MUAC Fest 2025: dos días para bailar entre generaciones

Armilla volvió a convertirse en punto de encuentro de la música popular con un cartel que cruzó urbano, pop, rock e indie y reivindicó, además, el talento granadino
Foto: Muac Fest

El MUAC Fest regresó a Armilla los días 26 y 27 de septiembre con una segunda edición que confirmó la vocación del festival por mezclar nombres consolidados, artistas emergentes y una experiencia que va más allá del escenario. Durante dos jornadas, el recinto municipal se transformó en un espacio de celebración colectiva donde convivieron la nostalgia pop-rock, los sonidos urbanos y el nuevo pop nacional. Pepe y Vizio, Ruslana, Lérica, Pignoise, Abraham Mateo, Álvaro de Luna o Nil Moliner pusieron música a un fin de semana que encontró en la diversidad de públicos su principal argumento.

Un festival que ya sabe qué quiere ser

Hay festivales que se construyen alrededor de un gran nombre y otros que prefieren convertir el cartel en un paisaje. El MUAC parece pertenecer a la segunda categoría. En su segunda edición, celebrada en Armilla, la propuesta volvió a apostar por una programación transversal, pensada para que distintas generaciones pudieran reconocerse en algún momento de las dos jornadas.

La fórmula no era nueva, pero sí estaba más afinada que en su estreno. El festival había reunido a más de 20.000 personas en su primera edición y regresaba en 2025 con la intención de consolidarse dentro del calendario musical granadino.

La tarde del viernes 26 abrió el recinto de manera progresiva, con artistas jóvenes como Nashira, Josito, Niko Rosé, Lérica o Ruslana tomando el pulso a un público que todavía tenía muchas horas por delante. La programación avanzó desde el pop y las nuevas voces hacia territorios más urbanos, con Antony Z, Daniela Blasco, Vera GRV y Carla Frigo preparando el terreno para uno de los momentos más esperados de la jornada. Los horarios situaron a Lérica a las 17:10, Ruslana a las 18:30 y Pepe y Vizio pasada la medianoche.

Y si había un concierto con una responsabilidad especial, era precisamente el de Pepe y Vizio. Jugar en casa siempre añade una capa de emoción, pero hacerlo además después de la publicación de Puchero, un disco que conecta el universo del dúo granadino con nombres como Dellafuente o Delaossa, convertía su actuación en uno de los acontecimientos naturales del festival. El público respondió a la cercanía y al repertorio de los granadinos, que terminaron convirtiendo el recinto en una celebración compartida.

Del pop adolescente al rock de siempre

El sábado cambió el ritmo sin romper la identidad del festival. Polo Nández y Enol abrieron una jornada que tenía en Pignoise uno de sus primeros grandes puntos de encuentro. La banda consiguió algo que no siempre resulta sencillo en un cartel dominado por artistas de generaciones más jóvenes: convertir la memoria en presente.

Temas conocidos por varias generaciones convivieron con canciones más recientes como “Celos”, demostrando que el repertorio de Pignoise conserva una capacidad inmediata para activar la memoria colectiva.

Después llegó Bombai, que aportó una dosis de pop luminoso y despreocupado. Canciones como “Tú me has cambiado” y “Solo si es contigo” encontraron un público dispuesto a cantar y bailar, en una jornada que precisamente funcionó mejor cuando dejó de preocuparse por las fronteras entre estilos.

Pero el sábado todavía guardaba sus grandes nombres. Abraham Mateo fue uno de los grandes protagonistas de la noche y llevó al escenario una mezcla de pop, baile y grandes éxitos que alcanzó uno de sus momentos más celebrados con “Señorita”, interpretada además con una camiseta del Granada CF, un gesto que conectó directamente al artista con el público local. “Clavaíto” y “Maniaca” completaron un repertorio diseñado para el impacto inmediato.

K!ngdom tomó después el relevo con su pop electrónico, antes de que Álvaro de Luna y Nil Moliner afrontaran el tramo final. El primero aportó intensidad y músculo pop; el segundo cerró el festival desde un lugar aparentemente más sencillo: canciones reconocibles, melodías abiertas y una relación directa con el público. Su “buenrollismo”, como recogieron las crónicas posteriores, terminó funcionando como resumen emocional de las dos jornadas.

Música, pero también experiencia

Una de las señas de identidad del MUAC es precisamente su voluntad de no limitarse al concierto. El festival volvió a incorporar espacios gastronómicos, puestos de tatuajes, zonas de interacción y otros elementos destinados a convertir el recinto en un lugar donde permanecer y no únicamente en un espacio de tránsito entre actuaciones. La organización había planteado desde su primera edición un modelo en el que la música fuese el eje de una experiencia más amplia.

En 2025 esa idea se amplió con Muactronic, una propuesta electrónica destinada a prolongar la noche después de los conciertos principales. El viernes, Baluster puso música a la madrugada dentro de este espacio, mientras que el sábado la programación electrónica corrió a cargo de Sun&Snow. A ello se sumaron las afterparties oficiales, prolongando la actividad del festival más allá de los horarios de los escenarios principales.

Ese planteamiento explica también la heterogeneidad del público. En el mismo recinto podían coincidir quienes habían acudido por Pepe y Vizio, quienes esperaban a Ruslana o Abraham Mateo y quienes habían crecido escuchando a Pignoise. El MUAC no necesitó resolver esas diferencias: las convirtió en parte de su identidad.

Armilla como escenario musical

Más allá de los nombres del cartel, la segunda edición dejó otra lectura: la consolidación de Armilla como escenario para una programación musical de gran formato dentro del área metropolitana de Granada. El festival regresó al municipio después de una primera edición que superó los 20.000 asistentes y volvió a utilizar el Campo Municipal como punto de encuentro.

La apuesta por artistas granadinos también fue significativa. Pepe y Vizio y Antony Z no aparecían como simples nombres locales dentro de un cartel nacional, sino como parte de la identidad del propio festival. Esa conexión con el territorio ayudó a que el MUAC no se sintiera como un evento itinerante trasladado a Granada, sino como una cita que quiere construir una relación propia con la ciudad y su escena.

Dos días después de abrir sus puertas, el MUAC Fest 2025 había cumplido buena parte de su propósito: reunir públicos distintos alrededor de una idea sencilla de festival. Música popular, artistas emergentes, nombres consolidados, baile, nostalgia y descubrimiento. Sin grandes discursos sobre géneros ni generaciones, Armilla volvió a demostrar que la música puede ser también un lugar común.

Y, quizá, ahí esté la verdadera personalidad del MUAC: no pedirle al público que elija entre pasado y presente, entre pop y urbano, entre canción y fiesta. Simplemente ponerlos juntos y dejar que sean las canciones las que hagan el resto

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