Molina Molina: "Pienso en música todo el día, quiero que este sueño dure lo máximo posible" | Nostromo Magazine
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Molina Molina: «Pienso en música todo el día, quiero que este sueño dure lo máximo posible»

por Martín Velarde Falcón

A día de hoy, con todo inventado, diferenciarse es fundamental. En esto está muy de acuerdo Pepe Molina (‘Molina Molina’). Con una ilusión y fe intactas en su propio proyecto, el cantante atiende a ‘Nostromo Magazine’ para charlar sobre ‘La Gran Esperanza Blanca’, su último disco y, por qué no, descubrir su lado más humano.

Se te ve bien. ¿Qué tal?

Estoy viviendo mi vida como una película. Como una serie, mejor dicho, que ahora están de moda. La última temporada de ‘Molina Molina’ está siendo muy intensamente. A veces miro todo con retrospectiva y me gusta verme así, como un personaje dentro de una trama. Están pasando muchas cositas, estoy subiendo escaloncitos y me considero afortunado por estar viviendo ciertas experiencias. Tengo ganas cada noche de que llegue el día siguiente para seguir viviendo este sueño lo máximo posible.

¿Qué buscas transmitir musicalmente en ‘La Gran Esperanza Blanca’?

El mensaje de ‘La Gran Esperanza Blanca’ no es muy concreto. Lo que quiero transmitir va, de forma individual, en cada canción. Como conjunto global, la idea pasa por comunicar una forma de hacer música, no un mensaje en especial. Está todo inventado y nadie va a venir a descubrir la pólvora. De hecho, con todo esto, me parece un éxito brutal que alguien sepa identificar uno de mis temas sin que nadie le diga que es mío. Es el éxito total. Teniendo en cuenta las miles de canciones que salen al día y la cantidad de grupos por metro cuadrado que hay, que se dé está situación es magia. Busco tener un sonido propio sin parecerme a nadie, pero siendo fiel a mis referencias. Estoy construyendo mi propio universo musical distintivo. Siempre es lo que he querido.

¿De dónde nace un título tan característico?

Quiero escribir un libro sobre el nombre de este disco, ‘La Gran Esperanza Blanca’. Tiene una intrahistoria muy especial para mí. En Warner escuché que se me llamaba así. Creo que es una exageración, pero se dijo y me emocionó mucho que me calificaran de este modo. Más aún teniendo en cuenta los artistas que forman parte de la ‘familia Warner’.

Molina Molina en la entrada de Warner / Fotografía por Martín Velarde

El vinilo ha resurgido de sus cenizas…

Para mí es más bien una necesidad. Es todo. Soy de esas personas que coleccionan vinilos. Entiendo la música como una serie de obras completas. Me encanta escuchar música en Spotify, por supuesto, pero es cierto que entiendo los discos como objetos que compras y te llevas a casa para escucharlos mientras lees las letras. Todo importa, incluidos la portada y los colores del disco. Por supuesto, también estará quien compre o grabe un vinilo por “postureo”. Si lo hubiera sacado únicamente en CD, hubiera sentido que despreciaba el trabajo de todo el equipo. No me interesaba. Dentro del vinilo se regala el CD, eso sí. También es cierto que quién me ha escrito sobre este tema ha sido para decirme que ni lo ha abierto y que ha optado por el tocadiscos.

No todo el mundo tiene un tocadiscos en casa…

Se han vendido todos los vinilos que produjimos. Quien lo compra es porque va a degustarlo de la manera que comentaba. Tienes razón también. De hecho, tengo un amigo que compra vinilos y no tiene tocadiscos. Lo hace para fardar de coleccionista.

Necesitaba ver el libreto en este trabajo. Yo, muchas veces, he comprado y escuchado vinilos sólo por la portada, sin saber de quién era la música. Te puedo asegurar que en el 99% de los casos no me he equivocado. En el 2000, compré un vinilo de Phoenix, ‘United’. La portada era una pared de ladrillo y alguien pegando un cartel. En aquella época, internet era otra cosa y yo no los conocía. La portada me impactó tanto que lo compré sin pensarlo. Cuando me puse a escucharlo, me explotó la cabeza. El vinilo complementa mis canciones.

«No tengo un ‘plan B’. La música es el ‘plan A’ y ese es el único plan sobre la mesa»

Del Pepe Molina más clásico, el que empezó, ¿qué queda hoy?

