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‘La inocencia’: un cóctel de sensaciones

por Rubén Pareja Ramírez

Y es difícil ceñirse en lo que tiene que ir este artículo, o sea, sobre la propia película en sí. Pero es que “La inocencia”, esta obra dirigida por Lucía Alemany y que ha permitido a una jovencísima Carmen Arrufat debutar en la gran pantalla, es una aventura en la que te acuerdas de otras series, películas, o incluso anécdotas cercanas a ti. Y este cóctel de sensaciones, da igual el orden, lleva al final a algo común: una mentalidad opresora que, aunque más propia del pasado, todavía existe en España por desgracia, como se refleja y critica aquí.

En “La inocencia”, Arrufat interpreta a Alicia (o, simplemente, Lis), una muchacha que sueña con salir de su pueblo y trasladarse a Barcelona para aprender a ser una artista de circo. Lis es víctima de ese “conservadurismo rancio” que yo tanto menciono y que, si bien es un atraso para la sociedad, lo es sobre todo para la mujer. No se puede evitar sentir rabia viendo esta cinta, en general, y sentir compasión por la pobre chiquilla. Me recuerda bastante a los inicios de “Cuéntame”, ya que la mentalidad de esta serie (cuando los 70) se respira en “La inocencia”, especialmente cuando los Alcántara viajaban a su pueblo de origen. Es decir, controlar con quién sale o cómo viste, que a ver qué pensarán los vecinos, o cosas así. 

Lis tiene que convivir con un padre retrógrado, Catalano (Sergi López). Una versión 2.0 de Antonio Alcántara, vaya, aunque con el aire propio de hombre de pueblo. Él no consiente que su hija se quiera marchar lejos, y encima para meterse en el circo. Ahí se puede ver cómo manda a Lis que se levante de la mesa y le traiga el yogur, que “para eso ella no tiene que cargar con nada”, y la reprime severamente si le lleva la contraria.

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Paralelo a la vida que hace a diario con sus amigas, Lis mantiene en secreto una relación con un tal Néstor (Joel Bosqued), un individuo que, además de ser mayor que ella, no es un buen modelo a seguir. Es conocido por traficar con drogas en el lugar y, cómo no, consume su mercancía. Posiblemente influenciado por el ambiente en el que viven, Néstor controla a su novia, por la que tiene celos y quien se cree que es su dueño. Podemos decir que incluso la maltrata, ya que en cierta escena se le ve gritándola como un poseso ante los ojos de los vecinos. Si le sumamos el efecto de las drogas, la situación es de lo más espeluznante.

Y, como estamos en un pueblo, no podían faltar las fiestas propias de estos lugares. “La inocencia” nos sumerge en el ambiente de las verbenas veraniegas (que también se viven en los barrios de las ciudades) con sus pistas de baile y sus mesas llenas de vecinos a la fresquita; sus procesiones religiosas y, cómo no, sus festejos taurinos. Todo ello acompañado del calor que hace en esta zona (concretamente Triguera, donde nació Laura Alemany). Con un desagradable “toro embolao” se echa el telón al verano. Es a partir de ahí cuando Lis se da cuenta de que está embarazada. Esta noticia en medio de este clima resulta, evidentemente, como un tiro, y supone una pesadilla para la protagonista, quien trata de salir de la situación.

Un personaje muy peculiar en la película es Remedios Naturales, la madre de una de las amigas de Lis, que no cae muy bien precisamente. Su mentalidad liberal, al contrario que las demás habitantes del pueblo, es uno de los motivos por que la toman por un bicho raro. Si encima es una madre separada y una “bruja” (realiza rituales terapéuticos con velas, por ejemplo, en su casa), nos puede recordar bastante a la película “Chocolat”, en la que el pueblo veía con malos ojos a la dueña de la nueva chocolatería. Una “mala influencia”, nada más y nada menos, a quien Lis pide consejos, ya que es una persona comprensiva, con la que se puede hablar.

Sobre la película en sí, es alucinante, porque parece que estemos viendo un documental. El sonido natural es lo que prima. La única música (puedo confiar en mi memoria) que aparece es en la discoteca a la que los jóvenes van, y los pasodobles que se escuchan en las fiestas. Que, por cierto, sería una delicia encontrar en la vida real una discoteca en la que se disfrute escuchando un tema de techno español al estilo de los 90, en vez de reggaetón, aunque esto sí suena un poco también en los móviles de las chiquillas.

Esta hora y media de película transcurre bien, sin aburrir. Es dinámica y entretenida, aunque esto también lo permita durante cierto rato la angustia que produce esperar cómo Lis podrá salir bien parada de su situación. Nos encontramos en un pueblo a la antigua, y por eso vemos calles y tiendas con la estética propia de estos lugares. Y no podían faltar, por supuesto, las típicas mujeres mayores cuchicheando, asomándose a los balcones cual “Vieja’l visillo” o parando a Lis y a su madre, Soledad, para ver lo “guapa” o lo “mayor” que está su niña, o cosas por el estilo. Por otro lado, nos podemos sentir como en “Callejeros”, en medio de la movida de las fiestas juveniles, llena de drogas y de alcohol.

Carmen Arrufat demuestra en su debut un talento digno de elogiar para su edad. Su nominación al Goya de actriz revelación no fue, sin duda, porque sí, aunque finalmente no se lo concedieron. Vaya carácter que demuestra. “La inocencia” supone a la castellonense un pistoletazo para una trayectoria que puede ser fructífera. Lo que ocurre es que, después de ver su simpática entrevista con Broncano, por su edad (en octubre cumplirá los 18) y por su forma de actuar en la película, a veces cuesta verla del todo en el papel que está interpretando. Pero no debemos olvidar que esto es un retrato de lo que Alemany sintió en su adolescencia, y que ahora relata de la mano de la joven valenciana. En cualquier caso, estamos viendo a una especie de guerrera en medio de su ambiente hostil y opresor, del que intenta escapar.

Podemos decir que Arrufat es la versión femenina y cañí del mítico Dolph Lundgren, ya que la castellonense habló en “La Resistencia” de su buena trayectoria en Bachillerato, con unas notas que, al parecer, no pasan nada desapercibidas, al igual que el actor sueco demostró también ser un intelectual. Tras ver esta película, hay más ganas de ver en acción a la valenciana que, hasta que esta epidemia ha paralizado el mundo, se encontraba rodando “Hit”, la nueva serie sobre adolescentes que TVE tenía previsto estrenar. Además ha aparecido recientemente en el programa “Cuarentena en casa”, que el mismo canal está emitiendo durante estos meses.

“La inocencia” era una película necesaria de hacer. Y más de la mano de una mujer. Porque estamos en una situación en la que el “conservadurismo rancio” acecha más que nunca, al pretender un grupo de gente rescatar algunos de estos retrógrados valores a día de hoy. Entonces no existe nada mejor que aventuras como esta para demostrar sus peligros e irresponsabilidades, algo que Lucía Alemany consigue hacernos ver bastante bien aquí.

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