Tras la tormenta

'Aguamala. Cuatro días de lluvia en la ciudad de Nápoles a la espera de un suceso extraordinario' es una crónica ficticia de una inundación en la ciudad italiana.
Aguamala

Una inundación es uno de los desastres naturales que puede provocar mayores daños allí donde acontezca. Sin embargo, la magnitud de su destrucción es inabarcable cuando la lluvia se prolonga durante varios días. Entonces, las infraestructuras ceden y se produce el caos. Aguamala. Cuatro días de lluvia en la ciudad de Nápoles a la espera de un suceso extraordinario (Acantilado, 2022, con traducción al castellano de José Moreno) es una crónica ficticia de una inundación en la ciudad italiana.

Nicola Pugliese (1944-2012) no quiso que esta obra, publicada originalmente en 1977, aunque tuvo mucho éxito, se reeditara hasta que él muriera. Se trata de una novela coral donde se narra una lluvia incesante en Nápoles que provoca el derrumbamiento de edificios y la ruptura de calzadas, así como la aparición de fenómenos raros, como voces fantasmagóricas o la presencia de unas extrañas muñecas. Todas estas historias se concentran en torno al aguacero, que es el preludio de un acontecimiento que está por llegar y que es más importante.

Aguamala comienza con el personaje de Carlo Andreolli trabajando en la redacción de un periódico. Después de su jornada, se marcha a casa inquieto. Su desasosiego no se corresponde exactamente con el parte meteorológico, pero la consecución de la lluvia solo consigue intranquilizarlo más. El 23 de octubre es el primer día de lluvia. Esta comienza a las tres de la mañana y las primeras incidencias empiezan a reportarse a las siete. Debido a esta, se ha producido un socavón en una carretera donde hay gente atrapada. Intentan rescatarla, pero la lluvia no se detiene, arrecia con mayor o menor fuerza, y cuando está a punto de parar, vuelve a apretar.

En el segundo día, estos problemas se agravan, así como en el tercero y el cuarto. Los servicios de emergencias no dan abasto y las alcantarillas son incapaces de tragar tanta agua. La ciudad se convierte en un caos de tal magnitud que cambia la perspectiva de las cosas por parte de los ciudadanos, que pierden la fe en que la vida después de aquello vuelva a ser igual. Carlo Andreolli reconoce que la vida no es un sueño, aunque todos desean que esa tormenta sea en realidad una pesadilla. Además de Andreolli, aparecen personajes como el de Luisa Sorrentino, una joven deseosa de huir del hogar familiar y de vivir la vida para no quedarse condenada a ver cómo su cuerpo y sus carnes prietas, su juventud y sus deseos se marchitan y arrugan. Todo su cuerpo en decadencia se revela como la lluvia que cae sobre Nápoles.

Se trata de una historia de ritmo asfixiante debido a la forma en que está escrita, con párrafos y frases enormes sin puntos y aparte. También es una novela profundamente política, tema que se desarrolla a partir tanto del espacio como del elenco, en el ayuntamiento y los responsables municipales de la ciudad y de su mantenimiento y cuidado ante esta catástrofe. El narrador no específica el año en que sitúa la historia, pero menciona una visita del presidente estadounidense Gerald Ford al país, y este ocupó ese cargo entre 1974 y 1977, por lo que debió de ubicarla en ese periodo. Por la forma en que está escrita y la sobreabundancia de acciones aparentemente ornamentales, la obra se hace cuesta arriba con frecuencia y es difícil de digerir. El lector solo mantiene la fe en un final extraordinario, como reza el subtítulo, y si este no llega piensa que habrá sido una lectura infructuosa.

En Aguamala, la lluvia sirve como pretexto y eje en torno al cual giran las existencias que el narrador desarrolla y que tratan temas como el sentido de la vida, el amor, el hastío y tedio vital… Hace un retrato veraz de cómo las relaciones humanas y conyugales se diluyen en la monotonía de la rutina. También habla sobre cómo el tiempo pasa inexorable, la juventud desaparece y llega la vejez. Esta novela de Pugliese representa literal y metafóricamente el dicho de «tras la tormenta llega la calma» porque pese a toda la destrucción, los ciudadanos tienen la esperanza de que la lluvia cesará, el sol saldrá y la vida continuará.

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