Lo difícil es quedarse

'Araña' es una novela de Jon Bilbao y su verdadero valor recae en el uso del lenguaje y en la estructura de las frases.
araña

En agosto de 1983, unas terribles inundaciones azotaron Bizkaia y, en concreto, Bilbao, cobrándose una treintena de vidas. Araña (Impedimenta, 2023) comienza en la casa de Ribadesella de Jon y sus padres, que reciben la visita de dos amigos en esa fecha, con la tragedia de fondo. La historia del Jon niño y del Jon adulto, que aparece más adelante, se une a la de John Dunbar, un pistolero que ya protagonizó la anterior novela de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972), llamada Basilisco, pues este es el apodo de Dunbar.

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Al principio de Araña, este pistolero ha sido atrapado y atado por los indios shoshones. Está malherido y camina por el desierto, donde encuentra a otro hombre en su misma situación. Intenta sobrevivir junto a él y contra el sol abrasador, la violencia y la aridez, pero la vida, de nuevo, le tiene reservado un plan diferente. Dunbar se encarga de guiar a peregrinos en busca de la tierra prometida en Estados Unidos. Sin embargo, este sueño americano se trunca y hace que las historias contenidas en el libro se mezclen entre sí y ofrezcan reencuentros sorprendentes y situaciones bíblicas. Todo ello, unido por la figura de la Araña, un ente simbólico vinculado a un sentimiento que atenaza a los protagonistas de este libro.

Uno de los personajes de la novela lee la Ilíada, de la que dice que es extraña, ya que ni cuenta el principio de la guerra ni el final. En Araña, no se cuentan ni el principio ni el final de la vida de John Dunbar, aunque sí se presenta un desierto estadounidense que es infernal, donde los dioses son Plomo y Pólvora y donde los personajes experimentan rupturas de lazos y relaciones y por tanto se ven abocados, como dice uno de ellos, a una «mudanza de los afectos». En estas páginas también se expone cómo el ser humano con frecuencia idealiza conceptos y objetivos y diviniza a otras personas.

Dunbar es un Aquiles moderno sobre el que las musas cantan o un Ulises que desea eliminar los recuerdos, tirarlos a la basura, porque así causarán menos dolor. La melancolía le atenaza, toma forma y lo asfixia, al igual que hace con Jon en la otra historia. Una melancolía que se cuela como los jabalíes en su casa o las ramas de los árboles tras los agujeros dejados por la tormenta, huecos que no sabía que existían y que solo conoce cuando ya es demasiado tarde.

Esta obra se mueve entre historias diferentes y, aunque genera interés, más en la historia de Dunbar que en la de Jon, que queda un poco coja, su verdadero valor recae en el uso del lenguaje y en la estructura de las frases. El narrador presenta personajes que no contemplan que la felicidad pueda entrar en sus vidas. Aunque la tengan a mano, no la agarran. También trata sobre las ilusiones humanas y cómo a veces se persiguen a ciegas y sin garantías, buscando también la propia identidad y la necesidad de sentimientos para sobrevivir. El ser humano tiende a imaginar su paraíso individual, donde cree que puede estar en paz y por el que podría estar agradecido. Aspira a alcanzarlo y, sin embargo, «lo difícil es quedarse», como dice otro personaje.

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