A nivel musical, queda el convencimiento de cómo hacer las canciones y la importancia que siempre le he dado a los estribillos. A nivel personal, se mantienen la ilusión intacta y la fe ciega de seguir haciendo lo que me gusta con todas las ganas del mundo. Cuando comentaba que la última temporada de la “serie” ‘Molina Molina’ la estoy viviendo con mucha intensidad, era totalmente así. Si antes daba el 150%, ahora doy el 300%. A lo largo del día, pienso, hablo y trato con la música. Hasta para descansar, que siempre es necesario.

Siguiendo la charla en clave seriéfila, la próxima temporada de ‘Molina Molina’ tiene muy buena pinta.

Estás inmerso en una buena racha. Sin embargo, todo el mundo pasa por momentos en los que quiere dejarlo todo y volver a empezar…

Creo que nunca me ha pasado. Con respecto a abandonar o frustrarme, sí, pero han sido micromomentos. Funciono por dos líneas: obsesiones y picos de subida y bajada. Así soy. Nunca he dudado de mí mismo. Tuve claro en un momento de mi vida -2009- que iba a ir con mi carrera musical hasta el final. No hay nada que pueda frenarlo. No tengo un ‘plan B’. La música es el ‘plan A’ y ese es el único plan sobre la mesa.

A mayor intensidad de vida, mayor apoyo buscaremos recibir. ¿En quién se apoya Pepe Molina?

Solo es imposible. Tengo mucha suerte. Existen una serie de pilares externos que soportan todo esto. Mi mujer, mi hijo y mi familia en general son fundamentales en mi vida. Me apoyan mucho. A nivel profesional, tengo también mucha gente cerca. Sé que quieren lo mejor para mí y sé que si necesito cualquier cosa voy a poder sostener mi proyecto personal y profesional con ellos.

¿Qué tiene ‘Molina Molina’ que cuando llama a Iván Ferreiro o Miss Caffeína la respuesta que recibe es afirmativa?

El poder está en las canciones. Eso es lo que quiero pensar. Cuando artistas de este calibre te dicen que sí, casi sin conocerte, y con una rapidez sorprendente, quiero pensar que es la música la que genera esa respuesta, que incluso he llegado a recibir en cuestión de minutos.

Mis propuestas han ido dirigidas a personas a las que he admirado desde siempre. Que Iván Ferreiro esté cantando en un tema de Pepe Molina es increíble. De hecho, por ejemplo, a Iván, cuando contacté con él, le dije explícitamente que esa canción estaba compuesta única y exclusivamente para él y que, si no salía adelante, no la iba a cantar nadie más. Trabajar con mis referencias es lo mejor que me ha podido pasar. De ellos he adquirido muchos conocimientos musicales y personales.

Molina Molina en la entrada de Warner / Fotografía por Martín Velarde

El éxito se asocia siempre a la fama. Rosalía, por ejemplo, puedo asegurarte que ya tenía la calidad musical que tiene sin ser famosa. Los grupos tenemos una tontería encima con la competencia que debemos evitar. Ningún grupo es competencia de nadie. En las versiones, en las que la canción como tal es la misma, cada artista las interpreta y expresa de una manera diferente. No entiendo porque nos vemos, y me meto en el saco, como competencia. A veces, incluso, no nos alegramos de que a otra u otro le vaya bien. Lo ideal sería tener envidia sana, no desear que a los demás artistas les vaya peor, porque no es sinónimo, ni mucho menos, de que mi proyecto vaya a crecer en detrimento del resto. ¿Acaso a alguien no le pueden gustar ‘The Beatles’ y los ‘Rolling Stones’? El fanatismo es tóxico en esta línea.

La competencia en la música me parece una gilipollez muy grande. Incluso los medios de comunicación deberían formar parte de esa familia.

Uno puede controlar su proyecto desde dentro, pero la comunidad fan que se crea alrededor del mismo es inmanejable… ¿La fama asusta?

No sé si la fama me asusta porque no la he vivido a altos niveles. Supongo que dependerá de cómo sepa gestionarla cada persona y del momento vital en el que uno se pueda encontrar. Creo que nadie está preparado. Si fuera algo que se va asentando y no llegara de forma desprevenida, sería más sencillo de controlar. Si tuviera que responder con un “sí” o un “no” la respuesta sería, por supuesto, que sí. Asusta porque no tienes el control.

