, unos maquis habían bajado de la montaña para tomar un convoy y hay heridos. Tanto el alcalde como su hijo son hombres crueles y sin escrúpulos que desean vengarse tras el asalto. Entonces, las autoridades franquistas animan a no dormirse y a actuar con mano dura sobre los rojos, que en el pueblo son muchos, aseguran. En realidad, las autoridades odian a los campesinos porque se niegan a darles parte de su siembra. Para colmo, el odio aumenta cuando se enteran de que Juan Caballero lidera la partida, pues es hijo de Manuel Caballero, a quien el alcalde asesinó por rojo durante la guerra. Ahora, Juan Caballero quiere venganza contra el asesino de su padre y el alcalde quiere acabar para siempre con aquel.

Una madrugada, el alcalde le confiesa a su sirvienta que el fantasma de Manuel Caballero sigue rondando por el pueblo, atormentándole aun estando sobrio, y parece haberse reencarnado en la figura de su hijo, que ha transmutado de hombre a soldado. La leyenda de Juan Caballero se construyó alrededor de su ansia de venganza, pero con el temor de que, una vez logrado su objetivo, el mito se apagara y Juan Caballero dejara de existir. Sin embargo, la venganza y el odio no son lo único que le mueven, no es algo solo personal o familiar, sino el espíritu del deber, de devolver la democracia y derrocar a los tiranos: «Juan Caballero era un ejemplo vivo de la España apasionada, que esparcía su sangre cada día sobre la tierra que intentaba rescatar».

El contexto de la historia es la época convulsa de la posguerra española. Pese a que la guerra ha terminado, aún hay ataques a sedes de Falange o cuarteles de la Guardia Civil, además de fuerte presencia en los montes. Se vislumbran los bandos entre los vecinos, los secretos, las traiciones, la crueldad, el odio y los viejos y nuevos rencores, que la autora retrata con dureza y verosimilitud. Algún falangista se reconoce exhausto y se siente vencido de tan larga como es la contienda. Ni siquiera ellos, que iban de abanderados, de vencedores, gobernaban sus propias vidas y siempre tenían que andar armados en disputas y venganzas.

Gracias al asalto, Nati encuentra el momento para rebelarse, romper su posición y su vida desdichada y lanzarse al monte con los guerrilleros. «Me ha hecho roja […] el dolor de España; el ver la tierra seca por tanta sangre; el ver a tanta mujer de luto; las cárceles llenas y los campos vacíos», dice. Pese a que Juan Caballero y Nati están en contra de la guerra, saben que es la vía para derrocar al régimen totalitario. Por otro lado, el personaje de Rafael podría simbolizar la tercera España, alguien que apoya a la República pero después de la victoria sublevada decide mantener un perfil bajo sin tomar acciones en contra, como dice de forma acertada Iliana Olmedo, la autora del epílogo, aunque los hechos al final le hacen tomar partido y desengañarse de la crueldad de los vencedores.

«España se debatía en su noche oscura y a los hijos de esta tierra les tocaba someterse a la ceguera infinita que todo lo envolvía o rebelarse contra ella. No era posible vivir con la lengua cortada, con el pensamiento encadenado. Por naturaleza, el hombre tiende a respirar aires de libertad, se resiste a ser maniatado en sus brazos o en su mente. Esta resistencia al cautiverio físico y moral convertía a todo buen español en conspirador y hacía resplandecer de gloria los patíbulos», se dice. Además, Juan Caballero sabe que hacer justicia no es lo mismo que ejercer venganza y que haría falta cortar muchos nervios que tensan España.

Juan Caballero es una novela de la memoria de la guerra que habla, además de los temas ya expuestos, de la hipocresía, el miedo y los falsos arrepentimientos. Como dice Olmedo en el epílogo: «Escribir significa implicarse en la modificación del entorno». Por tanto, un escritor debe relatar los problemas y la realidad social de su país, como hizo Carnés en los años cuarenta desde México. Debido a la temática y a las emociones fuertes de los personajes, que lo impregnan todo, la historia cautiva e implica al lector en la lucha.

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