Lo que (tal vez) no sabías sobre ‘Toy Story’ | Nostromo Magazine
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Lo que (tal vez) no sabías sobre ‘Toy Story’

por Álvaro Ortiz

22 de noviembre de 1995. Nervios. Expectación. Una recién nacida Pixar se estrenaba en los cines de todo el mundo con su particular apuesta, ‘Toy Story’, que como más tarde se supo se convertiría en la saga más popular y exitosa de la compañía, con más de 3.000 millones de dólares recaudados. Pero lo que quizá no sabías es que, apenas 3 años antes, ‘Toy Story’ era un proyecto cancelado.

‘Monstruos S.A’, ‘Up’, ‘Buscando a Nemo’, ‘Bichos’… Durante más de 20 años, Pixar se ha ganado el puesto de gran referente de la animación mundial. Si vas por la calle y haces el experimento, todo el mundo reconoce su mítico opening. Seguro. De hecho, si solo oyéramos el sonido también sabríamos que se trata de la entrañable lamparita saltando. Sin embargo, hubo un tiempo en el que esto no era así y la empresa era poco más que una gran desconocida con buenas ideas.

El declive de Disney

La historia de cómo ‘Toy Story’ acabó siendo ‘Toy Story’ es larga e interesante, pero digamos que hubo un tiempo en el que Disney no las tenía todas consigo. Desde 1937, la marca del ratón había ido de hit en hit con los grandes clásicos: ‘Blancanieves’, ‘Pinocho’, ‘Dumbo’, ‘Bambi’, y luego hasta llegar a ‘Peter Pan’, ‘Aladdin’, ‘El Rey León’ o ‘Hércules’, que ya rozaban casi el nuevo siglo. Estas producciones, aunque exitosas todas, comenzaban a manifestar cierto cansancio. 

A principios de los 90, en los despachos de Disney se observaba con horror cómo la fórmula se agotaba hasta decir: “Ya no puedo daros más”. Y aunque ya se sospechaba durante su desarrollo, el estreno de ‘Pocahontas’ en verano de 1995 terminó de confirmar que lo del 2D y la animación tradicional estaba dando sus últimos estertores. De hecho, la película de la heroína india logró 346 millones, muy lejos de los más de 500 de ‘Aladdín’ tres años antes, o los casi 1.000 millones que se embolsó ‘El Rey León’ solo unos meses antes. 

Pero retrocedamos un poco hasta la década de los 80. En ese momento, todos en Disney sabían que el futuro inmediato no pasaba por aquel tipo de películas, por lo que dentro de la empresa los propios trabajadores daban ideas para posibles futuros proyectos. Uno de los empleados, John Lasseter (futuro director de ‘Toy Story’), se atrevió a dar una idea a los altos ejecutivos. 

“Oye, ¿por qué no adaptamos este cuento? Va de unos cacharros de cocina que cobran vida y emprenden una aventura hasta conocer a su creador”. ¿Os suena de algo? ¿Acaso estábamos ante la semilla de lo que sería años más tarde ‘Toy Story’? Seguramente. Solo que los jefes de Disney aún no lo sabían. Total, que la idea de adaptar el cuento ‘La Tostadora Valiente’ se saldó con el despido fulminante de Lasseter, que pronto encontró acogida en un nuevo hogar: Lucasfilm. 

Tecnología por ordenador

Un tal George Lucas apadrinó al joven Lasseter en Graphics Group, una división de Lucasfilm destinada exclusivamente a desarrollar la incipiente tecnología del arte por ordenador. Fue allí, entre las paredes que dieron vida a ‘Star Wars’, donde Lasseter y su equipo crearon el primer personaje hecho completamente por ordenador: un caballero medieval para la peli ‘El Secreto de la Pirámide’ de Barry Levinson.

La historia de unos objetos corrientes que cobran vida, personajes creados por ordenador… Poco a poco, tal vez inconscientemente, se estaban dando los primeros pasos hacia ‘Toy Story’. Y más cuando apareció otro nada conocido, Steve Jobs, que ofertó 5 millones de dólares por la división de Lucasfilm. Cabe mencionar que en el momento de la oferta, George Lucas (recién divorciado) y su sello se habían estrellado con la indescifrable ‘Howard el Pato’, que había recaudado solo un millón más de lo que había costado. Así, la ruina que había desatado el ave antropomórfica, sumada a la desvalorización de la marca Star Wars tras ‘El Retorno del Jedi’, acabaron con Graphics Group en el bolsillo de Steve Jobs, que la convirtió en una empresa independiente: Pixar.

Una alianza necesaria

Corría el año 1987 y Disney estrenaba ‘La Tostadora Valiente’. Imaginaos cómo estaba la cosa. En esas, aparece Jeffrey Katzenberg y se convierte en el nuevo jefazo de la compañía. No le fue mal, pues por su gusto por los musicales acabaron llegando ‘La Sirenita’, ‘La Bella y la Bestia’ o ‘Aladdin’.

Con Disney vagando sin rumbo, Katzenberg se fija en Pixar, que en aquel momento se encontraba experimentando con las posibilidades que daban los avances de la animación por ordenador. Pensaría: “Estos, que están haciendo cortos porque no pueden hacer otra cosa, tienen una tecnología que me da que va a ser el futuro de la animación”. Tanto así que intentó comprar Pixar.

