Almudena Grandes y "la maldición de las mujeres pioneras" | Nostromo Magazine
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Almudena Grandes y «la maldición de las mujeres pioneras»

por Andrés Cabello

Por Victoria P. Santi.

Antes comenzar la entrevista agradecer a Victoria que nos cediera su momento con Almudena Grandes, el cual se recoge en su web Anónimo Era Mujer, página creada por y para las mujeres en la que puedan recibir la visibilidad que se merecen en el ámbito laboral.

Sobran las palabras a la hora de presentar a Almudena Grandes, reciente Premio Nacional de Narrativa 2018. Figura de la literatura de nuestro país ganó su primer premio «La Sonrisa Vertical» con su primera «novela finalizada», como ella dice, Las Edades de Lulú en 1989 y desde entonces no ha dejado de alimentar a sus lectores con su literatura y su pensamiento crítico.

Nunca ha escrito poesí­a porque en su casa ese era «el trabajo de los mayores» y a través de sus obras ha indagado en las profundidades de España y en los conflictos de identidad de las mujeres de su época.

En varias ocasiones has hablado de cuánto leías de pequeña y de cómo Galdós fue siempre una inspiración para ti, por ello me gustaría saber a qué edad comenzaste a escribir.

Bueno, yo empecé a escribir muy pequeña, pero escribí­a tonterí­as. A los ocho o los nueve años empecé a escribir unos cuentos que no acababa nunca porque nunca me daba tiempo a terminarlos, pero en una coyuntura muy especial. En aquella Época solo había una cadena de televisión que retransmitía solo un partido de fútbol a la semana y a mi padre le gustaba ir a casa de mi abuelo a verlo con él, a los niños nos daban papel y lápiz y nos ponían en el comedor, que está¡ conectado con el cuarto de la tele, para que dibujáramos. Y yo dibujo muy mal. Entonces, daba mucho el coñazo, decía todo el tiempo que me aburrí­a y un día una tía me dijo: «Y a ti que te gusta tanto leer ¿por qué no escribes?». Entonces, lo que me pasaba es que yo ya era una escritora de largo aliento y no me daba tiempo nunca a terminar mi cuento, que era más largo de lo que duraba un partido de fútbol, entonces lo empezaba otra vez el domingo siguiente. Pero yo creo que empecé a escribir a esa edad y luego, yo era la típica niña que ganaba los premios de redacción del colegio, mi colegio me presentaba a los premios de Coca – Cola aunque nunca gané ninguno… O sea que, es una vocación muy temprana para mí­.

¿Cómo vieron en tu familia que te decantaras por esta profesión?

Bueno, bien yo creo que no les llamó mucho la atención porque siempre habí­a dicho que yo quería escribir y que yo quería escribir… Y porque además cuando acabó la carrera me dediqué a escribir de encargo, yo trabajaba para editoriales, era escritora de encargo y lo sabían. O sea que fue un acontecimiento bastante anunciado. Mi padre, que era el único que viví­a porque mi madre murió muy pronto cuando yo tenía 22 años, estaba orgullosí­simo de mí­ y le gustaba mucho.

Y ¿te resultó difí­cil en algún momento introducirte en el mundo de la escritura?

Yo tuve mucha suerte, lo cuento muchas veces porque mi caso, que tampoco es el único porque hay gente que ha tenido entradas parecidas como Luis Nandero o como Martínez de Pisón que mandaron libros a editoriales hasta que alguna se los publicó y yo tuve mucha suerte porque decidí presentarme a La Sonrisa Vertical y escribí un libro, la primera novela que terminé en mi vida, no la primera que empecé porque habí­a empezado muchas. La metí­ en un sobre, la mandé a un premio y gané. O sea que yo tuve mucha suerte y yo creo que puede servir para demostrar que es posible.

Claro porque las Edades de Lulú, que fue tu primera novela publicada, resultó todo un éxito.

