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Sorpresas, tensión, tristeza y compañerismo en Spa-Francorchamps

por Rubén Pareja Ramírez

Se terminaron las vacaciones. Las ganas por que la Fórmula 1 regresara se hacían cada vez mayores a lo largo de agosto, aunque mientras esos momentos llegan te puedes centrar en tus asuntos, entre ellos la semana de Feria, que ayuda a que el tiempo pase un poco más deprisa de lo habitual.


La cita del trazado de Spa-Francorchamps prometía un fin de semana entretenido e intrigante, en cierta medida por conocer los ases que cada equipo iba a sacarse de sus mangas tras varias jornadas de trabajo durante el mes de agosto. Ferrari, en especial, necesitaba mejorar, ya que en esta «primera división» que tenemos en la Fórmula 1 -que la conforman Mercedes, Red Bull y la escudería italiana-, los de Maranello se encuentran en la cola.

Ferrari hizo sus deberes el fin de semana. Si la Fórmula 1 fuera una quiniela, satisfactoriamente los de Mattia Binotto han hecho un estupendo Pleno al 15. Porque, en las tres sesiones de entrenamientos libres, los monoplazas rojos dejaron claro su dominio con el doblete en cada una de ellas, algo que se consolidó en la sesión de clasificación, al conseguir Leclerc la pole y Vettel quedar segundo. Y entonces solo faltaba la carrera…

A los nervios por que el domingo llegara para saber quién iba a hacerse con la victoria en el trazado belga se unió una triste sensación: la muerte del piloto Antoine Hubert, durante la prueba de F2 que se disputó en el mismo circuito varias horas después de la clasificación. El francés perdió el control del monoplaza, lo que hizo que se estrellara contra las protecciones y que retrocediera hacia la recta, en la que los demás pilotos iban lanzados. Fue entonces cuando el ecuatoriano Juan Manuel Correa tuvo la mala suerte de cruzarse con el galo y embestirlo. El monoplaza de Hubert acabó partido en dos tras el brutal choque que le causaría más tarde la muerte a sus 22 años.

Como decía el mítico comentarista de Telecinco, Gonzalo Serrano, durante la retransmisión del Gran Premio de Ímola de 1994, «hay que dejar claro que las carreras son duras». Y esto es una realidad. La mala suerte siempre es un factor de riesgo cuando te pones a los mandos de una de estas máquinas. Afortunadamente, y a raíz de los trágicos sucesos que ocurrieron aquel fin de semana en San Marino, las medidas de seguridad han aumentado. Así, en el caso de la Fórmula 1, desde las muertes de Roland Ratzemberger y de Ayrton Senna en aquella carrera, no había vuelto a fallecer un piloto en los siguientes 20 años hasta Jules Bianchi, tras el accidente en el GP de Japón del 2014. En la F2, el último piloto en fallecer fue Henry Surtees en 2009, en el trazado inglés de Brands Hatch, cuando el neumático de Jack Clarke golpeó su cabeza, lo que acabó costándole la vida.

El domingo llegó con el merecido homenaje al francés, pero además a los servicios de emergencias que están en cada Gran Premio al pie del cañón para garantizar la máxima seguridad en las carreras y dispuestos a dar a los pilotos lo máximo de ellos en caso de que tengan un accidente. Porque la emoción la ponen -o lo intentan a veces- los veinte hombres en pista, pero la labor que estos héroes pueden hacer en aquellos segundos vitales para la vida de un piloto, o de cualquier persona allí presente es algo que no se puede despreciar. De este modo, en Spa ha habido un ejemplo de compañerismo, al llevar, además, cada piloto su respectivo brazalete negro y las correspondientes referencias de cada equipo en la carrocería de los coches. Por no hablar de la ovación a Hubert en la vuelta 19, en alusión al año en que ha fallecido.

