La esperanza musical: la fábrica

Escrito por Rubén Pareja Ramírez

En esta vida hay que hacer sacrificios, y lo cierto es que a Nostromo Magazine hay que regarlo. Es como las plantas. Y, además, hay que enriquecerlo con nutrientes que lo mantengan vivo y que lo hagan más atractivo. Hay que salir ahí afuera, de vez en cuando, a cubrir cosas…

El pasado domingo, en pleno Día de la Madre, se celebraba Los 40 Primavera Pop. Este, al parecer, es ya un popular evento que lleva haciéndose varios años en Málaga y en otras partes de España también. Si bien es gratuito, hay que acudir con una invitación, que consigues guardando cola en numerosos puntos de la ciudad. Una amiga nos dijo de ir y que ella trataría de conseguirnos entradas a mí y a otro amiguete, pero no pudo ser. Agotadas en todas partes y yo sin ninguna entrada, las esperanzas de ir a aquello eran nulas. Lo cierto es que no me arrastraba tampoco por ir allí, pero, viendo que habían cantantes que valdrían la pena y que era gratis, no estaría mal asistir. Y también pensé en hacer una crónica para los queridos nostromeros.

Otra amiga me consiguió una invitación, por lo que pude acudir al final. La cola a las 17:30 es inmensa, pero va avanzando. Algunos grupos de gente no quieren desperdiciar ni un minuto y ya están haciendo botellón mientras esperan. ¿Desde cuándo llevarán ahí? Ves pasar a algunos engendros de cuando el instituto a los que no te agrada mucho ver, y menos cuando sospechas que no han cambiado mucho en estos años. A las 18:20, entramos a la zona de las gradas. Nada más entrar, mientras se espera hasta las 19:00 para que arranque el concierto, tengo que aguantar «Felices los cuatro». Una angustia penetra por mi cuerpo, que me hace pensar si durante todo el concierto voy a tener que aguantar cosas así. «Todavía me marcho», pienso…

Los 40 Primavera Pop me ha demostrado que la música pop, en la época en que estamos, sigue teniendo su mismo encanto. Hubo muy buenos artistas que, por desgracia, me parecen eclipsados por el reggaetón y que no tienen el protagonismo que deberían. De esto último hubo también, cómo no, un amplio repertorio, que hubo que tragarse durante varios minutos.

El ambiente es espectacular aquí. Todo tranquilo. De fondo, el gigantesco escenario, con carteles publicitarios de marcas y de Los 40 y con tres grandes monitores. Entre la zona de las gradas y la de la pista han puesto un muro de Berlín que no se puede atravesar para nada. ¡Dios! Cuantas horas de pie les esperan. Pero también tienen un amplio bar, con una alfombra negra con el logo de la emisora y con azafatas y tal. De todos modos, a pesar de que esté prohibido bajar a la pista, otra amiga (¡qué sorpresa! Es la que nos propuso ir al principio) ha conseguido colarse desde las gradas hasta allí para ver a Scott Helman…

«Mi gente», de J. Balwin, es una prueba para mantener la paciencia. Este y otros temas reggaetoneros convirtieron el Auditorio de Málaga, por unos instantes, en un auténtico calvario.

«Felices los cuatro», de Maluma, o «Mi gente», de J. Balvin, mientras empieza esto. Un auténtico «Panorama para matar»…

«Viajeros del vuelo ele L-O-S 40, prepárense, que despegamos», anuncian por las pantallas a las 19:22 y nos hacen sentir en un avión… La primera en actuar es Laura Durand que, junto a unas bailarinas, dio un buen arranque. Su actuación es divertida. Es alegre, incita a bailar y eso se agradece. Alguna gente acaba de llegar ahora. Esta muchacha tiene estilo, sin duda, aunque el «oh, oh, oh», que han usado artistas como Beyoncé en «I’m a single lady», ya está algo gastado…

Tras la presentación de Tony Aguilar, llega Kyle. Por favor. Este electrolatino ya es monótono, aunque, no sé por qué, ahora mismo no resulta tan vomitivo. ¡Ah! ¡Ahora entiendo! Es porque no he escuchado aún la segunda canción, que ya sí que me resulta insufrible. «Yo no soy Romeo», o algo así dice. Es lo que tienen estas canciones, que no se entiende la letra para nada. ¡Encima, los presentadores le piden aplausos y todo!

