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‘Madre’: Una continuación del corto que no es todo lo magnífica que debería

por Jorge Caracuel Suero

Madre es uno de los mejores cortometrajes que se han filmado recientemente en España y su autor no era otro que Rodrigo Sorogoyen, quien parece que no estaba dispuesto a cometer ningún error en su carrera. Adaptar la brillante Madre no era una tarea en absoluto sencilla y el director se arriesgaba a no estar a la altura, algo que en cierta manera ocurre y es que la cinta podría entenderse sin la existencia del cortometraje.

La cinta es una continuación de lo sucedido en el cortometraje, donde Elena (Marta Nieto) perdió a su hijo Iván, de seis años, en una playa de Francia. Ahora, Elena vive en esa playa y está empezando a ver poco a poco la luz en ese oscuro túnel donde ha permanecido anclada todo este tiempo.

Madre sirve, en primer lugar, para poder disfrutar de una excelente Marta Nieto, una madre coraje que se sirve de pequeños y delicados gestos para indicar su tristeza y su lucha. Si este año no se lleva el Goya, probablemente sería una de las mayores injusticias cometidas en estos premios. La cinta nos da la oportunidad de conocer mejor a Elena y de profundizar en su comportamiento, en sus gestos y, en definitiva, de hacer un viaje exploratorio a su exterior.

Sorogoyen ha decidido comenzar la película con el cortometraje íntegro, algo que si bien se agradece por disfrutar en la gran pantalla del mismo, también es un alma de doble filo: que lo mejor del film sea algo que ya habíamos visto hace dos años y medio dice mucho del último trabajo del director madrileño. El cortometraje era tan perfecto que era casi imposible relatar una historia que estuviera a su nivel. Justo después de esos primeros minutos de la cinta, la acción salta diez años en el futuro y se muestra a Elena viviendo en Francia, donde su hijo desapareció, muerta por dentro. A través de unos movimientos de cámara lentos y desorientados, podemos ver cómo la vida ha maltratado a una Elena que poco tiene que ver con la que observamos al principio de la cinta.

El cineasta cambia de registro, pasando de mostrar un thriller a un drama interior, que se centra íntegramente en Elena y en la relación que establece con el joven Jean (Jules Porier). Y ahí es donde radica su principal problema. Mientras que el corto mostraba una realidad totalmente sincera, en el largometraje, algunas relaciones tienen un punto de artificialidad, lo que hace que sea muy difícil conectar con ella. Mientras que sí se entiende el vínculo que Elena establece con Jean por recordarle a su hijo, no se comprende esa unión por parte de Jean hacia Elena.

Madre quiere profundizar tanto en la relación de Jean con Elena que ni siquiera se plantea a dar respuestas al destino de Iván, el hijo desaparecido. A muchos nos hubiera gustado saber que pasó justo después del final del cortometraje, cómo se resolvió todo. Este era uno de los principales alicientes del largometraje y se obvia por completo. Al menos, Sorogoyen ofrece una impecable escena donde Elena se reúne con Ramón, padre de Iván, la que sin duda es la mejor del filme.

Es innegable que Madre construye gracias a sus movimientos de cámara y a su fotografía un aura intimista y absolutamente demoledora en una película resplandecientemente turbia, pero se esperaba mucho más de una cinta que resulta ser una obra menor del cineasta. Es una película interesante para profundizar en el dolor de una pérdida tan vital y cómo esta repercute en nuestro comportamiento, pero no es digna de ese cortometraje que dejó con la boca abierta a todos en 2017.

Valoración: 3/5

Lo mejor: Marta Nieto, quien se merece todos los premios del año por su interpretación

Lo peor: Su radical cambio de tono y que podría haber funcionado mejor si se hubiera planteado como cinta independiente que como continuación del corto

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