"Regreso al futuro III", una aventura en el Viejo Oeste | Nostromo Magazine
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«Regreso al futuro III», una aventura en el Viejo Oeste

por Nostromo Magazine

Escrito por Rubén Pareja Ramírez

Ya en «Regreso al futuro II», Doc se lamentaba por no poder visitar la que decía que era su época favorita: el Viejo Oeste. Tras varios incidentes en su periplo temporal, el doctor Brown tiene pensado destruir el Delorean para no causar más locuras. Un fallo en los circuitos de tiempo, mientras Doc va a buscar a Marty, cambia la fecha de destino. Y, tras quemar éste el almanaque deportivo, un rayo sacude al coche con Doc dentro, que no podía aterrizar, debido a las turbulencias.

Tras recibir aquella carta escrita por Doc en la que le explica lo sucedido, Marty busca de nuevo al Doc de 1955, quien se desmaya al ver a un Marty que acababa de partir hacia 1985. Así finaliza la segunda parte de la trilogía, y así es también como comienza la tercera.

En su casa, Doc se espanta al ver al «chico del futuro», quien le convence de que tiene sentido que esté ahí. En este punto tiene lugar un fallo de doblaje imperdonable: Marty explica a Doc todo lo ocurrido y que está ahora en el Oeste. Entonces Doc, aún receloso, le preguntaría:

Si mi yo del futuro está ahora en el pasado, ¿cómo es posible que te hayas enterado de todo?

En cambio, los dobladores lo tradujeron: «Si mi yo del pasado está ahora en el futuro, ¿…?«.

Marty le muestra entonces la carta, que deja tres cosas claras:

  1. Que el Delorean está enterrado en una mina abandonada, listo para que el Doc de 1955 repare las piezas dañadas por el rayo, ya que el Doc de 1885 no pudo, porque esas piezas no se inventarían hasta 1947.
  2. Que no se les ocurriera volver al Oeste a recoger a Doc, que se siente muy feliz allí
  3. Que destruyan el Delorean en cuanto vuelvan a 1985.

Doc y Marty van a la mina y encuentran el Delorean y, cuando se van a marchar, Marty encuentra una tumba en la que reza el nombre de Doc, a quien asesinó un forajido llamado Bufford Tannen (bisabuelo de Biff). El motivo fue una supuesta deuda de 80 dólares y, además, aparece una dedicatoria por parte de una tal Clara.

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Foto: Hobbyconsolas.com

De este modo, Marty deja claro a Doc que, en cuanto éste repare el Delorean, volverá a 1885 para salvarlo. Esa parte, en el autocine, siempre me ha gustado. Ahí aparece Marty ridículamente vestido de vaquero, que asegura que Clint Eastwood nunca iría así (Doc aún no conoce a ese individuo). Es divertido ver cómo Doc pone a punto el coche y le guarda el aeropatín, su ropa futurista y le pone unas enormes petacas a los walkie-talkie que ambos usaban para comunicarse en la anterior entrega.

Marty conduce hasta chocar con la pantalla de cine, debajo de la que habían pintados unos indios a caballo. Eso es lo que se encuentra nada más llegar a 1885… ¡Indios! Huyendo de éstos, da con una cueva en la que Doc le dijo que aparcase el Delorean. Pero, tras arrancar una flecha que había clavada, rompe el depósito de la gasolina y toda ésta se desparrama.

Tras huir de un feroz oso y de acabar en la casa de sus tatarabuelos (incluido su recién nacido bisabuelo, que se le hace pis encima), Marty llega a una primitiva Hill Valley en la que busca al herrero, que es el oficio de tapadera que se buscó Doc. Allí se encuentra con Bufford, cuyo apodo era «Perro Rabioso». Cuando Marty le llama así, se enfurece y trata de matarlo, pero Doc le salva la vida. Entonces, éste y el forajido discuten sobre la deuda de 80 dólares que Doc se niega a pagar. De este modo, Bufford le amenaza con matarlo algún día…

Marty convence así a Doc de que se tiene que marchar para evitar ser asesinado. El problema es que, sin gasolina en el depósito, el Delorean no puede llegar a los 140 por hora ni, así, viajar en el tiempo. Y, hasta avanzado el siglo XX, pueden olvidarse de encontrar gasolina.

Tras varias ideas frustradas, la solución es secuestrar una locomotora, capaz de llegar a la velocidad necesaria, aunque tiene que ser sin arrastrar ningún vagón y con la caldera al máximo. Tras saber que el próximo tren volvería el lunes por la mañana, fecha en que se supone que Tannen mataría a Doc, se ponen manos a la obra.

En medio de este jaleo, Doc conocerá a la misteriosa Clara, que resulta ser la nueva profesora que habían traído al pueblo. Ambos se acabarán enamorando, hasta el punto de que Doc se plantea no volver a 1985…

De nuevo tenemos aquí otra trama pastelosa, aunque la estancia en el Oeste es divertida. Doc y Marty asistirán a una verbena en la que hay bailes, música y dianas para disparar. Marty hace una ronda de tiro fantástica que, según le explica al encargado, esa habilidad la aprendió en Disneylandia.

Y una gran lección que da esta película es la de no correr riesgos innecesarios solo porque alguien nos provoque. Uno de los momentos decisivos de la película tiene lugar al final de ésta. Es un momento que se menciona en «Regreso al futuro II», en el que Marty acepta de joven una carrera ilegal para no quedar como un «gallina» y acaba chocando con un Rolls Royce. Así, se fractura la mano y jamás podría ser una estrella del rock, como él siempre deseaba. Al ser igualmente provocado por Bufford en el Oeste, Marty acepta un duelo con él y Doc no puede evitar advertirle sobre los riesgos que esas decisiones pueden tener.

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