En este momento, el Mesías del Auditorio fue Maico. Este grupo mallorquín trajo música de verdad. Música pop, de toda la vida. Y después viene el dúo Reyko. El tema que traerían está claro: «Spinning over you» o, como algunos la conocen, «la canción de El Corte Inglés». Y es que, a principios de año, disfrutamos a tope la campaña de las rebajas de los grandes almacenes con este divertido tema, a pesar de que ya llevaba medio año de vida en ese momento y de que su ritmo se parece al reggaetonero, pero que va más allá. La gente ni se inmuta con la canción, en realidad…

La reacción tendría lugar cuando, al estos irse, el presentador anunciaba a Aitana y a Ana Guerra, pero, evidentemente, a estas dos todavía les quedaba un poco. Llega Scott Helman, otro de los buenos artistas de este espectáculo. Y, después, llegó Blas Cantó. Con este tío, daban ganas ya de coger una tabla de surf y subirse encima. Más que nada, porque estábamos en la cresta de la ola en ese momento. Otra de las grandes actuaciones, que te mantenían muy entretenido, como debe ser cuando estás un rato en un auditorio sentado.

Las coreografías, entre algunos números, de DFLOW fueron otro punto bueno de Los 40 Primavera Pop. Luego vino Ana Mena, con «Mentira». Es bueno de escuchar este tema. No está tan mal, aunque es evidente el estilo reggaetonero, al que que muchos se venden fácilmente para tener éxito.

«¡¡Ahora nos vamos a México!!», dice el presentador. Esto se debía a la llegada de Sofía Reyes, que es de ese país. Los gritos de la gente son ensordecedores… Demasiado, diría yo. Y, bueno, el primer tema, «Muévelo bien», no está mal. Pero el siguiente, reggaetonero hasta los topes, ya rompió con todo lo bueno. La liebre, evidentemente, tenía que saltar por algún lado. No me pillaba desprevenido. Y la gente, en su mayoría chicas, ahí están, de pie, bailando y todo…

Recta final: panorama para matar
El título de esta mediocre peli de James Bond (A view to a kill) viene a la recta final del concierto como anillo al dedo. A partir de aquí, el panorama incitaba a cualquiera a lo peor. Como diría el gran Josué Yrión, «agárrate, porque ahora te vas a caer de la silla». David La Fuente llegó, con reggaetón a lo bestia. Empieza a cantar algo así como «Tú te vas y me dejas aquí solito». Temo porque el alma de Jack Torrance se apodere de alguien en el Auditorio. Mis neuronas se obstruyen y, así, el futuro de la música se considera negro. Gracias a Dios que la variedad que se ha escuchado aquí demuestra lo contrario. Y este hombre, tras terminar, nos pregunta que «si estamos disfrutando». Hasta hace un par de actuaciones estaba disfrutando, sí…

¿Cómo pueden todos bailar y cantar tanto, al ritmo de esto? Con razón lo dejan para el final, porque, al fin y al cabo, es lo que tiene enganchada a la gente. Son las 21:16. Los escalones de cemento de las gradas del Auditorio vibran con los saltos. ¿A que se cargan esto? El artista termina y la gente empieza a aplaudir.

Aquello me recordó a un episodio de Los Simpson en el que Marge llama a una experta para que la ayude a dejar de sobreproteger a Maggie. Cuando esta hace una cosa, que ahora no recuerdo, Marge la aplaude. Y, entonces, la señora le dice «¡No haga eso! ¡Está reforzando una actitud negativa!» o algo así. Aquí ocurre igual. Venga a aplaudir. Claro, así el tío continúa. «Quiero rayos de sol, tumbados en la arena...». Este tema, que ya estaba enterrado (gracias a Dios) en el olvido, resucitó como zombi que emerge de su tumba. «Mamita loca, cosita rica, cuando te mueves, tu eres muy linda…» ¿No se supone que estas palabras denigran a la mujer, incitan al acoso y que, por tanto, hay que dejar de fomentarlo? Dios mío. ¿Dónde está el antídoto? Esto, en toda regla, es una tortura.