Sí­, Las Edades de Lulú es un libro al que yo tengo mucho cariño porque es un libro que me regaló la vida que yo quería vivir. O sea, yo realmente pude dedicarme a ser escritora gracias al éxito de Las Edades de Lulú que fue también un éxito tan descomunal, tan inesperado y tan salvaje que estuvo a punto de acabar conmigo. Porque fue una fama repentina y brutal pero luego yo en un momento dado tuve la lucidez, sorprendentemente, de pensar que yo lo que querí­a era ser escritora, no ser famosa y me puse a escribir otra novela y ya mi vida se ordenó. A mi la literatura me ha solido salvar la vida y esa fue la primera vez. Bueno, la primera vez desde el punto de vista de escritora, como lectora me la ha salvado muchí­simas más veces. Pero si es verdad que las edades de Lulú tuvo un éxito enorme, fue un libro que puso mi vida boca abajo literalmente.

Tu escritura sufre además un cambio de temática a lo largo de tu trayectoria, ¿a qué se debe esa transformación?

Sí bueno, realmente mi temática cambia con Los Aires Difí­ciles porque Las Edades de Lulú es una novela erótica pero que trata de lo mismo que lo que tratan mis cuatro libros posteriores. O sea, yo empecé contando los conflictos de identidad de las mujeres de mi generación, eso lo puedo decir ahora que lo he sistematizado, entonces no tenía ni idea. Pero bueno, realmente si lo analizo ahora veo que yo me dediqué a analizar eso y empecé con una novela erótica porque el sexo fue muy importante para los españoles de nuestra generación porque fue una forma de establecer una lí­nea y separarnos de nuestros mayores que habí­an vivido en un paí­s donde el pecado era delito. Luego escribí­ Malena donde es importantí­simo el conflicto de la protagonista con la feminidad, el modelo de feminidad que eso es lo que también traduce un poco una situación general en las mujeres de mi edad, que nos educaron para vivir en un paí­s que ya no existí­a cuando fuimos adultas y además no tení­amos modelos porque a nuestras madres no nos podíamos parecer pero a las feministas italianas y alemanas, cuyas madres habían quemado sujetadores en la universidad tampoco. Entonces, salimos un poco como los toros de los toriles, sin tener ni idea de cómo se hacía esto. Y luego escribí Atlas, también sobre qué les pasaba a esas mujeres al acercarse a los 40 años y Modelos de Mujer que tiene mucho que ver. Te Llamaré Viernes es una novela muy generacional pero cuyo protagonista es un hombre, aunque también es un poco lo mismo, qué pasa con mi generación. Y luego, en Los Aires Difíciles cambié de registro, porque me di cuenta al terminar Atlas que ya no tenía nada más que contar, ya había contado todo lo que se me ocurría, entonces la solución era o encontrar otra cosa o repetirme. Y Los Aires Difíciles es una novela bisagra, ahora lo veo también muy claramente y que me abrió la puerta a El Corazón Helado y a todo lo que llegó después porque el personaje de Sara Gómez es el de una mujer que nace en 1947, ocho años después de que se acabara la guerra, pero es una rehén de esta Guerra Civil durante toda su vida. Y es por ahí por donde entré yo en el mundo de la memoria en el que estoy. Pero si cogemos todas mis novelas y las ponemos en un plano ideal y las doblamos por Los Aires Difí­ciles, los epílogos de los episodios suceden en los mismos años en los que arrancan las primera, o sea que yo en realidad siempre he escrito sobre España en el siglo XX, lo que pasa es que he escrito la segunda parte primero y la primera después.

¿Consideras que en pleno s. XXI podemos hablar de una sociedad crítica y con un pensamiento propio en España?

