En defensa de Andalucía

“No hay cosa más trágica para un pueblo o una región que esto de que la claven, como a una cruz, a una literatura fácil y superficial y a unos adjetivos inalterables y únicos…”. Este es el caso de Andalucía y ese es el comienzo de Ensayos andaluces, un libro que leí y del que quise hacer una reseña, pero una algo diferente a las demás, porque aquí también quiero resaltar el espíritu del libro, que es Andalucía.

Pemán recoge en este volumen numerosos ensayos relativamente breves sobre Andalucía, sus gentes, sus estereotipos… Esta edición tiene casi cincuenta años y Andalucía todavía sigue sufriendo esos estereotipos manidos y sigue siendo víctimas de ataques y burlas de otras zonas de España.

Para desmontar esa vaguedad intelectual que algunos expresan contra la comunidad autónoma más poblada de España, Manu Sánchez expuso en su libro Surnormal profundo una defensa de esta tierra de campesinos siempre maltratada.

Andalucía, dice Pemán, es una tierra eterna, todos los pueblos pasaron por aquí, desde los fenicios hasta los árabes pasando por los romanos y los griegos. Detrás de los estereotipos que algunos crean sobre Andalucía está la envidia, el ego y la supremacía de otras regiones o personas que se creen superiores aun careciendo de elementos fundamentales para alcanzarla como la modestia y el gracejo, o el aje, que es lo que tenemos aquí. En Andalucía, el mote es “tolerante y benigno”.

Pemán también habla de tradiciones andaluzas, o del mote, por ejemplo. El mote es la capacidad surgida en Andalucía para, a partir de una gran capacidad de síntesis, resumir una palabra, una vida, un personaje o un comentario. Pero no se usa el mote con un fin dañino, porque para dañinos ya están los comentarios que otros esputan sobre Andalucía.

Igualmente, el dialecto andaluz es motivo de críticas, sin que entiendan que es un lenguaje que pone en marcha la economía de las palabras y el desarrollo de un lenguaje típico de estos lares. Como dice Manu Sánchez, ¿por qué la z andaluza va a ser menos o peor que la l catalana?

Más allá de las reivindicaciones y defensa de los ataques, cada uno de estos ensayos son odas a la vida rural, a las mujeres andaluzas, a las mujeres de aquellos años en general, y todo ello bajo la visión de la época bajo el sol de Andalucía. Los patios andaluces se erigen aquí de la mano de un Pemán que demuestra estar enamorado de ellos.

De hecho, pese a ser gaditano, Pemán ‘critica’ a los veraneantes asiduos de playa o montaña, como si en Andalucía no tuviéramos ninguna de las dos, para enaltecer el verano disfrutado en un patio andaluz, muchas veces en las ciudades de interior. Sin embargo, luego dice que los pueblos interior que nunca ven el mar tienen cierto aire de “inocencia e ignorancia” porque el mar supone reflexión y seriedad.

Pemán no es el autor, todo hay que decirlo, más adecuado para leer sobre andalucismo. Sin embargo, siempre está bien sumergirse en obras que no tienen por qué resultarnos afines al cien por cien. En estos ensayos, Pemán también parece defender las jerarquías sociales y patriarcales como símbolos intrínsecos de Andalucía, desde un plano conservador de tradiciones.

Además, aunque la mayoría de los ensayos tienen a Andalucía como telón de fondo, no en todos es así, pues en otros se pasa por alto la cuestión andaluza, el elemento andaluz, que resulta accesorio o secundario. Pemán dibuja un relato sutil y poético de narraciones sobre Andalucía y también sobre otros temas, como la alabanza que hace a aquellas figuras eternas de la España de antaño.

Por ejemplo, uno de los ensayos versa sobre las conversaciones del autor con un librero llamado Simón que ocupan el capítulo de mayor extensión del libro. Estos diálogos tratan sobre anécdotas, la filosofía, la vida, la utilidad de lo inútil —como el título del maravilloso libro de Nuccio Ordine— de la vida. En el resto, Pemán defiende lo andaluz, tanto las características intangibles como las físicas.

Y no es para menos viendo que esta tierra ha dado a luz —y ha atraído— a grandes artistas. Aquí nacieron Pablo Picasso, Diego Velázquez, Murillo, Góngora, Vicente Aleixandre, Juan Ramón Jiménez —estos dos últimos fueron premio Nobel de Literatura—, Federico García Lorca, María Zambrano, Manuel Altolaguirre y otros tantos y tantas. La primera gramática de la lengua española la hizo un andaluz, Elio Antonio de Nebrija, qué paradoja que la haga los que peor hablan el castellano. ¿O quizás los que mejor lo han moldeado? No, da más juego decir lo primero.

A Andalucía vinieron Rainer Maria Rilke, y se enamoró de Ronda. Gerald Brenan, que escribió sobre Granada —en el libro Al sur de Granada—, que tuvo una casa en Churriana (Málaga) y que murió en Alhaurín el Grande. Washington Irving también se dejó llevar, y le deslumbró también la ciudad nazarí, por ello escribió uno de sus libros más famosos: Cuentos de la Alhambra. Y, como ellos, tantos otros que quedaron deslumbrados por la magia de una tierra condenada a unos estereotipos manidos que ya rezuman hedor.

Para leer sobre Andalucía, Pemán no es la mejor opción. Pero se puede hacer, y se saca algo en claro: que por todas partes y en todos los tiempos Andalucía fue grande y, por ello, envidiada. Ahí está Vozdevieja, de Elisa Victoria, una novela publicada por Blackie Books donde encontramos la forma de vida vida en Andalucía y el duende en su máxima expresión. O Plegaria andaluza, de Manuel Aníbal Álvarez, que ya tiene unos años. O Genio e ingenio del pueblo andaluz, de Fernán Caballero, que era el alias de la escritora Cecilia Böhl de Faber. Y si eres más de cine está la película Eres mi héroe (Antonio Cuadri, 2003), donde el fondo de la historia transcurre en Andalucía y donde esta tiene también un papel fundamental.

Hay múltiples posibilidades de ver, leer y escuchar a Andalucía. Y de reivindicar esta tierra nuestra para poder gritar al fin, como Benito Zambrano en la gala de los Goya de 2020 celebrada en Málaga: ¡Viva Andalucía viva!

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