Ada Sillero: “He intentado que mis personajes sean tan normales que cualquier persona pueda sentirse identificada con ellos” | Nostromo Magazine
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Ada Sillero: “He intentado que mis personajes sean tan normales que cualquier persona pueda sentirse identificada con ellos”

por Mario Guerrero

Penterafobia es «el miedo irracional y aversión a las suegras». Eso nos dice la narradora en Penterafobia, la nueva obra de Ada Sillero (Granada, 1970). La historia apenas dura dos días, y la narración nos va marcando las horas en que suceden los diferentes acontecimientos, pues se trata de una novela breve, con un ritmo rápido y de lectura ágil.

La protagonista, Rita, sufre penterafobia, es decir, siente aversión hacia su suegra, según el diagnóstico que le da su psiquiatra. Cuando conoció a Beltrán, su actual pareja, no se imaginaba que tras la muerte del padre de él se irían a vivir a casa de su madre para hacerle compañía. Seis años después, nuera y suegra discuten y no se soportan.

Por estas páginas, llenas de humor, el lector puede leer las ocurrencias de Alma (amiga de Rita) o las de Popelín, una voz que la protagonista oye en su interior como si de un diablillo se tratara. Además, los diálogos y la velocidad de los acontecimientos facilitan la comicidad.

Hay humor, pero también un mensaje muy importante: vive, quiérete, valórate y quien no te respete, échalo de tu lado. Sillero, a través del humor, pone sobre la mesa un tema vital y sin embargo ignorado a veces como es la salud mental y la importancia de abrirnos a recibir ayuda psicológica.

En octubre entrevistamos en Nostromo Magazine a Ada Sillero por su novela Regálame una sonrisa. Ahora hemos vuelto a hablar con ella sobre esta comedia sobre las relaciones familiares y las falsas apariencias, y este ha sido el resultado:

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Ada Sillero / Fotografía

¿Cómo decidiste que esta obra debía ir sobre la aversión a las suegras?

Lo decidí porque llevábamos un tiempo de problemas y de malas noticias con el coronavirus y ya era hora de poner una sonrisa en la cara de la gente. El tema de las suegras tiene algo innato que produce risas siempre. Meterte con una suegra o decir que tu suegra no te cae bien es un chiste que siempre funciona.

Hace mucho tiempo, jugando a un juego de mesa, salió una pregunta que decía: «¿Cómo se llama la aversión a las suegras?» Y la respuesta era «penterafobia». No sé por qué esa palabra se me quedó grabada. Ahora, quería escribir algo más alegre para que quien lo lea pase un buen rato con la lectura, lo recordé y decidí hacer algo relacionado con ello.

La obra empieza el 21 de febrero de 2020, poco antes de la declaración del estado de alarma en España. ¿La comenzaste a escribir entonces o durante el confinamiento?

La empecé a escribir durante el confinamiento, en abril o mayo de 2020. El 21 de febrero lo escogí porque es una fecha importante en mi vida. La quise hacer corta, diferente, ágil y que se leyese rápido, por eso toda la trama sucede en un día y cada capítulo es una hora de ese día.

¿Te has basado en una persona real para crear el personaje de la suegra?

Todos mis personajes tienen algo de real, de personas que he conocido. Rita tiene mucho de mí, de cosas que me pasaron. La suegra y Rita no existen ni están basadas literalmente en mi experiencia, pero tienen mucho de esas cosas que he conocido. He intentado que sean unos personajes tan normales que cualquier persona pueda sentirse identificada con ellos y piense: «Pues mi suegra también hace esto» o «Mi nuera también dice aquello».

¿Has consultado a psicólogos para hablar sobre la penterafobia? Porque la protagonista parece muy bien informada.

Sí. Cuando pienso en un posible argumento me gusta mucho dedicar un tiempo a documentarme sobre lo que voy a escribir, aunque luego utilice poca información, dependiendo de lo que necesite la novela. En este caso he hablado con psiquiatras y con un psicólogo sobre ese tema. Es un problema serio y real que puede pasar, pero en mi novela le he dado la vuelta con un toque de humor. Quería escribir sobre ello desde un punto de vista más cómico para que fuera menos dramático.