No, yo creo que no. Yo creo que en ese aspecto hemos retrocedido en la misma medida en la que lo ha hecho la calidad de los medios de comunicación, la exigencia de los editores de esos medios… Creo que a estas alturas ya se ve mucho que los medios de comunicación están en manos del poder financiero y eso tiene una consecuencia nefasta para la objetividad y para la imparcialidad y la transparencia de los medios. Porque antes un periódico, una televisión, eran de un señor o de un grupo de señores que tenían una ideología y que podían acertar o equivocarse, pero que no engañaban a nadie. Es decir, ellos tenían un medio acorde a su ideologí­a. Ahora, por encima de las ideologías, por encima de los principios, por encima de los intereses de los periodistas están los intereses económicos de las financieras que están por encima de los periódicos. Por eso creo que es tan interesante en España la prensa digital que de alguna manera es el reducto del periodismo entendido como antes. Pero creo que el pensamiento crítico no ha fracasado o no escasea solo por la actitud de los medios, creo que las redes sociales han sido nefastas porque en 140 caracteres no se puede reflexionar (aunque ahora sean 280, siempre han sido 140) . Entonces, este medio lo que hace es primar el ingenio sobre la inteligencia y primar el aplauso de los usuarios sobre la calidad de la opinión. En Twitter da igual ser brillante, o ser agudo, lo que es importante es tener muchos seguidores, lo cual acaba fomentando la zafiedad, la brocha gorda y los estereotipos, el pensamiento estereotípico. Además, creo que esta sociedad está muy acostumbrada a que le den todo masticado, o sea eso tiene que ver también con el audiovisual. La diferencia entre la lectura y el audio visual es que, cuando una persona lee un libro o lee un periódico, cuando lee en el soporte que quieras, un lector es activo y es soberano. O sea, puede volver atrás, puede analizar, puede decidir dejar de leer y desde luego elabora un libro y elabora un artículo a medida que lo lee; nosotros decimos siempre que un libro sin lectores no es un libro y que los lectores terminan de escribir el libro. Y yo creo que lo audiovisual fomenta la inactividad, te pones delante de la tele y que te metan lo que te pongan, no tienes posibilidad de intervenir más allá de cambiar de canal. Entonces yo creo que hay muchos elementos en contra de la calidad del pensamiento en nuestra sociedad y creo que vivimos en una era de pensamiento raquítico además, es como una especie de ofensiva: el conocimiento está desprestigiado, la universidad está desprestigiada, los sabios están desprestigiados… ¿Qué queda por detrás de eso? La publicidad.

Respecto al papel de la mujer, me gustó mucho algo que dijiste en tu columna de la SER del 8M sobre que hace años cambiaron tanto las cosas que parecía que ya estaba todo hecho y que sin embargo ahora se ha visto que no, que ha habido una recesión.

Sobre todo, no se han consolidado los avances, ese es el problema real. Yo recuerdo que presenté hace un año y pico un libro de Nuria Varela, que es una mujer que me parece fantástica y conté en la presentación que había algo que me había llamado mucho la atención y es que ella se definía o definí­a a su generación como una generación de pioneras. Y dije «qué cosa más tremenda»� porque yo siempre había definido a mi generación como una de pioneras por lo que te decía antes de que salimos al mundo sin instrucciones y sin modelos, y cuando lo hice una vez, una tía mía que vivía en el 68 me dijo: «No, te equivocas porque las pioneras éramos nosotras»�. Es la maldición de las mujeres pioneras, que todas las generaciones se consideran que lo son porque los avances no se consolidan. Entonces es verdad que ha mejorado mucho la cosa, también porque las mujeres nos hemos esforzado mucho y hemos aprovechado, yo creo también a nivel individual, muy bien las oportunidades; nos falta aprovechar la oportunidad a nivel colectivo. Pero es eso, que los avances no se consolidan y además el machismo se ha reinventado, yo creo que el machismo se ha rearmado y ahora vivimos tiempos de una nueva misoginia que es especialmente irritante, una especie de misoginia 3.0 que está envuelta como en una cáscara progresista y como bondadosa ¿no? Y es la de: cómo vamos a darle a los hombres permiso de paternidad, si las mujeres tienen derecho a estar amamantando y a ser felices; o por qué vamos a permitir la maternidad subrogada si las mujeres tienen derecho a ser libres y a elegir… Entonces, yo creo que el problema del feminismo es muy paradójico porque su fracaso está en su triunfo.

El problema es que al conquistarse los objetivos del feminismo clásico, que decí­a que cuando seamos capaces de crear una sociedad igualitaria en las leyes, en el estatuto jurídico, en las oportunidades, llegará la igualdad real. Y hemos comprobado que no es verdad, que la igualdad teórica y la igualdad jurí­dica no crean igualdad real. Y yo creo, que el gran problema de las mujeres es que no hemos sido capaces de organizarnos colectivamente, individualmente si las aprovechamos con esfuerzo, por encima de la discriminación… Pero no hemos sido capaces de crear una organización que haya sido capaz de ordenar la fuerza de las protestas. Y no hablo de un partido feminista, pero yo creo que debería haber una plataforma del movimiento feminista que negociara con los partidos, que impusiera en los programas unos mínimos, y ese paso no se da. Por lo que aunque haya millones de mujeres en la calle, a pesar del MeToo a pesar de todo, ese paso no se da. Conquistamos los avances en el campo teórico, en el campo excepcional (con campeonas mujeres en deportes, etcétera) pero el techo de cristal no ha cambiado mucho, sigue siendo el gran problema de las mujeres.