Para la carrera de ayer estaba claro que un Ferrari se iba a llevar la victoria, aunque no ha sido tan cómodo como se podía imaginar. Leclerc se alejaba cómodamente del resto de pilotos, pero Vettel lo tuvo más complicado. El monegasco, tras ganar en Spa, se convierte en el líder de Ferrari. Aparte de su victoria personal (la primera en su carrera en Fórmula 1 y, a sus 21 años, la más joven en el equipo italiano), ha permitido a los de Maranello alcanzar el primer puesto por fin en lo que va de temporada. Lástima lo que le ocurrió a Vettel en Canadá al saltarse aquella curva, aunque… ¡UUUYYY! Leclerc acabó pasando por una de las escapatorias en una ocasión. Y no era plan, a ver si le iban a sancionar como al alemán. Que estas buenas rachas no tienen lugar siempre y hay que saber aprovecharlas, sin errores.

A pesar de todo, Leclerc fue más rápido que Vettel en el trazado belga. Por eso, cuando Hamilton pisaba fuerte a mitad de la carrera, desde el equipo pidieron al frigodedo que dejara pasar al monegasco. Porque su rapidez, evidentemente, era la baza de Ferrari para conseguir la ansiada primera victoria. Esta es una de las cosas tan chulas como necesarias que tiene esta disciplina: el compañerismo. Porque el título del Campeonato Mundial lo persiguen tando los dos pilotos como el equipo. Entonces, ambos han de unir sus fuerzas para ayudar a su escudería a llegar a lo más alto. Incluso uno de los dos conductores que tenga pocas posibilidades de ganar el Mundial puede ayudar al otro, que sí las puede tener, a conquistar el título. Hablamos, por ejemplo, de dejarse adelantar. Durante la carrera de ayer, Vettel se quedó rezagado al final y Leclerc fue el único que pudo aguantar hasta la bandera de cuadros en unas últimas vueltas que resultaron frenéticas y algo angustiosas. Hamilton acabó a menos de un segundo del piloto de Ferrari en la recta de meta. De haber quedado una sola vuelta más, el británico habría roto todas las expectativas del fin de semana y se hubiera alzado (otra vez) con el triunfo.

La victoria de Leclerc permitió volver interesante una carrera «aburrida». Porque el monegasco, respaldado por el alemán, rompió los tradicionales esquemas, se alzó con el liderato y esto despertaba cierta emoción, pero los Mercedes permanecían atrás, sin muchas posibilidades, hasta el empujón de Hamilton en los últimos compases. Red Bull no estuvo presente en esta bonita lucha. Porque Verstappen se tuvo que despedir en la primera vuelta tras el choque con Raikkonen, que se le echó literalmente encima, por lo que le falló la dirección y acabó contra las protecciones. Y Albon no pudo estar en la cabeza, por el tráfico en el que se vio metido. Podemos mantener la calma con el recién ascendido a la escudería, por esto mismo, aunque desde el equipo mostraron su satisfacción con ese quinto puesto.

Tampoco fue un buen fin de semana para Carlos Sainz. En el día de su cumpleaños, el madrileño no pudo celebrar algo más como hubiera deseado, y tuvo que abandonar por problemas en el coche, si bien en la clasificación no pudo ni pasar a la Q3. Estos parones en medio de un periplo tan ambicioso como el que el español está comandando supone ser un auténtico suplicio. De haber finalizado quinto hoy en Spa, ya habría arrebatado a Pierre Gasly la sexta plaza en el Mundial de Pilotos.

¡Y pobre Verstappen! Lo de ayer en Bélgica trunca en bastante manera su lucha por arrebatar el segundo puesto a Valteri Bottas (203 puntos frente a los 181 del holandés). En cambio, beneficia un montón a Charles Leclerc, que, quinto ahora mismo (157 puntos) tiene más cerca al líder de Red Bull. En medio, no obstante, tiene a Vettel, que está cuarto, con 169 puntos. Esta distancia tan corta entre los pilotos, cerca del final de temporada, asegura una pelea total en las próximas carreras (excepto Hamilton, que está casi en otra galaxia con sus 268 puntos). Y afortunadamente podremos ver cómo avanza esta interesante serie este fin de semana en Monza (Italia), donde los márgenes de error es de lo último que a cualquiera de estos hombres se le pasará por la cabeza cometer. Que sí, que el final de esta temporada, dejando a Hamilton aparte, tiene pinta de ser apoteósico.

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