Por suerte, traen el mítico «Tiburón», que ameniza el ambiente. Digamos que es una bocanada de aire para volver a hundir la cabeza en el agua. Este hombre por fin se va y se anuncia que Belinda no va a poder actuar con Juan Magán debido a una indisposición. Cuando el presentador pide un aplauso para ella, el ruido es más ensordecedor que en el Martín Carpena, cuando piden ruido para animar al Unicaja.

Ahora le toca el turno a Aitana y Ana Guerra. El jaleo anterior se queda corto. La fiebre de OT ha vuelto, y ello demuestra que la TV conserva su protagonismo, a pesar de la llegada de Internet y de la televisión a la carta. Pero esto, aunque español, sigue siendo reggaetón… Buena cosa ha traído TVE, que últimamente no acierta demasiado. «Lo malo» provoca una constelación de móviles encendidos en todo el Auditorio.

Son las 21:47. El concierto acabará a las 11, pero yo me voy ya mismo. Llega Juan Magán y la gente le aplaude de nuevo eufóricamente. Con lo bien que esto ha empezado y mira cómo está acabando… Con los ya casposos «Quiero bailar contigo» y con el «La vi bailando por ahí», el Auditorio parece, una vez más, un cementerio en el que los zombis cobran vida. También podría parecer una máquina del tiempo ante tal viaje al pasado. Pero, para eso, pongamos temas de buenos artistas.

Aún queda la fantástica actuación de Efecto Pasillo, que me pierdo, al tener que marcharme antes. Lo siento por Julia, que es un amor y también quien me consiguió una entrada para esto. A ella les gustaría verlos. Pero irse a las once, puesto que mañana es lunes, que queda un paseo y que aún no he cenado, es demasiado tarde para regresar a casa, visto el percal. Ella, para no volver luego sola, se viene conmigo y con otro colega suyo.

Este artículo refleja solo mi opinión. No soy ningún experto en música, ¿vale? También dejo claro que ninguno de estos grupos a los que he elogiado me gustan. Es decir, no los he conocido hasta hoy. Por eso, no es plan de aparentar ser fan cuando no lo soy. Eso es de hipócritas. Ahora bien. El buen estilo que ha demostrado cada uno de ellos transmite una fantástica sensación al oído. De ahí que los elogie. A mi no me gustan las canciones lentas, como las de Scott. Pero hay que reconocer que lo hace bien.

Un trabajo y un ritmo y melodía adecuados provocan una alegría que hace que se disfrute lo que se escucha, aunque luego en casa ni los pongas. De ahí el aprobado a una cosa… y el suspenso a otra. O sea, una base ensordecedora, sincopada, monótona y que, con el paso del tiempo, se nutre cada vez más de sí misma. Coloniza el panorama musical hasta tal punto que estos otros artistas tienen menos presencia, qué demonios.

Los 40 Primavera Pop ha sido una buena experiencia, por lo general. De todos modos, la intención ha sido buena: hacer que la gente pase una agradable tarde primaveral al aire libre y en buena compañía. Pero, para ello, hay que contribuir con buena música y, con lo de hoy, se ha demostrado que se puede. Los 40 Principales, como mítica emisora de la música pop, ha de apoyar siempre este género, transmitirlo y salvarlo del ocelote reggaetonero que acecha y amenaza el bonito ecosistema musical.

Y, a propósito. Allí pude conocer la que creo que será la canción de este verano, «El anillo», de Jennifer López. Aunque no es reggaetón y, por tanto, resulta agradable, algunos lo han criticado por ser un plagio a Beyoncé. Y yo digo que tanto erotismo en el videoclip y en la letra de la canción resulta empalagoso.