«Siempre pienso que lo mejor está por venir. Si algo terminó en el cajón, es por algo»

Gran parte del fanatismo, a día de hoy, viene de la comunidad digital. ¿Qué tiene que hacer un artista para que no se vayan de madre las redes sociales?

Las redes sociales tienen un aspecto muy peligroso: el anonimato. Las personas se escudan en esto para sacar lo peor de sí mismas. Está socialmente bien visto felicitar a alguien, pero no criticar (siempre y cuando no sea crítica constructiva, que siempre es bien recibida). Paso de los insultos gratuitos. Si todo el mundo diera la cara en todo momento, sería todo muy diferente. La gente se repensaría lo que dice en internet. Que todos estemos conectados es increíble, pero, al mismo tiempo internet es un arma de doble filo. Una simple chispa puede desembocar en incendio digital. Difamar es gratuito y puede convertirse en viral algo que no es cierto. Hasta responder a una crítica puede ser contraproducente. No existe una manual de instrucciones sobre cómo gestionar la comunidad digital.

Lo que está claro es que los artistas también sois seres humanos y no extraterrestres. Precisamente por el mero hecho de ser persona, creo que todos tenemos sueños y cuentas pendientes en nuestra vida.

Te puedo asegurar que, musicalmente, el 99% de las canciones que he querido grabar han pasado por el estudio. Las que no he grabado fueron descartadas por algún motivo. Vivo el día a día, evitando así tener cuentas pendientes en la música. Sacar single a single, de hecho, me ha venido personalmente como anillo al dedo. Todas las entrevistas han sido diferentes, todas las canciones han sido diferentes y todos los conciertos han sido diferentes.

Siempre pienso que lo mejor está por venir. Si algo terminó en el cajón, es por algo.

‘Los Zigarros’ afirmaban que “petarlo” es vivir de la música. ¿Y para Pepe Molina?

Valoro el éxito a través de dos aspectos. El primero es que la gente sepa identificar algo de ‘Molina Molina’ sin que le hayan dicho que es mío. El otro sería poder vivir de esto, claro. Si ahora pienso el 98% de mi tiempo en música es porque tengo clara la meta. Que cada artista tenga un sello muy claro es fundamental, desde mi punto de vista. Pasa mucho que, al poner la radio, si el locutor no explica quién está cantando, no sabes exactamente qué grupo está sonando. A día de hoy, con todo inventado, considero muy importante diferenciarse. El otro día me escribieron unos amigos diciéndome que me habían escuchado en Mercadona. Puede que parezca una tontería, pero me hizo mucha ilusión que reconocieran un tema mío.

«Para bien y para mal, intento siempre ser yo mismo»

Yo soy muy natural. Sí es cierto que, al principio, me puse una careta con el objetivo de intentar calar en la gente. Después me di cuenta de que era estúpido. Aprendí de aquello. Para bien y para mal, intento siempre ser yo mismo. Es cierto que hay que diferenciar la música que hace una persona de la persona en sí. Con Michael Jackson, por ejemplo, que ahora vuelve a estar de moda, no se está sabiendo respetar el legado musical que ha dejado.

El primer vinilo que yo compré fue ‘Dangerous’, de Jackson. Por supuesto, también me explotó la cabeza. Me da igual lo que digan ahora. Musicalmente es un genio. Lo demás, aparte por favor. En Estados Unidos, se puede difamar sobre un difunto. Recomiendo a todo el mundo que se informe bien, con respecto a Michael, para poder construir una opinión argumentada. Si la gente ve el documental de ‘Netflix’, que también vea los que se han hecho desmintiéndolo, simplemente para contar con la totalidad de las versiones.

¿Qué mensaje darías a quién esté leyendo esta entrevista?

Aprovecho lo que comentábamos de Michael para hacer hincapié en la necesidad de indagar en la información que recibimos todos los días. Cómo decía Antonio Arias, de ‘Lagartija Nick’, existen tres versiones: la tuya, la mía y la de verdad. Los populismos son fáciles, porque dan acceso a las modas y conversaciones cotidianas más banales.

Me gustaría también hacer mención especial a la importancia de no tener que pedir perdón cuando a uno le va bien. Es decir, ¿por qué parece que uno tiene que callarse cuando le va bien? Eso genera victimismo. La gente que te apoya en tus malos momentos, seguro que también quiere saber que te va bien.

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