Nadie puede permanecer oculto por completo

La amistad consiste en actuar como si todo fuera bien. Eso piensa el protagonista de Arena (Tusquets, 2020). Bruno, que también es el narrador, es un joven atormentado que vive el verano tórrido del sur junto a su grupo de amigos. Se interna en alguna aventura y, sobre todo, se relaciona con chicas. Sin embargo, conforme se desarrolla la historia, el lector descubre una trama oculta tras esa visión aparentemente espléndida de la juventud.

Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1973) ha escrito una novela donde la playa, las motos y la música giran en torno a un singular grupo de amigos. Oeste, que forma parte del Comité de Dirección del Festival de Cine de Málaga, sitúa esta novela en el barrio de Pedregalejo. De fondo, la historia transcurre como una canción de Los Planetas. «La luz cegadora del sur», como dice el texto de la contracubierta, protagoniza un verano inacabable donde las pieles no pueden despegarse de la inevitable fuerza de los recuerdos.

La novela se mueve con un ritmo pausado y a través de párrafos breves y espaciados que le dan agilidad. Las frases telegráficas y lacónicas son dardos directos al lector, que puede sentir las punzadas de dolor de Bruno. La fiebre de los recuerdos y la carnalidad lo sumen en un desconcierto que el verano contribuye a nublar aún más. El autor utiliza un registro local para dar verosimilitud a unos personajes que se mueven entre andamiajes llenos de una arena que se mete en los ojos para entorpecer la visión del presente en favor del pasado.

Portada ‘Arena’ / Miguel Ángel Oeste

La memoria arrastra a algunos personajes a determinados lugares donde aún quedan trazas de recuerdos irreconocibles. En esta novela, el lector presencia la búsqueda constante de acción y de estímulos nuevos propios de la juventud. Bruno también los busca para mantener la mente ocupada y, así, no volver al pasado.

El autor desvela con el paso de las páginas los entresijos familiares de Bruno mientras este se introduce en una corriente húmeda de alcohol y sudor. Gotas, todas ellas, que forman las palabras de esta novela. Pedalear, al final, es el único remedio para combatir el picor, el dolor y la lentitud. Cuando Arena se desprende de su disfraz queda a la vista una historia sórdida y cruda que alterna el presente con recuerdos duros del pasado. La condena de pensar siempre, de pensar demasiado.

Oeste hace en esta novela un análisis de la memoria y de los lugares más inhóspitos que esta encierra. Asimismo, realiza una disección intermitente de un pasado lleno de lagunas y un presente donde el velo de la juventud y el verano cubren las impurezas de las relaciones paterno-filiales, el dolor y las heridas.

Además de la propia introspección de Bruno, en Arena hay un nudo, enigmas, silencios difíciles de descifrar y personajes escurridizos como Albor o Falete. También se pone en valor la amistad y recrea escenas de su infancia en las que el lector advierte heridas candentes. Son secretos velados que tienen un nombre y que encadenan a un cuerpo, el de Bruno, para siempre.

La vida son toneladas de arena en los ojos que nos impiden ver y que solo nos dejan recordar. Sin embargo, nadie puede permanecer oculto por completo. Al final, Bruno solo anhela que la arena no sea borrada ni de sus ojos ni de su casa.

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