Pero Lasseter, que trabajaba en Pixar, propuso otra idea a Disney, sabiendo que necesitaban el músculo financiero de Mickey. Había voluntad, pero a Katzenberg no le hacía gracia que Pixar controlara todo: producción, distribución… Y, curiosamente, no fue otra que ‘Pesadilla Antes de Navidad’ la que sentó un precedente histórico y definitivo, ya que Tim Burton consiguió algo insólito: que Disney se encargara solamente de la distribución y no metiera mano en los demás procesos. Gracias, Jack Skeleton. Esto convenció a Katzenberg, y así Pixar y Disney unieron fuerzas en 1991 para hacer la primera película 100% ordenador de la historia.

Una relación complicada

Debajo de todo esto, la cosa no era tan guay como parecía. Por un lado, Lasseter sabía que sin la maquinaria económica y publicitaria de Disney estaban perdidos; y Katzenberg, muy de estranjis, pretendía usar la tecnología de Pixar para hacer las historias que él quería hacer. Fue Jobs quien, hábilmente, impidió a Disney meter mano en su tecnología a cambio de cederles los derechos de merchandising: muñecos, camisetas, juegos, etcétera. 

Igualmente el proyecto empezó desarrollándose con muchísimas dificultades. Disney y Pixar peleaban por controlar un poquito más que el otro. Aunque al menos el concepto de la futura peli estaba claro: “hay unos juguetes que tienen vida y están motivados por su objetivo vital, que es ser jugados”. Sin embargo, el equipo creativo no parecía dar con la tecla y había multitud de enfoques distintos. De hecho, llegaron a mandar a Lasseter y a un guionista a un seminario de tres días en Los Ángeles impartido por Robert McKee, uno de los gurús de la teoría del guión.

Lentamente comenzaba a verse clara la trama: sería una aventura de ida y vuelta, de regreso a casa. Esto, que parece una tontería, marcaría el rumbo de las historias futuras de Pixar, desde ‘Bichos’ a ‘Buscando a Nemo’. Todo el relato estaría soportado por dos personajes en conflicto: Woody y Buzz, que reflejan el choque entre lo clásico y lo nuevo. La vieja escuela y la modernidad. Vaquero y astronauta.

Este detalle es bastante chulo porque, de alguna manera, fuera de la película también se estaba produciendo ese enfrentamiento entre lo viejo (Disney) y lo nuevo (Pixar). Así era el clima en el que trabajaba el equipo de Lasseter en San Francisco, alejados de Hollywood, pero yendo cada equis tiempo a reuniones con los jefazos Disney. En estas reuniones, según se comenta, los altos ejecutivos echaban por tierra cualquier intento de Pixar por salirse de la fórmula clásica, exigiendo que la peli debía ser más adulta y oscura. Aunque la idea de convertir a Woody en villano fue del propio Lasseter, que debió dormir muy poco aquella noche. Merece la pena hacerse con el DVD de ‘Toy Story’ solo por ver aquel Woody sádico y descarnado.

Muerte y resurrección.

Tras trabajar en los cambios, el equipo de Lasseter envía a Disney un montaje representativo de unos 48 minutos. El primer pase de la peli ante los ejecutivos acabó siendo, según los propios trabajadores de Pixar, el “Viernes Negro”. Y es que nada más terminar la película, Katzenberg dijo: “Woody is an asshole”. Tras eso, ‘Toy Story’ se canceló. Se acabó. 

Sin embargo, en uno de esos milagros que de vez en cuando suceden, Lasseter consiguió una prórroga de dos semanas que, por cierto, Steve Jobs pagó de su bolsillo. ¿Qué hizo Lasseter? Encerrarse 15 días en una habitación con un nuevo guionista, Joss Whedon. Sí, el responsable de ‘Vengadores’ fue quien terminó de dar forma a lo que hoy conocemos como ‘Toy Story’.

Desde primera hora, la misión de Whedon estaba clara: aligerar la peli. El guionista de ‘Buffy’ debía conseguir personajes más alegres y empáticos. Para ello, fue él quien añadió a Rex, el dinosaurio hipocondríaco, y a la pastorcilla Bo como interés amoroso de Woody. No obstante, Disney seguía tratando de llevarse la película a su terreno y propuso convertirla en un musical. Whedon se negó, argumentando que cómo iba a ser un musical cuando los personajes no tenían muy claro qué querían. Aún así, las presiones de Katzenberg dieron su fruto y canciones como ‘Hay un Amigo en Mí’ acabaron entrando en el montaje. Aquí hay que dar las gracias a Disney, ya que los temas de la peli todavía hoy logran ser inolvidables.

El proyecto seguía así sus pasos al filo de la navaja, aunque ya no contaba con la fe de Katzenberg, que destinó 110 animadores para trabajar en ‘Toy Story’. En ‘El Rey León’ había 800. De modo que la película se terminó como se pudo. De hecho, la propia duración lo dice: 77 minutos, muy lejos de los 90 que suele ser el estándar. Sin embargo, pese a las mil dificultades que enfrentó el proyecto, el desenlace de su historia es de sobra conocido.

‘Toy Story’ no solo fue la película más taquillera de su año y la tercera película de animación más taquillera de todos los tiempos, sino que fue la primera en ser nominada a Mejor Guión en los Oscars. John Lasseter, por su parte, recibió un Óscar Especial. Su idea de una animación tan radicalmente distinta a lo anterior, con personajes grises y un humor gamberro e irónico, marcaron el camino y la convirtieron en un éxito mundial que hoy día sigue llenando salas de cine. En definitiva, una de las franquicias más rentables y brillantes de todos los tiempos. Una saga que, además de premios, logró algo mejor: sentar juntos en el cine a niños y adultos.

Escena post-créditos: tras una serie de conflictos, Jeffrey Katzenberg acabó saliendo de Disney a cambio de 280 millones de dólares. Más tarde, junto a un tal Steven Spielberg, fundó Dreamworks. Hoy, la gran competidora de Pixar.

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