Son múltiples los chistes de hombres y suegras, pero poco se habla de las suegras de las mujeres.

Es verdad, el marido siempre es el que tiene que tragar con la suegra porque la mujer quiere mucho a su madre. Pero también pasa al contrario. Y eso sí me pasó a mí. Hay hombres que son muy “madreros” y solo miran por lo que dicen sus madres. Si a esto le sumas una relación que ya viene cojeando, pues… En la vida real, las suegras no siempre se comportan como lo hace Fina [la suegra de Penterafobia], pero es una novela y sale lo que yo quiero que aparezca. Aunque esté reflejada en la realidad, tú lo moldeas como quieres.

¿El humor ahora es más necesario que nunca?

El humor siempre es y será necesario. Una persona que tenga sentido del humor, que acepte bromas e incluso que las haga sobre sí misma siempre será más feliz que una que no lo tenga. Si sonríes a la vida, esta te sonreirá. No todo es bueno ni malo. Si miras las cosas por el lado malo siempre vas a ir renqueando, pero si tomas los problemas por la parte positiva, puede ser más llevadero, aunque no siempre es fácil hacerlo. Bastante tenemos ahora, no solamente con el coronavirus, sino con todos los problemas que nos hacen rompernos la cabeza. Tener humor es imprescindible para la felicidad. Una cara con una sonrisa siempre abre más puertas que una que no la tenga.

¿Crees que las obras de humor (literarias, teatrales, cinematográficas…) están peor consideradas que otras por el hecho de hacer reír al público?

Sí, se consideran obras menores, da igual que sea literatura o cine. Un actor cómico tiene que demostrar mucho más que un actor dramático. Parece que el cómico solo sirve para hacer reír, pero creo que tiene más registro que el que no ha hecho comedia. La comedia es muy difícil porque a todo el mundo no le hacen gracia las mismas cosas. Tienes que hacer humor sin que sea ridículo. Encontrar ese equilibrio es muy complicado.

Pasa igual con la literatura infantil. Parece que es más difícil escribir una novela de trescientas páginas que una de literatura infantil de quince páginas, pero es más difícil atraer la atención de un niño en la página de un libro que la de un adulto. Eduardo Mendoza es un genio, con ese sentido tan fino de la ironía que tiene. Hacer lo que él hace es dificilísimo. Hay quien dice: «Ah, eso es muy fácil hacerlo» o «Eso lo sé hacer yo». Que lean El tocador de señoras y a ver quién es capaz de reproducir eso. Nos cuesta mucho valorar el trabajo de los demás y siempre lo menospreciamos.

La protagonista no había contado nunca lo que le pasaba (la aversión a su suegra) por vergüenza. ¿Deberíamos abrirnos más como ella para decir lo que sentimos y pedir ayuda cuando lo necesitemos?

Por supuesto, pero cuesta mucho porque cuando tú tienes ese problema es porque no te has abierto. Y eso puede ser por miedo. El miedo lo corta todo. Para no tenerlo, debes decir en cada momento lo que piensas y no esperar a aborrecer o sentir asco por una persona para decirle lo que sientes, como hace Rita con su suegra. Cuando te avasallan, hay que decirlo. Sufrirás menos y llevarás una vida más o menos feliz. Si te callas ante todo lo que te hace daño o ante todo lo que consideras injusto, la persona se aprovecha de ese silencio. Antes de explotar hay que aprender a decir «hasta aquí hemos llegado».

Por último, Sillero nos recomienda El jardín de las brujas, de Carla Tahoces, que le ha gustado mucho. Ahora está leyendo Una buena chica, de Mary Kubica. Además, ha vuelto a La chica del tren, de Paula Hawkins, y a algunos relatos de Stephen King porque le gusta mucho releer aquello que le ha gustado o impactado. Ahora, nos confiesa Sillero, está inmersa en el montaje de un argumento sobre el maltrato psicológico. Quiere cambiar de género para la próxima obra que publique y así escribir una novela de intriga, pero no policíaca, recalca, porque no cree que sea capaz de saber desarrollarla.

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