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‘El Hoyo’, masacre en estado puro

por Jorge Caracuel Suero

Un futuro distópico y muy, pero que muy salvaje. Esto es lo que describe El Hoyo, cinta dirigida por el novel Galder Gaztelu-Urrutia y que se estrenó el pasado 20 de marzo en Netflix. La película, protagonizada por Ivan Massagué, Zorion Egileor y Antonia San Juan se desarrolla en un único escenario, por el que van desfilando hombres y mujeres que pertenecen a diferentes razas. Una subversión de las ideas del mundo real amplificada por un tono futurista de lo más inquietante.

El Hoyo, que bien podría formar parte de un capítulo de Black Mirror, se desarrolla en un futuro distópico en el que los internos de una prisión de cientos de pisos excavados en la tierra esperan a que la comida descienda por un agujero central hasta su nivel. Este sistema propone un experimento del que es mejor saber lo menos posible antes de visualizar la película para así poder disfrutar de ella en su máximo nivel.

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Los primeros minutos de El Hoyo funcionan para explicar las reglas en las que se desarrolla la prisión, aunque la información se va otorgando de manera progresiva, a la misma vez que el protagonista la conoce. Lo más curioso de la cinta es que, mientras el misterio va avanzando y el protagonista lucha para escapar, un subtexto social se apodera de toda la obra, un discurso político necesario que va mucho más allá de la lucha de clases.

El Hoyo es irreverente, alegórica y mordaz, con un planteamiento sencillo pero que invita a la reflexión desde el primer minuto, exponiendo un sinfín de situaciones familiares y esperando que el espectador las reconozca y reflexione sobre ellas. El egoísmo, la avaricia y el estar un día en lo más alto y tener que matar para comer al siguiente son algunas de las cuestiones que expone la cinta, que va planteando soluciones irresolubles y que, como consecuencia, provocan que su final sea completamente enigmático.

En sus 94 minutos, El Hoyo no se deja nada en el tintero toca muchas más situaciones de las que en un principio cabía esperar. Violenta, salvaje y tremendamente esperpéntica, uno llega a la conclusión con el paso del metraje que la incapacidad del ser humano para cambiar y aprender de los errores sea, quizá, la temática principal de una película que provoca que reflexionemos durante todo momento.

Valoración: 4/5

Lo mejor: Su capacidad para tratar una gran variedad de temas.

Lo peor: Que su ultraviolencia provoque el rechazo de parte de un público que se niegue a verla

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