¿Crees que es posible que esto cambie en algún momento?

Hombre, tendrá que poderse porque es el camino hacia el futuro de la sociedad. Pero el problema es que las mujeres no somos conscientes de nuestro poder, somos la mayoría de la población pero aceptamos que se nos trate como a una minoría, en casa, en el trabajo… Cuando en realidad somos la mayoría. Entonces yo creo que ese es el paso que hay que dar, que tenemos que invadir el centro. No podemos seguir muy contentas por los márgenes con nuestras conquistas individuales y naturalmente los hombres se resisten, yo eso lo entiendo, pero yo creo que el camino hacia el futuro pasa por la igualdad real.

¿Consideras que le falta visibilidad a la mujer en la literatura española?

Yo creo que el problema de la literatura no es tanto el número de mujeres, que evidentemente somos menos, el gran problema de la literatura es que el canon es masculino, inevitablemente es masculino. Por eso se habla de literatura femenina.

¿Eso qué quiere decir? Que como el canon es masculino, como la inmensa mayoría de los críticos son hombres, como la gran literatura universal de todos los tiempos es masculina, se crea un fenómeno que yo creo que es la discriminación más grave que sufre la literatura escrita por mujeres ahora que es la tentación de la autocensura. O sea, yo como quiero triunfar, como quiero que me premien, como quiero que me hagan buenas crí­ticas, voy a escribir con personajes masculinos o voy a escribir desde un punto de vista masculino o voy a escribir sobre temas prestigiosos y claro, en nuestra sociedad todaví­a los trabajos prestigiosos los detentan hombres en su mayoría.

Pero yo creo que las jóvenes se han quitado ya ese complejo. Yo es verdad que escribí­ mucho sobre los conflictos de identidad de las mujeres de mi generación, sin embargo siempre he tenido mucho cuidado en que mis personajes femeninos nunca sean «la chica de». Ni la chica de nadie, ni la madre de nadie, ni la novia de nadie. Entonces, lo que no voy a hacer es hacer una novela de ciencia ficción con un juez mujer en el s. XVIII, pero a los personajes femeninos si que les doy siempre una entidad que me parece fundamental porque es que son invisibles en la historia, incluso en la historia de la resistencia contra la dictadura que prácticamente no hay mujeres. La imagen del resistente es Jorge Semprún con gabardina y con sombrero y hay una parte de la historia que no está escrita y la literatura puede ser una forma de ampliar ese conocimiento o esa visibilidad, pero sí­, yo desde luego no puedo escribir un libro sin plantearme que las mujeres han estado siempre ahí y ya no porque yo sea feminista o no sea feminista, sino porque la novela es un espejo de la realidad y la realidad está llena de mujeres.

Se que si tuvieras que elegir un modelo literario femenino sería Ana María Matute, pero yo quiero saber otra mujer que, dentro de lo literario o no, te sirva de inspiración.

A ver, para mi Ana María Matute es mi modelo literario absoluto, si yo tuviera que parecerme a alguien me parecería a Ana Marí­a. Pero por ejemplo, si yo tuviera que escoger a algún personaje femenino en general estarí­a muy dividida porque me interesan muchas y admiro a muchas. Yo te diría Dolores Ibárruri desde luego, por lo que fue de animal político extraordinario, una mujer que no estudió, que era la mujer de un obrero y que pasaba su vida lavándole los monos y que llegara donde llegó y que tuvo el tamaño que tuvo… Fíjate, que es muy curioso que cuando acabó la Guerra Civil, los secretarios generales de las tres principales organizaciones de la España Republicana, dos son mujeres, Federica y Dolores, pero Federica me interesa menos.

Pero no se, todas las mujeres que han sacado los pies del plato me interesan, todas las que han logrado cosas en contra de lo previsible, desde Mary Shelley que escribió Frankenstein cuando tení­a 18 años hasta mujeres científicas o hasta las mujeres negras de la NASA; ese tipo de mujeres es a las que admiro más, las que sacan los pies del plato.

Conoce mejor la vida y obra de Almudena Grandes.

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